La misión del Cristiano

Antes de empezar, tenemos que entender el significado de “misión” y de las ramificaciones que de ello desprende, de lo contrario no podremos comprender a plenitud el llamado que Dios hace a nuestras vidas.

Literalmente misión viene del latín “missio y - ōnis (enviar y deber)” y significa: “Poder, facultad que se da a alguien de ir a desempeñar algún cometido.” (Real academia Española). En otras palabras podemos decir que “misión” es: alcanzar un ideal y trasmitirlo con una verdadera devoción, creyendo a profundidad que lo que compartimos al ser enviados, es la misma realidad que vivimos a diario.

Esto lógicamente no es nada fácil, ya qué, nos encontramos con una gran variedad de oposiciones al mensaje que queremos transmitir y en ciertas ocasiones esto se convierte en dolor, angustia, sufrimiento y en muchos casos la misma muerte. (Apostolado del seglar # 4 párrafo 6)

Podemos ver un claro ejemplo en Martin Luther King Jr., siendo un misionero del amor y la unidad, su sueño fue el de compartir lo que él vivía y su misión se convirtió en la misma experiencia de dolor, persecución, encarcelamiento y luego de muerte, por el hecho que creer en que la sociedad podía dar un cambio rotundo a la unidad del hombre sin las barreras del color de la piel e inclusive de la fe que se profesaba.

El mismo Señor Jesucristo fue un vivo ejemplo del verdadero misionero; él entendió el plan de Dios y atendiendo a ese llamado, pudo despojarse de su igualdad con Dios para hacerse semejante a los hombres y poder de esa manera comprender el mismo dolor y sufrimiento que al hombre aqueja, dándose a sí mismo en el amor y la caridad. (Apostolado del seglar # 8 párrafo 1)

Ciertamente todos los creyentes lo sabemos muy bien, que, Cristo no vivió una vida cómoda (Lc 9: 58), como muchos de nosotros hoy día y más sin embargo, eso no le impidió cumplir con ese mandato de ir y compartir con ejemplo la acción de ese Verbo entre nosotros, sufriendo las criticas, sufriendo su Pasión, Muerte y como recompensa la vida eterna en su Resurrección. (Dignitatis Humanae #14 párrafo 3)

Hoy día tenemos que darnos cuenta que la tarea del cristiano no es la de simplemente quedarnos cómodos en nuestras comunidades, dejando que el mundo venga a nosotros, si no que ir nosotros al mundo, a trasmitir ese mensaje de poder, aceptando el reto del Evangelio de “Id por todas las naciones y predicar la Buena Nueva” Mt 28:19ss.

Es que se nos hace tan fácil simplemente venir a lo que ya existe, en donde otros ya sufrieron persecuciones y derrame de lágrimas, en donde se ve una mesa bonita y lista para que nos sentemos solamente a comer, sin darnos cuenta que hay gente haya afuera que también desea compartir con nosotros de las migajas que caen de todas aquellas delicias que cómodamente compartimos. (Apostolado del seglar # 8 párrafo 3)

Es por ello que nuestra bendita Iglesia ha sido por siempre una Iglesia misionera en medio de todas las cosas y trapitos que nos quieran sacar a la luz, nunca podrán negar que hemos sido la Iglesia que más mártires hemos dado al mundo. Gente que puso en acción ese llamado a evangelizar y no a vivir en el calentamiento de manos, entre aplausos vagos y gritos de victoria cuando se vive en derrota, sintiéndose que son indignos de salir de casa y dejarlo todo, para que el hambriento tenga alimento y el desnudo su ropa. (Apostolado del seglar # 10 párrafo 2)

Claro que esto depende de nuestra unión con Cristo, pues él es la cabeza que nos dirige y que nos comparte con viva experiencia la fecundidad del verdadero misionero, pues sin esa unidad, nunca podremos realizar con exactitud ese llamado a ser parte integral del Evangelio, y a su vez también llamados a ser los nuevos mártires de la fe. (Apostolado del seglar # 4)

En el amor de Cristo

René Alvarado

SB 1070

Siempre hemos sido perseguidos

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Queridos hermanos de mi corazón: Que el amor y la paz de Cristo Jesús nuestro único y verdadero Señor y Salvador esté siempre con ustedes y que nuestra Madre María, los cubra con su manto santo, todos los días de sus vidas.

En estos días hemos escuchado sobre la terrible ley anti inmigrante y ciertamente racista “SB 1070”, la cual perseguirá a toda persona que por su sola apariencia, se denuncie así misma indocumentada.

Los que apoyan dicha ley, exponen que la misma llena un vacío dejado por el gobierno federal al no proteger nuestras fronteras y por lo tanto deben de tomar la “justicia” por sus propias manos. Esto me recuerda el tsunami que arrasó con varias islas en el 2001, los oleajes se vinieron sobre ricos vacacionistas y sobre los pobres pobladores, sin discriminación por quien era o no era. Lo mismo sucede con esta ley, arrasa con todos sin importar si son o no son indocumentados, consiguiendo con ello la desesperación de la población que aunque tenga sus documentos en orden, se sienten perseguidos por el simple hecho del color de su piel. Por otro lado están los que se oponen a ella. Estos dicen que es discriminatoria y que va en contra de los principios de este país a aceptar a todo inmigrante.

Pienso que esa es la triste historia de la humanidad, siempre andamos echándole la culpa a otros de nuestros fracasos y equivocaciones. Miremos por ejemplo allá en el mismo Paraíso: Al verse Adán descubierto, culpó a la mujer que le habían dado y esta a su vez a la serpiente y creo que la serpiente empezó a buscar a un caracol o lagartija para echarle la culpa.

En el desierto, los israelitas culparon a Moisés por haberlos sacado de su “comodidad”, en donde aunque fueran esclavos, decían: “comíamos carne”. En el Nuevo Testamento vemos a aquellos apóstoles que reprendieron a un hombre por echar demonios en el nombre de Jesús, acusándolo de no “pertenecer” a nosotros (Mc 9: 38).

Durante la segunda guerra mundial, Hitler y sus secuaces, acecinaron a millones de judíos entre los que se contaban bebitos, niños, mujeres y ancianos, a los cuales se les acusaba de ser los causantes del deterioro del país. En México a principios del siglo pasado, se persiguió, se maltrató y se asesinó a gente que proclamaba su fe. Aun en muchos países orientales, se persigue a creyentes cristianos que profesan su fe aun a escondidas y cuando los encuentran, los torturan y los matan.

Aquí mismo en los Estados Unidos, la discriminación siempre ha existido, desde los inicios de esta gran nación. Cuando vinieron los primeros colonos, trataron a los nativos como gente de segunda clase, expulsándolos de sus territorios, dándoles muerte a miles de ellos. Hay que recordar también cuando vinieron los primeros inmigrantes irlandeses, fueron perseguidos, evitándoles el derecho a la vivienda, al trabajo y a hacerse parte de la sociedad. Sin olvidar por supuesto a los afroamericanos que vinieron vendidos como esclavos, sacados de sus países y traídos a este continente como animales amontonados en barcos en los que la inmundicia creadora de bacteria mataba tanto a hombres, mujeres y niños.

Esto es lo que el hombre hace cuando sin respeto se aleja del amor de Dios en sus vidas. Cuando en su corazón existe nada más que codicias y cuando en su corazón existe el odio y la falta de entendimiento por las circunstancias que le rodean. Siempre se señala, siempre apuntamos con el dedo índice, sin darnos cuenta que tres de nuestros dedos apuntan a nosotros.

En nuestros propios hogares perseguimos y maltratamos; en ellos damos muerte a nuestros cónyuges, a nuestros hijos y a todos cuanto se opongan a nuestra ley, y claro no hablamos de una muerte física que lógicamente existe y es latente, pero más bien, matamos lentamente el espíritu de aquellos a los que juramos un día proteger.

Es triste ver que a través de los siglos el hombre no cambia, que siempre es la misma rutina y lo mismo sucede aquí en este país. Hoy escuchamos sobre la SB 1070 en Arizona, sin olvidarnos por supuesto la “187” en California y así podemos mencionar muchas otras que persiguen y que matan la dignidad del ser humano como creatura de Dios.

¿Qué podemos hacer? Pues simple y sencillamente, unirnos para combatir estas atrocidades, pero no con marchas presentando banderas latinoamericanas y pancartas en español, más bien, haciéndonos ciudadanos y votando por gente que realmente nos represente, llamando a nuestros congresistas, escribiendo a nuestros representantes y sobre todo y creo lo más importante, educándonos, enseñándoles a nuestros hijos la importancia de invertir en nuestra educación e insistiéndoles a involucrarse en toda actividad socio-político para el bienestar de toda una nación en común.

Recordemos que no luchamos simplemente por un documento para nuestra comunidad, luchamos para que la dignidad del hombre y de la mujer y por qué no decirlo de los niños, sea restablecida y que juntos, todas las familias, sin importar raza o color, podamos un día vivir en completa armonía para el bien de todos.

No vivamos simplemente quejándonos de lo que nos sucede. Al contrario, debemos de ponernos en acción para ir a la montaña y no dejar que esta se desplome sobre nuestras cabezas. Ya es hora que despertemos de una sola vez y que actuemos sí, pero con inteligencia, para que la justicia se haga realidad, empezando desde nuestro propio hogar, hasta los confines de la sociedad.

Que el amor de Cristo nunca te desampare.

René Alvarado

El Espíritu de Dios se movía sobre las aguas Gén 1: 1-2

 

René Alvarado renealvarado@elpoderdedios.org

En el libro del Génesis encontramos algo muy interesante: “En el principio, cuando Dios creó los cielos y la tierra, todo era confusión y no había nada en la tierra. Las tinieblas cubrían los abismos mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas.” ¿Por qué empezamos el texto de la Biblia con Gén 1 y verso 1? Porque ese es el tema de toda la Biblia. En él descubrimos que Dios es primero que nada Espíritu y creador y ante todo que él siempre ha sido, es y será un Dios que está en constante movimiento.

En este principio nos damos cuenta que la tierra y el universo se encuentra de caos (de la palabra hebrea: Tohu vabohu) y en necesidad de orden. Este orden se realiza en el momento en el que Dios, que está en constante movimiento, empieza a realizar su obra, ordenando todo y cuanto hay sobre el universo.

Para esto Dios se usa de su Espíritu (Ruah en hebreo para decir viento o espíritu, el viento de Dios), Es solamente por medio de ese Espíritu en el que el precepto viene a ser realidad en el universo entero. Si no hay Espíritu, no puede haber orden y a través de toda la historia de la humanidad, Dios ha manifestado su deseo de orden.

En el Génesis vemos las siguientes afirmaciones teológicas: 1- Dios único, 2- todo poderoso 3- soberano, 4- rey total de toda creación.

En la teología Bíblica se usa la palabra Shalom (palabra hebrea que significa paz o armonía, siendo su raíz lingüística le-shalem, que significa completar, retribuir, pagar, compensar), que es el lugar en donde todo funciona en armonía, tal y como Dios los creó. El edén es lugar en donde Dios reina y en donde puso al hombre como su pertenencia, para alabar a Dios (abad=mayordomo), para que sea partícipe del mantenimiento de Shalom. Este es el principio bíblico humano, que nos dice que Dios es creador, siendo su creación por separación y Shalom.

Dios nos creo para que fuéramos partícipes de la creación, es decir que en el momento en el que Dios sopló su aliento de vida (Espíritu de amor), no solamente se nos dio vida en un universo perfecto, sino que a su vez nos hizo colaboradores de ese mismo proceso y encima nos convertimos en los manejadores de la creación.

Pero que ha sucedido; ¿Por qué no vivimos en ese Shalom?; ¿Qué ha destruido la creación de Dios? Podemos dar muchas respuestas y estas muy lógicas, pero la más común es la de hacer responsable al Diablo por el desorden y caos que el hombre vive desde el instante en el que se separó del Espíritu de Dios al hacerle caso a la serpiente y comer de aquel fruto prohibido. Aun hoy día vivimos las consecuencias de esa separación.

Pero debemos de entender que la serpiente nunca mintió ni fue mala pues el texto no nos dice que lo fue. Lo que hizo fue el ser astuta para hacer caer al hombre en el pecado. Cuando el ser humano escucha a la serpiente, es cuando realmente empezó esa separación y por ende el retorno a Tohu vabohu. El problema central de la caída no fue el escuchar a la serpiente, más bien, el querer ser como Dios y su propia rebeldía lo llevó a separarse de ese Shalom, siendo los efectos 1. Se rompe la relación con Dios, 2. Se rompe la relación humanas y 3. Se rompe la relación con la naturaleza. A todo esto le llamamos idolatría. A esto la Iglesia le da el nombre de “caída” o “pecado original”. En cierta manera, esto limita esa separación a algo netamente moral, pero si profundizamos en ello, nos damos cuenta que esto no es suficiente pues el hecho no solamente me afectó como individuo, sino que afectó mi relación con otras personas.

Estamos viviendo en un mundo con un Shalom roto que no funciona a plenitud y esto conlleva a otro problema más serio: da comienzo al principio de la maldición y como consecuencia el castigo de Dios. El resultado final de esa separación o ruptura es el exilio es decir, Dios saca al hombre del Jardín a un destino que aunque incierto, conduce al hombre de nuevo a la restauración de ese Shalom del cual fue sacado. (Gén 3: 14-19)

Podemos darnos cuenta que existen tres aspectos de esa ruptura: a. rebeldía, b. pecado y c. impureza

La rebeldía es la que se antepone a la voluntad de Dios, al querer restaurar nuevamente nuestras vidas por otros medios y que por consecuencias de obedecer al mundo, nos separa de su amor.

El pecado que es el acto principal de todo aspecto de separación de Dios. Es lo que nos lleva a la oscuridad y tinieblas de la vida misma, aunque, más valiera decir que es lo que nos conlleva a la muerte eterna.

La impureza, es la suciedad que llevamos por dentro y la misma se manifiesta en nuestro cuerpo exterior. Es por eso que el mismo Dios, nos invita a que nos acerquemos a él a beber de su manantial de agua viva, para purificar por medio de su Espíritu nuestro interior y de esa manera restaurar aquello que hemos enlodado. (En la clase 8 estaremos viendo estos tres puntos)

Dios ha querido siempre manifestar su bendición y aunque el hombre trate por todos los medios posibles de separarse de él, él siempre está ahí por nosotros, sin abandonarnos y atendiendo nuestras suplicas y ruegos por la restauración de nuestras vidas. Dios “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2: 4), al conocimiento de Cristo (Jn 14: 6)

Dios siempre se ha revelado de muchas formas al hombre por amor y no por casualidad, revelándonos cuanto él nos ama y por medio de esas revelaciones, él responde a las preguntas universales del por qué de las cosas negativas de la vida. Él dispuso revelarse al mundo por medio de Jesús para hacernos participes de su naturaleza divina. Por ello él trasmite su misma naturaleza divina. ¿Cuál es su naturaleza divina? Pues nada más que su Espíritu de amor. Es por ello que a través de la Biblia, su Espíritu está en constante acción, desde el Génesis, por medio de la comunicación que tuvo con Adán y Eva, prometiendo su salvación.

La etapa del origen del diálogo de Dios con la humanidad no se rompe, el mismo se renueva con Noé después del diluvio “No volveré a destruir a la humanidad” Gén 9: 11, y lo continúa con el Apocalipsis “Y voy a llegar pronto”. Ap 22: 7. Aún en nuestros días podemos ver esa misma comunicación realizada por medio de aquellos hombres y mujeres como el Obispo Romero en El Salvador, Mahatma Gandhi en la India, Cesar Chávez y Martin Luter King Jr., en Estados Unidos, quienes dieron su vida tratando de comunicar a la humanidad lo mucho que Dios ha querido la restauración del Shalom.

Al compenetrarnos de esa naturaleza divina, podemos descubrir varios aspectos de la bendición que está contrae a nuestras vidas: a. promesa, b. pacto y c. liberación (del latín: misio Dei= Misión de Dios) La misión de Dios es restaurar Shalom.

La próxima clase veremos en detalle estos aspectos.

Aunque todo parece mal…

Queridos hermanos de mi corazón: Que el amor y la paz de Cristo Jesús nuestro único y verdadero Señor y Salvador esté siempre con ustedes y que nuestra Madre María, los cubra con su manto santo, todos los días de sus vidas.

Hoy veía las noticias por la televisión y conforme pasaban, me daba cuenta una vez más que ya todo parece perdido, que este mundo está tan mal que la venida del Señor está próxima. Claro esto es solamente un pensamiento humano, deseoso de que el Señor esté ya aquí en medio del pueblo de creyentes que confiaron hasta el final en sus promesas de amor y misericordia.1domin

Nosotros los humanos hemos dado cabida a la destrucción de todo lo precioso que Dios nos dio como herencia para vivir, los bosques, los ríos, los mares y toda naturaleza en general. Él nos lo dio para que disfrutáramos de todos los aspectos que ella tenía para nosotros y en cambio hemos tomado ese regalo de Dios para convertirnos en seres peores que animales y digo peores no menos preciando a la creación de Dios, pero en el sentido de que esos animales sin razonamiento reconocen a plenitud su estancia en esta tierra, mientras que nosotros aun con razonamiento, la hemos convertido en un mundo de basura y todo para satisfacer nuestros egos y deseos de poder, aplastando a todo cuanto se nos ponen en el camino.

Parece que no hay una posible solución a todo esto. En los periódicos leemos todo tipo de desgracia que ciertamente nos pone a reflexionar sobre si hay posibilidad que el hombre mismo pueda salvarse de lo que le viene encima. El evangelio según San Mateo en el capítulo 13 y versos 24 al 30 nos cuenta la parábola del sembrador que sembró buena semilla y el enemigo vino y le sembró semilla mala. Dice la Escritura: “Cuando crecieron las plantas y empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña” Esto es exactamente lo que ha sucedido en el mundo, Dios ha sembrado en el hombre la capacidad para amarle, para amar a su prójimo y para amarse a sí mismo; pero qué ha pasado, que el hombre mismo se ha dejado sembrar en su corazón, odios rencores, envidias, celos, iras, vanaglorias y ha dejado que esto vaya opacando la semilla buena en nuestro corazones.

Esto tiene implicaciones directas con lo que hacemos con el mundo. Todo aquello perfecto que Dios nos dio lo hemos tirado por un tubo y en su lugar hemos convertido las maravillas del Creador en un mundo lleno de basura.

Ahora que todo esto no se queda solamente en eso, más bien, como no todos tenemos “poder” económico para destruir el medio ambiente, entonces arremetemos en contra de nuestras propias familias, destruyendo con nuestras acciones todo aquello maravilloso que Dios nos dio con tanto amor. Nuestras familias sufren cuando las golpeamos físicamente, moralmente y espiritualmente. Traemos con nosotros esa semilla que hemos dejado que el enemigo plante en nuestros corazones y con cualquier cosita, opacamos el amor que Dios padre sembró desde antes que naciéramos.

Claro que las circunstancias en las que nos encontramos no nos permiten ver con claridad ese amor pues estamos rodeados de tanta maldad que eso mismo se hace parte de nuestras propias vidas y tanto crece el odio y el rencor que aun que el amor esté allí, nunca lo veremos a no ser que un día dejemos que el cuidador nos dé una limpiadita.

Hemos puesto muchas excusas para lograr nuestros propósitos de ser mejores y de vivir a plenitud la gracia de Dios. Es que pensamos que somos tan pequeños que no es posible para nosotros dar un cambio a nuestras vidas, que la sociedad misma no nos da la oportunidad de un cambio, que estamos siendo controlados por los poderosos y que atados como un perro rabioso a una cadena, no podemos dejar de echar espuma y rabia por la vida.

Todo se nos pinta de un color oscuro y nos dicen que no hay razón ya para vivir y eso es verdaderamente lo que está haciendo esa semilla plantada en el corazón del hombre por el enemigo. Él nos dice: “no se puede, no lo vas a lograr, no tienes fuerzas para seguir adelante, tu marido realmente no te ama, él nunca va a cambiar, tu mujer te engaña y por lo mismo págale con la misa medida, tus hijos son malos y drogadictos, no merecen que los ayudes, tus padres con malvados, mira te violaron, te golpearon y te abandonaron, emborráchate y drógate pues no vale la pena seguir viviendo… etc.” Y nosotros caemos redonditos en toda esa inmundicia y preferimos la muerte y, antes de morir arrasamos con todos lo que se nos pongan en enfrente y no solamente con otro ser humano, sino que también con la misma naturaleza.

Así ha crecido la cizaña en nuestros corazones; ha crecido de generación en generación y solamente aquel que esté dispuesto a un cambio rotundo entonces vera con claridad el campo de su vida y se dará cuenta que si se puede ser mejor en su propia persona, en medio de su familia y con el mundo en el que vive.

Después de ver las noticias, pasaron un programa en el que presentaron a una mujer que nació ciega, sorda, muda y sin olfato; a esta mujer, su madre la abandonó siendo una bebita pues no quería la responsabilidad o quizá no contaba con el apoyo de su marido para sostenerla. Un día una mujer española vino a África, visitó el orfanatorio en donde se encontraba esta niña y se enamoró de ella y la adoptó como su propia hija. Ella la amó y la cuidó aun en contra de todo lo que su sociedad le decía y permaneció firme en el amor que ella de daba constantemente a esa niña. Un día la niña se convirtió en mujer y ahora es estudiante de universidad. Cuando vi este programa y vi lo que está mujer había logrado con al amor de su madre, que siendo discapacitada de ojos, de oídos, de habla, y hasta de nariz, no se detuvo y logró salir adelante y me puse a pensar: “Yo que tengo todos mis sentidos en orden, que puedo ver, no miro más allá de mis propias narices, que puedo oír y solo escucho cosas negativas, que puedo hablar y solo hablo quejabanzas y que puedo oler y solo huelo los malos olores de la vida” Verdaderamente esa mujer me hizo ver que, cuando dejamos que la semilla del amor crezca en el corazón, entonces podemos sembrar en medio de toda la oscuridad del mundo el verdadero amor que mueve, sana y, por ende lo que cosechamos es la vida misma.

Por lo tanto ánimo que si Dios está contigo, quien en contra tuya. Nadie te puede apartar del amor de Dios, solamente tu si dejas que el enemigo siempre cizañe tu corazón. Aprende a amar y a perdonar y por lógica empieza por amarte a ti mismo. Deja el odio y los rencores, los celos y las iras y en cambio déjate inundar de la paciencia, de la armonía y de la ternura porque al final de todo lo único que te quedará es tu alma y ella hermano de mi corazón le pertenece a Dios.

Que la paz y la bendición de Dios te acompañen por siempre.

Dios te bendiga abundantemente

En el amor de Jesús

René Alvarado

Cristo resucitó

Queridos hermanos de mi corazón. Que la paz y el amor de Cristo Jesús y el de nuestra madre María los acompañe siempre.

Cantemos llenos de júbilo, ¡Cristo nuestro Señor ha resucitado!

Esa es la alegría que cada uno de nosotros de vemos de estar experimentando en este momento en el que sabemos que todas nuestras cargas han quedado en el pasado, clavadas en la Cruz del Calvario y empezamos una nueva vida llena de esperanza para nuestras vidas.

Yo sé bien que alguien me dirá por ahí que eso de que nuestras cargas se han quedado en el pasado, no es cierto pues, sus vidas siguen igual, sin ilusión, sin esperanza que todo lo ven oscuro sin la famosa luz al final del túnel. El problema siempre ha sido que muchos de nosotros hemos vivido la Cuaresma sin sentido, más bien creo, que la vivimos hasta amargados y esa misma se acarrea aun en la misma resurrección.clip_image002

No debemos de permitir al enemigo que tome control de nuestras vidas. Debemos de creer con todo el corazón que en la resurrección de Cristo, nuestras propias vidas han resucitado con él, y como dice San Pablo: “¿No saben que todos nosotros, al ser bautizados en Cristo Jesús, hemos sido sumergidos en su muerte? Por este bautismo en su muerte fuimos sepultados con Cristo, y así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la Gloria del Padre, así también nosotros empezamos una vida nueva.” Rom 6: 3

Entonces debemos de aprender a percibir la vida de una manera totalmente diferente y no dejarnos influenciar por lo que acontece en nuestras vidas. Las cosas de la vida son pasajeras, nada es eterno; no nos esforcemos por alcanzar todo aquello que por más que queramos nunca nos lo llevaremos con nosotros.

Si han sido resucitados con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Preocúpense por las cosas de arriba, no por las de la tierra. Pues han muerto, y su vida está ahora escondida con Cristo en Dios. Cuando se manifieste el que es nuestra vida, también ustedes se verán con él en la gloria.” Col 3: 1-4

La vida terrenal no es nada más que un segundo en el tiempo de Dios y por ende hay que vivirla al compás de la voluntad del Señor, quien de día y de noche trabaja por darnos la felicidad y de llenar ese vacío que mantenemos en el corazón.

Creo que lo que ha pasado es que hemos perdido la fe, es decir ya no creemos que Dios en su plan perfecto de amor nos ha salvado de la muerte a que todo ser viviente le sobre viene y, no hablemos de la muerte física como tal, pues bien claro es que todos vamos a estirar el tenis un día. Más bien, hablemos de la muerte que es aun más profunda, la espiritual a la que muchos estamos expuestos por las circunstancias de la vida. Dios ha querido desde el principio de la humanidad, salvarnos de esa muerte y por milenios el hombre no ha querido pues para él (el hombre), el dejarse guiar por la mano de Dios es ir en contra de los deseos carnales. Ya bien lo decía Jesús a sus apóstoles allá en el Huerto de Getsemaní: “…el espíritu es animoso, pero la carne es débil.” Mc 14: 38

En eso se han convertido nuestras vidas, en puros deseos he intenciones carnales y con ello, nos exponemos a morir espiritualmente y cuando nos vemos en aprietos, es entonces que el culpable de nuestras decisiones erróneas es Dios. Esa es nuestra naturaleza y aunque Dios nos creo con espíritu, desde los principios le hemos dado rienda suelta a la carne.

No podemos darnos el lujo de perder la fe, pues en el momento en el que lo hagamos, entonces lo que continúa es la esperanza y si está se muere, ¿qué más nos queda? ¡Nada!

No desperdiciemos nuestras vidas en cosas que no tienen sentido, no nos aferremos a las cosas materiales, ni a la vida (sea está la mujer, el marido o la amante), no nos enfoquemos en los problemas que tenemos, más bien enfoquémonos en las soluciones para esos problemas. Recordemos que tanto la vida como el globo terráqueo continúan su marcha y por más que lo queramos detener nunca lo lograremos, más bien, nos saldrán canas y arrugas, la piel debajo de los brazos se desprenderá y aun así los días no se detendrán.

Por eso es que debemos de vivir siempre felices, pues la felicidad aniquila a la tristeza y le da sentido a nuestro dolor y sufrimiento. Y claro podemos decir que eso se dice fácil, pero lo difícil es realizarlo pues somos humanos con sus debilidades es cierto, pero aunque no lo creamos contamos con las fuerzas de Dios si así lo deseamos.

Muchos se enfocan en el dolor como algo que daña o mata y la misma experiencia de ese dolor les hace alejarse y apartarse de lo que son a los ojos de Dios. Recordemos, somos creación de Dios; él nos creo con sus benditas manos y nos dio su aliento divino entonces hay algo de él en nosotros: hay vida y mientras haya vida, siempre existirá una esperanza. Pero para llegar a esa esperanza, hay que vivir el momento en fe, creyendo que él estará siempre ahí con nosotros y aunque el mismo dolor o sufrimiento nos encamine a la muerte corporal, bien es sabido que de esa muerte viene la vida espiritual eterna. “…y ahora no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Lo que vivo en mi carne, lo vivo con la fe: ahí tengo al Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí.” Gal 2: 20

¡Gloria a Dios! Que manifestación tan grande tuvo Jesús al dar su vida en la Cruz del Calvario por la salvación de nuestros pecados, la sanación de nuestras heridas y sobre todo, como Dios en su grandeza arranca de las garras de la muerte a su Hijo Jesucristo para con ello darnos vida eterna.

Eso es lo maravilloso del Buen Padre, que aunque el hombre se ha apartado de él, él nunca se apartó del hombre y hoy está en espera de que sus hijos se arrimen a él como la gallina junta a sus polluelos debajo de sus alas (Mt 23: 37. Lc 13: 34)

Seamos felices en medio de todo aquello que nos aturde. Jesús que vivió el momento, no se dejó intimidar por las circunstancias que le rodeaban, al contrario tomo ventaja de ellas para glorificar su nombre y al final en su resurrección ser elevado al Cielo al lado del Padre que espera con los brazos abiertos a que cada uno de nosotros vengamos a él y nos dejemos conducir por él.

Hoy te invito a que no pierdas tu fe, a que siempre mantengas viva tu esperanza y que cuando sientas que la vela de tu vida se hace pequeña, has de saber que su luz nunca dejará de brillar si está prendida con la luz de Cristo.

Gal 5,4

Gal 2,20

1Tes 4,17

1Pe 1,7

1Jn 3,2

René Alvarado

Pan de Vida, Inc.