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		<title>A mi fiel servidor</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Jul 2011 22:14:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
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		<title>El amor de Dios en medio de su pueblo: parte dos</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Apr 2011 01:24:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
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	<itunes:author>René Alvarado</itunes:author><itunes:subtitle>La liberación:  Veamos por ejemplo al pueblo judío en el país de Egipto. Cuantos años sufrieron de la esclavitud y en medio de su</itunes:subtitle><itunes:summary>La liberación:  Veamos por ejemplo al pueblo judío en el país de Egipto. Cuantos años sufrieron de la esclavitud y en medio de sus cadenas, clamaban a Dios por su liberación. Al principio parecía que Dios no escuchaba sus ruegos, pero ellos insistían. Un día de ese mismo pueblo saldría aquel que usado por Dios los llevaría a la liberación.   “Yahvé dijo: &amp;quot;He visto la humillación de mi pueblo en Egipto, y he escuchado sus gritos cuando lo maltrataban sus mayordomos. Yo conozco sus sufrimientos, y por esta razón estoy bajando, para librarlo del poder de los egipcios y para hacerlo subir de aquí a un país grande y fértil, a una tierra que mana leche y miel, al territorio de los cananeos, de los heteos, de los amorreos, los fereceos, los jeveos y los jebuseos. El clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí y he visto cómo los egipcios los oprimen. Ve, pues, yo te envío a Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.&amp;quot; Ex 3: 7-10  En términos espirituales, Egipto significa estar amarrado a la esclavitud del pecado. Nuestras vidas han estado atadas a todo aquello que nos ha apartado de Dios y en nuestro interior clamamos constantemente por la liberación de las cadenas y gemimos, pues el pecado, nos lleva directo a la muerte.   ¿Cuántas veces no hemos pedido a Dios que nos aparte de todo aquello que no nos permite vivir a plenitud su amor? Pensamos que Dios no escucha y que nos tiene abandonados a una oscuridad profunda. Lo que pasa es que nuestras vidas están siendo limitadas por las consecuencias del pecado y eso nos impide creer que Dios tiene el poder para rescatarnos y darnos libertad.  Nuestro Padre, tiene poder para hacerlo. Él lo hace en el tiempo correcto; aun, cuando nosotros pensemos que no escucha, él siempre ha tendido su mano para consolarnos.   Por otro lado debo de decir que ese Egipto no solamente es el opresor y conductor del pecado, pero que también es experimentar el dolor y el sufrimiento por un hogar que se desintegra a cada momento por la vida de opresión que se vive a diario. Golpes de padres a hijos, de esposo a esposa, de hijos a padres, abusos sexuales, físicos, emocionales y espirituales. Todo eso lleva a vivir un verdadero infierno y ello nos lleva a pensar que la vida se ensaña en contra nuestra. ¿Por qué todo se convierte en esta desdicha? si cuando nos unimos para formar un hogar, todo fue maravilloso. Es exactamente lo que sucedió con el pueblo israelita. Después que José hijo de Jacob fue vendido por sus hermanos, esté terminó en tierras egipcias y después de ser esclavo, pasó a ser el gobernador de todo el país. Todo iba bien, incluso el mismo José invitó a toda su familia a que lo acompañara a disfrutar de las maravillas que Dios había proveído para ellos. ¿Qué pasó después? Las cosas se complicaron y luego de ser un pueblo próspero pasó a ser uno que vivió en la miseria.  Tantos años tuvieron que pasar para que Dios los atendiera y aun así nunca quisieron comprender el amor tan grande que él les demostraba en medio de sus dolores y sufrimientos. Es que debemos comprender que para ser liberados, Dios permite que experimentemos pruebas duras y difíciles y que a travesemos por momentos de desolación en los que pensamos que él no existe. Recordemos que “Dios aprieta pero no ahorca” y aunque pensemos que él nunca nos escucha, debemos de saber que El Padre siempre escucha y siempre está atento para ayudarnos de acuerdo a su plan perfecto de amor.  El pueblo judío se enfrascó a tal grado en su diario vivir, que el tiempo se convirtió en una simple rutina. Cuando nuestras vidas las vivimos solamente por vivirlas, sin un sentido, sin una meta, es entonces que tendemos a separarnos del amor del Padre. Eso mismo sucedió con los judíos. Cuando más seguros se sintieron de lo que tenían y vivían, menos se acordaron de Dios.  Nosotros actuamos de la misma forma: Cuanto más seguros estamos de nuestras propias comodidades, de nuestro trabajo, de nuestros cónyuges, nuestros hijos y de todo aquello sobre lo que tenemos control, menos necesidad tenemos de Dios. ¡Qué tremendo! Es que todo aquello que toma el lugar principal de Dios en nuestras vidas, pasa a ser nuestro dios y al mismo tiempo nuestro Egipto. Debemos de entender que solamente despojándonos de todo eso, es como entonces nuestras voces llegarán al Padre.  Debo de mencionar que no estoy hablando de que las cosas materiales o nuestras familias son nuestra perdición; ¡De ninguna manera! Lo que pasa es que debemos de entender que el poseer todo lo material y no abrirnos al amor hacia los demás, de nada nos sirve. Recordemos nuevamente a José: llegó a ser el segundo del Faraón. ¿De dónde venía? De ser un despojo comprado y vendido al mejor postor. Cuando todo lo tuvo y mientras estuvo agradecido con Dios, todo le fue bien. En el momento en el que su descendencia fue acostumbrándose a todo lo seguro, empezó a olvidarse de dar gracias al Creador. ¿Cómo terminaron? Siendo esclavos. ¡Ah!, pero en el momento en que empezó su sufrimiento y dolor, entonces empezaron a acordarse de que existía un Dios de poder. Solamente mientras estuvieron esclavos; solamente en los tiempos duros, algo así como nosotros en la actualidad cuando todo nos va mal entonces decimos: “Si en verdad existes…”  ¿Por qué nosotros los humanos actuamos y reaccionamos de esa manera? Somos seres que aun que seamos “racionales”, nos cuesta admitir que con nuestras actitudes hacia los demás, nos adentramos más y más a las garras del pecado. Bien lo dice la escritura: “En efecto, en el alma perversa no entra la sabiduría, no habita en cuerpo de pecado.” Sab 1: 4  Nos cuesta comprender que mientras vivamos enfrascados en el Egipto de nuestro pecado, nunca lograremos experimentar el amor tan grande del Padre para nuestras vidas. Lo peor de todo es que buscamos un escape a nuestro vivir por rumbos equivocados, en la lectura del tarot, del café, del maíz, lectura de la mano: que porque está línea es de la vida y esta otra del corazón. Nos envolvemos en puros engaños y cuando todo eso sale mal, el culpable siempre es… Adivinaste, ¡Dios!  El pueblo de Israel sufría su esclavitud (Ex 2: 23) El pueblo de Dios “gritaba” en los momentos más desesperantes de su vida. Primero creyeron que con la muerte del opresor (Faraón), iba a acabar la maldición que llevaban sobre cuestas. Al contrario, entre más gritaban, más dura era la mano del hijo del abusador. ¿Por qué esperaron tanto para clamar a Dios? ¿Por qué no lo hicieron desde el principio? Sencillamente porque pensaron que todo lo podían con sus propias fuerzas y que las cadenas que llevaban serían temporales. Exactamente lo mismo piensa el hombre moderno. “Ya no voy a chupar”; “Te prometo que ya no lo vuelvo a hacer”; “Pero compadre, si yo deje de fumar de romplón” “Y si lo dejó de romplón, ¿por qué lo veo fumando nuevamente?” Es que tuve un problema en mi casa y no pude contenerme”  Claro, si todo eso lo dejamos por nuestras propias fuerzas, ¿cómo pretendemos ser libres totalmente? Las cadenas son siempre fuertes y difíciles de romper, pero cuando ponemos nuestra confianza en Dios entonces alcanzáremos la libertad deseada. Por otro lado, hay quienes qué pretenden dejar su pecado con una manda o promesa, pero al cumplirse el tiempo prometido, regresan aun con mayor fuerza pues la confianza, la ponen sobre ello y no realmente en Dios, algo así como el perro que retorna a su propio vómito.   Solamente cuando reconocemos que hemos pecado y que nos hemos separado del Árbol de la vida, es cuando realmente seremos libres. “Pues mi delito yo reconozco, mi pecado sin cesar está ante ti, contra ti solo he pecado, lo malo ante tus ojos yo cometí”. Salmo 51 (50) verso 5  La pregunta viene a ser: ¿Estoy dispuesto a reconocer mi pecado? Y esto no solamente se hace como algo ficticio o sin causa; esto se hace con la plena seguridad en que Dios estará allí para ayudarnos en el proceso con el que empieza una vida nueva y distinta a la que estábamos acostumbrados.  Al reconocer que fallamos, nos abrimos a la inagotable fuente de vida que nos lleva como barco, al soplo de su Espíritu sobre el inmenso mar. No importa cuán pequeño sea nuestro bote, dejémonos conducir por el viento de Dios.  Seamos transparentes y clamemos a Dios por nuestra libertad. Dios sí escucha, y si confiamos plenamente en su poder, veremos que él está siempre dispuesto a tender su mano en el momento menos esperado. Cuando todo nos ha fallado, cuando nuestras fuerzas se acaban y sintamos que no hay más que hacer que esperar la muerte, es entonces que debemos de lanzar nuestras voces hacia él, clamando su misericordia, dejando que nuestro corazón endurecido por el pecado, sea removido por las manos del Padre y en su lugar nos coloque uno nuevo de esponja que sepa absorber la grandeza de su amor libertador.  ¿Por qué dejar que el Cochino siga controlando nuestro corazón? ¿Por qué dejamos que nuestras vidas vivan un Egipto eterno cuando la libertad está a un lado nuestro? ¿Por qué dejamos que esas cadenas nos mantengan aprisionado y no solamente a nosotros individualmente, sino que también a nuestra familia entera?  No es posible que podamos vivir en un mundo en el que solamente existen lamentos y lloriqueos. No podemos dejarnos engatusar por los deseos del enemigo que trata de controlar nuestra vida diciéndonos que nunca podremos ser libres. ¿Por qué? ¿Por qué no tenemos el valor suficiente para afrontar nuestra realidad y declarar a viva voz que hemos pecado y que necesitamos de Dios en nuestras vidas?  Es que el dolor, el sufrimiento y las oscuridades que vivimos a diario no nos permiten ver con claridad la grandeza del Padre que siempre está dispuesto a tendernos la mano. Estamos completamente cegados y las escamas del pecado no permiten ver la claridad del amor de Dios en nuestro corazón.   Es cierto que nuestro pecado es “grande” y que debemos de vivir una consecuencia por nuestras acciones; pero la realidad es que si el pecado en nuestras vidas es grande, mucho más grande es el amor de Dios para nosotros y que si la consecuencia del pecado es la muerte, entonces la consecuencia del amor de Dios es la alegría de una vida eterna.  No permitamos que esa realidad sea aniquilada por las fuerzas del Faraón en nuestras vidas. Dejémonos conducir por la vida del Padre hacia nuestra libertad. Hoy salgamos de las tinieblas de ese Egipto y tomados de la mano de nuestro libertador, vayamos hacia la luz de la Verdad.   Solamente confiando plenamente en él, es como viviremos la verdadera vida. Sí, una vida plena que nos conducirá hacia la tierra prometida en donde mana la miel y la leche sin adulterar, en donde hay verdes campos para pastar y ríos cristalinos para beber. “Confía en el Señor, con todo el corazón, y no te fíes de tu propia sabiduría. En cualquier cosa que hagas, tenlo presente: él aplanará tus caminos… ten el temor de Yahvé y mantente alejado del mal. Eso será un remedio para tu cuerpo, y allí encontrarás el vigor.” Prov 3: 5-8  Bendiciones  René Alvarado</itunes:summary>	</item>
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		<title>El amor de Dios en medio de su pueblo: Primera parte</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Apr 2011 20:45:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
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	<itunes:author>René Alvarado</itunes:author><itunes:subtitle>La esclavitud:&amp;#160;   Dios ha creado el universo y todo lo que existe dentro y fuera de él. En medio de </itunes:subtitle><itunes:summary>La esclavitud:&amp;#160;   Dios ha creado el universo y todo lo que existe dentro y fuera de él. En medio de su magnífica creación, se dio cuenta que algo hacía falta, que todo lo maravilloso que hizo no estaba completo sin la presencia de un ser que fuera semejante a él. Así lo fue. Creo de la nada al hombre y del hombre a la mujer. Entonces se dijo así mismo: “El universo es ahora completo, pues he creado al que será el heredero del Reino”; y la Biblia nos cuenta en Génesis 1: 26-31 que vivían muy felices dentro del plan perfecto de Dios para sus vidas. Nada les faltaba y nada les sobraba. Todo era pulcro y radiante. Podía convivir con otros seres, las bestias terrestres, las aves del cielo y las criaturas del mar. ¿Qué les faltaba? ¡Nada! Y más sin embargo, el hombre hecho imagen y semejanza de Dios en su Espíritu, fue creado con cuerpo material y esa carne se encargó de llevarlo de la libertad al libertinaje. No se conformó el hombre con tener lo suficiente (que era todo), quería más y entre más tenía más poder obtenía.   Tristemente eso es lo que vivimos nosotros mismos. Somos creaturas hechas por las manos de Dios y en nuestro interior está la gracia del Espíritu de amor que nos brinda libertad y por supuesto, por otro lado está nuestra humanidad (la carne) nos aleja de esa libertad y nos conduce por el camino del libertinaje. Dios nos creo, con libre albedrío   Luego que el hombre (y la mujer también), con pleno conocimiento de las consecuencias, tomó la determinación de comer de ese fruto prohibido, adquirió la responsabilidad de las consecuencias de su acción. Aquí no analizaremos si fue una manzana o una pera, pero nos concentraremos solamente en el acto que separó al hombre del amor de Dios.  Cuando él comió, descubrió que no solamente existe la luz, pero que también existe la oscuridad y las tinieblas. En su aceptación de aquel fruto, descubrió su propia desnudez y su pequeñez ante la grandeza de su creador. ¿Qué fue lo que lo llevó a descubrir todo aquello? No es que Dios lo tuviera oculto y que no quisiera que él fuera descubriendo todos los aspectos de la creación, pero más bien fue su propia naturaleza que lo indujo a la curiosidad y en ella se dejó caer y al reaccionar supo en su corazón que había traicionado a Dios y que con su acto abusó del amor tan grande que el Padre había depositado en él.   En ese momento, al verse descubierto, entendió a plenitud que su tiempo estaba contado, que pasó de un ser inmortal a uno mortal (Sir 18: 8-9) que su vida terminaría que lo que viviera le costaría. Ya nada sería gratuito; con sacrificio se alimentaría y con el sudor de su frente se mantendría. Claro que lo único que permaneció gratuito fue el amor incondicional de Dios para él y si no hubiese sido así, Dios Padre lo hubiera exterminado desde el principio. No fue así. A través del tiempo demostró una y otra vez que su amor es por siempre; perdonando nuestras faltas, sanando nuestras heridas y llevándonos sobre sus hombros cuando cansados del camino nos debilitamos.   Es maravilloso ver como el Padre no sé aparta de nuestro lado aun así nosotros nos alejemos de él. Siempre hemos escuchado ese dicho: “Bendito sea Dios pues encontré a Jesús”. Es que Jesús nunca estuvo perdido. El mismo hombre es quien se ha separado de él y cuando todo le va mal entonces el culpable es Dios.   La realidad de todo es que somos nosotros los que nos apartamos de él con nuestras actitudes y como resultado de ello, nos hacemos esclavos del pecado. Ahora qué, no por eso Dios se aleja de nuestras vidas, al contrario, él siempre está en la búsqueda y a la espera de sus hijos descarriados. Esto está bien claro en la parábola del hijo pródigo. Somos cada uno de nosotros esos hijos que tomamos la decisión de irnos al lodo y más sin embargo en medio de ese mugrero, Dios escucha nuestros ruegos y suplicas.  Dios nos da la oportunidad de conocer la vida, para que veamos lo que mejor nos conviene. Ser libres nos permite escoger entre estar encadenados al libertinaje del pecado o al conocimiento de la Verdad que nos hace libres (Jn 8: 34) Ahora bien, tenemos que discernir sobre esa Verdad de la que habla Jesús. Realmente la Verdad es su amor infinito y si conocemos y vivimos en ese amor entonces seremos verdaderamente libres para perdonar, para aceptar a los demás tal y como son y sobre todo para que nuestras vidas sean consagradas totalmente al Señor en las buenas y en las malas.  No podemos ir por la vida simplemente quejándonos de todo aquello que nos ocurre por consecuencias del mismo abandono o separación de esa Verdad. No debemos por ningún motivo dejarnos dominar por las cadenas que venimos cargando por los años que hemos vivido separados de su amor.  “En verdad, en verdad les digo: el que vive en el pecado es esclavo del pecado. Pero el esclavo no se quedará en la casa para siempre; el hijo, en cambio, permanece para siempre. Por tanto, si el Hijo los hace libres, ustedes serán realmente libres”. Jn 8: 34-36  Veamos lo que esto nos dice: “Pero el esclavo no se quedará en la casa para siempre” El pecado no tiene y nunca ha tenido dominio sobre la creación de Dios. El problema ha sido que la misma creación (hablo del hombre), ha creído que el pecado es parte de su existir y que no hay nada en esta vida que se pueda hacer para salir o mejor dicho para romper con esa cadena que adquirimos desde el día de nuestro nacimiento (lo que conocemos como el pecado original.) Eso nos lleva no solamente a mentalizarnos psicológicamente a ello, pero también nos lleva a convivir con ese pensamiento. Si bien es cierto que por naturaleza el hombre (y la mujer también) es pecador, también es cierto que podemos salir de esa condenación si creemos en su amor. Es por eso que Jesús habla de que el esclavo no se quedaría en esa oscuridad, más bien, él saldría a la luz de una verdadera libertad.  En el siguiente párrafo: “el hijo, en cambio, permanece para siempre”, nos dice que no importa cuán esclavos del pecado hemos sido, que el amor eterno del padre nuca se separará de nosotros. Eso es fácil de comprender y no necesitamos ser expertos o exégetas para comprender que él, siempre nos acompaña como un verdadero y fiel esposo que se adhiere a la promesa hecha en el día de la boda: “en lo bueno y en lo malo; en la salud y en la enfermedad y en la abundancia y en la pobreza”; promesas que muchos de nosotros tomamos mientras estamos bien y que cuando las cosas comienzan a hacerse agrias, nos hacen pensar dos veces si seguir o no con el compromiso hacia nuestras parejas. Dios en su Hijo Jesús ha prometido nunca abandonarnos y de verás que eso es grande de su parte pues nosotros nos comportamos como esposas infieles que aunque lo tenemos todo con él buscamos las cosas de afuera, prostituyéndonos por las calles del pecado. Aun así él permanece siempre fiel en su amor y sobre todo nunca pierde la esperanza y la fe de que un día regresaremos de nuevo al hogar de donde un día salimos. “Se levantó, pues, y se fue donde su padre. Estaba aún lejos, cuando su padre lo vio y sintió compasión; corrió a echarse a su cuello y lo besó”. Lc 15: 20  Que tremendo es todo esto. Ahora reflexionemos en el último párrafo: “Por tanto, si el Hijo los hace libres, ustedes serán realmente libres” Si verdaderamente creemos en sus promesas, entonces debemos de creer que si él nos dice que permanecemos en él, entonces no importa que tan hundidos estemos en el fango, que él tiene el poder para sacarnos de ese lugar. Debemos de ser inteligentes como Pedro que un día se atrevió a caminar sobre el agua y en el momento en el que dudó, clamó con fervor al Señor “¡Jesús ayúdame!” y sin más Jesús atendió (Mt 14: 30-31)  ¿Cómo podemos decir que creemos en él cuando nos dejamos hundir por nuestras tinieblas? Si se nos preguntara en este momento si creemos en Dios, estoy seguro que la gran mayoría responderíamos que sí; y si la pregunta fuera si creemos que él nos ama, nuevamente la respuesta sería abrumadora: “¡Claro que sí!” Pero la pregunta que se nos hace más difícil responder es la que nos pregunta: “¿Amas tu a Dios?” Por supuesto que la respuesta va a ser de la boca para fuera por tanto que nuestras acciones son completamente diferentes de lo que decimos.   Cómo pretendemos decir que somos libres porque Jesús nos ha dado la verdadera libertad cuando no vivimos de acuerdo a esa libertad que decimos tener. Es qué vivir libres en Jesús es abrirnos al perdón y la reconciliación. Veamos cómo es que al vivir con odios y rencores, con iras y desprecios, que son enfermedades interiores, nos llevan a enfermedades físicas. La verdad es que las dos están unidas una con la otra. Un día una hermana que cayó enferma de cáncer y ya a punto de morir, se abrió a la reconciliación y al momento en que perdonó, sanó de su cáncer. No es una historia que me estoy inventando en este momento. Para llegar a esa sanidad, ella tuvo que vivir su propio Egipto; al principio se comportó como el Faraón con terquedad y rebeldía. Le decían que debía de perdonar a aquella persona que le había dañado y que eso le daría el descanso que tanto estaba ansiando. Luego de las plagas que iban una a una acabando con su vida, llegó a encontrarse con ella misma en la oscuridad de su alma y al llegar el momento culmen, al instante de su muerte, se dio cuenta que había vivido por años encadenada al peor de los pecados y que estaba encadenada y entonces pasó de ser Faraón a ser hija de Dios. Fue entonces que aceptó que Dios le quitará esas cadenas y ahora después que le dijeron que solamente le restaban unos días de vida, ella vive anunciando el poder de Dios.  Eso es lo que nosotros debemos de vivir a cada instante en nuestras propias vidas. ¿Cómo no creer en su amor? ¿Cómo no rendirnos a él? El es nuestro refugio y nuestra fortaleza. El siempre está con nosotros, es nuestra Roca y Salvación. Porque él es grande y la razón de todo nuestro ser. No podemos ir proclamando que él es el Señor libertador si no vivimos un verdadero señorío en nuestras vidas. Es fácil ver lo que viene de la carne y para la carne todo es fácil, pero si decimos que amamos a Dios, entonces los poderes de la carne no tienen dominio sobre nuestras vidas.   Nos dice Juan 8: 47: “El que es de Dios escucha las palabras de Dios; ustedes no las escuchan por qué no son de Dios” Cuando nos dejamos conducir por la carne y sus muchos pecados, y aun así nos atrevemos a decir que no nos preocupamos pues Dios de todas maneras nos ama, entonces estamos simplemente diciendo que nuestro dios es el Cochino pues a él si le gustan todas aquellas acciones que nos separan del amor del Padre.  ¿De quién somos hijos? ¿Cuáles son nuestras actitudes y acciones hacia la vida y hacia los demás? Por supuesto que esto no es fácil. Todo tiene un esfuerzo y sacrificio, pero cuando ese esfuerzo y sacrificio se hace en pos de la libertad en Cristo, entonces todo lo demás viene por añadidura.  Reconocer que somos esclavos del pecado, es el primer paso hacia nuestra libertad. No pretendamos pedir nuestra libertad, cuando no estamos dispuestos a reconocer que hemos fallado a su amor. Recordemos nuevamente al hijo prodigo: “Finalmente recapacitó y se dijo: &amp;quot;¡Cuántos asalariados de mi padre tienen pan de sobra, mientras yo aquí me muero de hambre! Tengo que hacer algo: volveré donde mi padre y le diré: Padre, he pecado contra Dios y contra ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo. Trátame como a uno de tus asalariados”  Eso es, debemos de recapacitar y ver nuestras realidades; preguntarnos cómo está nuestra vida y ver lo que hemos hecho con ella. ¿En dónde nos encontramos en este momento? ¿Qué necesitamos hacer o decir para devolvernos al Padre? Cada uno de nosotros sabemos la respuesta correcta a estas preguntas.   Nuevamente, podemos pensar que todo es difícil pues el hecho de cambiar nuestras rutinas significa que nuestros placeres dejarán de tomar control sobre nosotros y más aun cuando hemos vivido años esclavizados a esa cadena del pecado (cualquiera que este sea en nuestras vidas) Pero debemos reconocer que cuanto más pensemos en lo difícil que es, entonces será así. La realidad es que todo esto es fácil si nos dejamos conducir por el mismo amor de Dios. Jesús dijo: “Carguen con mi yugo y aprendan de mi, que soy paciente y humilde de corazón, y sus almas encontrarán descanso. Pues mi yugo es suave y mi carga liviana”. Mt 11: 29-30  Por supuesto que encontraremos baches en el camino, que la lucha será fuerte pues el enemigo no querrá que nos apartemos del pecado. Aun en nuestro propio hogar habrá conflictos que nos tratarán de separar nuevamente de su libertad, para volver al libertinaje. No permitamos que esas luchas nos hagan caer nuevamente en las garras de esa esclavitud de la que un día salimos; dejémonos conducir por el Señor que es a final de cuentas, el verdadero camino, verdad y vida. Jn 14: 6  La próxima semana hablaremos de la “Liberación.” Puedes leer estos otros dos blogs que te pueden ayudar en tu proceso cuaresmal: Cuaresma parte uno y Cuaresma parte 2  Bendiciones  René Alvarado</itunes:summary>	</item>
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		<title>De alabanza a la contemplaci&#243;n</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Oct 2010 23:12:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
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	<itunes:author>René Alvarado</itunes:author><itunes:subtitle>Ya no podemos dejar que las situaciones adversas detengan nuestra jornada hacia nuestro Shalom; debemos de continuar y es precisamente por medio de la oración como vamos a lograrlo. Recordemos que en la clase pasada vimos como por medio de la ora</itunes:subtitle><itunes:summary>Ya no podemos dejar que las situaciones adversas detengan nuestra jornada hacia nuestro Shalom; debemos de continuar y es precisamente por medio de la oración como vamos a lograrlo. Recordemos que en la clase pasada vimos como por medio de la oración, buscamos no como Dios me puede agradar a mí, sino cómo estoy siendo fortalecido en mi misión de alcanzar almas a sus pies. Veamos el ejemplo de Martha y María, las hermanas de Lázaro a quien Jesús resucitó: “…Tenía una hermana llamada María, que se sentó a los pies del Señor y se quedó escuchando su palabra. Mientras tanto Marta estaba absorbida por los muchos quehaceres de la casa. En cierto momento Marta se acercó a Jesús (en quejabanza) y le dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para atender? Dile que me ayude.» Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, tú andas preocupada y te pierdes en mil cosas: una sola es necesaria. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada.»”Jn 6:27Jn 12:31:He 6:2  Lo primordial de nuestra oración no es el tanto hablar, sino más bien, el saber escuchar su voz que clama en el desierto de nuestras vidas. A nosotros los servidores se nos va el tiempo en hablar tanto de Dios a los demás por medio de conejos, digo “consejos”, que se nos olvida que es todo lo contrario, que debemos de hablar más con él que hablar de él. Es como aquella muchacha que tenía dos enamorados, uno de ellos era su novio y el otro su amigo. El novio siempre hablaba a todos sus amigos sobre la maravillosa novia que tenía, mientras que el amigo se dedicaba todo el tiempo a hablar con ella. ¿Con quién se quedo la muchacha? Pues con el amigo. Lo mismo sucede con el servidor que pasa el tiempo hablando de Dios olvidándose de hablar con él.  Una vez más lo repetimos, cuando se dice de hablar más con él, no es necesariamente para que aprovechemos el tiempo para la quejabanza. Este tiempo es importante para que guardemos un poco de silencio y sepamos escuchar su voz latente en nuestro interior y luego anonadados, le respondamos con alabanza.  Cuando Dios habla, no es para que transformemos la vida de los demás pues eso de por si es nuestra misión, por medio del testimonio; cuando nos habla es más bien, para que podamos experimentar su fortaleza en medio de todo lo que “sufrimos” en el servicio. Es precisamente de esto en lo que nos enfocaremos en esta clase.  ¿Cómo le haremos para alcanzar la cúspide de nuestra oración? Pues, para comenzar hay tres puntos importantes que debemos de considerar: La alabanza, la adoración y la contemplación.  Es bueno mencionar que el método que usemos personalmente, puede ser muy distinto al que aquí nos referimos, pues cada uno de nosotros llevará una vida de oración muy diferente de otras personas y, la experiencia a su vez, será distinta una de la otra.  Debemos notar también que el deseo de orar debe de ser sincero (Del lat. Sincērus = puro, sin mancha), exponiendo todo lo que somos al Padre. Recordemos que podemos engañar a muchas personas, e inclusive podemos hasta engañarnos a nosotros mismos, pero a Dios nunca lo podremos engañar. Él nos conoce mejor que nuestras propias madres. Dice su palabra: “Escúchenme, islas lejanas, pongan atención, pueblos. Yahvé me llamó desde el vientre de mi madre, conoció mi nombre desde antes que naciera” Is 49:1. Por lo tanto seamos sinceros ante la presencia del Señor.  La alabanza  Es la manera usual en la que empezamos nuestro diálogo con el Padre. Es aquí en donde comenzamos a calentar el motor del vehículo que nos llevará hacia la presencia de Dios. “La alabanza es la forma de orar que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios. Le canta por él mismo, le da gloria no por lo que hace, sino por lo que él es” NC 2639. Es a través de los cánticos y de nuestra unión en la alegría del espíritu, como podemos dar inicio a una oración profunda, agradeciendo al Señor su inmensa misericordia por cada uno de los momentos en los que él ha obrado por nosotros.  Es éste el paso que necesitamos muchos de nosotros, para quebrantar el hielo de los corazones. La alabanza es la manera en la cual integraremos nuestro espíritu con el Espíritu del Padre, preparándonos interiormente con el deseo de dialogar con él y el deseo de visualizar su rostro (Fil 4: 4-7) Como nos dice el Santo Job: “¡Ojalá que mis palabras se escribieran y se grabaran en el bronce, y con un punzón de hierro o estilete para siempre en la piedra se esculpieran! Bien sé yo que mi Defensor vive y que él hablará el último, de pie sobre la tierra. Yo me pondré de pie dentro de mi piel y en mi propia carne veré a Dios. Yo lo contemplaré, yo mismo. Él es a quien veré y no a otro: mi corazón desfallece esperándolo” Job 19: 23-27  Desde el momento de la alabanza, nuestras almas empezarán a disfrutar de la presencia del Padre en el Espíritu Santo, lanzando nuestra oración al Señor en una acción de gracias y llenando nuestro ser de un gozo tal que podremos desde el mismo inicio experimentar a Dios obrando desde ya, en nuestras vidas (Sal 68: 33-36; Ex 15: 11-18). Es aquí en donde empezamos a dejar por un lado todo aquello que no nos permite adórale a plenitud, como ese odio o rencor, esa ira, esos celos, esas vanaglorias, etc., es decir nuestras oscuridades.  La adoración   Es la primera actitud de nuestro espíritu al reconocer que hablar con el Padre a través de Jesús, lo hacemos libre de todo pensamiento material y que lo reconocemos en el silencio de nuestros corazones, un momento lleno de entrega y humildad, aceptando su Espíritu de amor y bondad en lo más profundo de nuestro ser, teniendo en cuenta que somos sus hijos amados.  Es éste el momento en el que el Espíritu conduce nuestras almas a la exaltación del Padre. Es el tiempo en el que lanzamos palabras llenas de humildad, reconociéndolo como el verdadero Dios; como el verdadero Señor de nuestras vidas; como el que nos muestra su imagen preciosa, con los brazos abiertos y diciendo a nuestros corazones “¡Hijo te amo, hija te amo!“  Podemos reconocer a través de la adoración, que él está verdaderamente ahí al lado nuestro y que con nuestras palabras, exaltamos su nombre alabándolo y glorificándolo en lo más íntimo de nuestro ser (Sal 96: 1-7)  Adorarlo es hacerlo nuestro verdadero Padre, es saber escucharlo y saber atender a su voz en nuestros corazones; Es poder palparlo y abrazarlo en medio de nuestras penas, dolores y sufrimientos; Es decirle un “¡Te alabo y te exalto, porque tú eres mi Dios y mi Señor! “ Es poder derramar lágrimas de alegría; es extender nuestros brazos y cantarle aleluya desde lo más profundo de nuestro corazón; Es poder decirle Abbá papito; es injertarnos en toda su grandeza y proclamarlo Rey de reyes y Señor de señores.  “Adorar a Dios es reconocer, con respeto y sumisión absolutos, la «nada de la criatura», que sólo existe por Dios. Adorar a Dios es alabarlo, exaltarle y humillarse a sí mismo, como hace María en la Magnífica, confesando con gratitud que él ha hecho grandes cosas y que su nombre es santo. La adoración del Dios único libera al hombre del repliegue sobre sí mismo, de la esclavitud del pecado y de la idolatría del mundo.” NC 2097 Ez 16:60; He 13:34  La contemplación  Es el momento en el que profundizamos en nuestro diálogo con el Padre, el instante en el que contemplamos el rostro del Señor.  Hablar de contemplación significa que, nos dejaremos llevar por la presencia de Dios, experimentando el estar a su lado, desde el punto más profundo del corazón, en el silencio de nuestras almas.   Es por ello que muchos de nosotros no alcanzamos éste nivel de oración. Nos esforzamos en pensar como Dios nos va agradar y no guardamos el silencio necesario. Contemplarlo es vernos anonadados ante su presencia, es no pensar en “yo y Jesús“, sino en el Jesús total.  En la oración de contemplación, buscamos siempre a Jesús a quien no se le tiene que dirigir palabra alguna para poder disfrutar de su presencia. Más bien, se trata de verlo y de escuchar su voz en nuestro corazón (Hc 2:25-28) Porque si es cierto que a Dios no se le puede ver, también es cierto que lo podemos contemplar a través de ver a Jesús, pues “él es la imagen del Dios que no se puede ver” Col. 1: 15.  Es en éste momento en el que podremos experimentar su real grandeza, dirigiéndose a nosotros con amor y ternura. Es poder ver su imagen reflejando su Luz eterna sobre nosotros, sembrando en nuestros corazones un espíritu de paz y de armonía.  Qué más se podrá decir de este momento tan especial, si no lo vivimos, si no lo experimentamos nosotros mismos, nunca podremos descifrarlo a plenitud.  Entonces diremos que la contemplación es el momento más importante dentro de la oración, pues ella nos lleva directos a la presencia de Dios por medio de Jesús a través del Espíritu Santo.  Para terminar esta sección, tenemos que recordar dos aspectos importantes dentro de la vida del servidor de Dios: 1. Que somos sus hijos y 2. Que tenemos que vivir una vida constante de comunicación con él. Voy a recordar nuevamente esto: “No podemos ser fieles servidores, cuando solamente nos dedicamos a hablar de Dios a los demás” Por el contrario, nuestro deber como cristianos servidores es el de tener un diálogo constante con el Padre, para poder llevar su mensaje de salvación a la humanidad. Tenemos que vivirlo y disfrutarlo en la oración, para trasmitir esa misma alegría a los corazones que están en necesidad de experimentar la paz y la alegría del Señor.  Muchos servidores dentro de la renovación carismática, tienden a olvidar que la oración es lo más importante de sus vidas. Olvidan sobre todo que cuando se ora el Espíritu de Dios se derrama, especialmente sobre aquellos que están dispuestos a dejarse llenar de él. Es que solo nos gusta la euforia, el bullicio del momento y cuando nos dicen: “Hermanos, inclinemos nuestro rostro y cerremos esos ojos hermosos que el Señor nos regaló, vamos a orar”, es triste ver como aquellos servidores se ponen a hablar allá atrás de las ovejitas. ¿Qué hablarán? O más bien dicho ¿De quién hablarán?  La realidad es que, aunque el Espíritu del Padre, es dicha y felicidad, también y más aun es gozo y paz interior. Ese mismo gozo nos hace levantar nuestras manos y declarar con firmeza que confiamos plenamente en su amor. Que no hay nada ni nadie que tiene el poder para realizar en nuestras vidas todo aquello que anhela nuestro corazón. Es ahí precisamente en el que muchos caemos, porque no comprendemos que para que él obre, hay que dejarnos doblegar por ese Espíritu de amor.  Es por eso mismo que Dios nos dice a través del profeta Isaías: “A ver ustedes que andan con sed, ¡vengan a las aguas! No importa que estén sin plata, vengan;… Atiéndanme y acérquense a mí, escúchenme y su alma vivirá.” Is 55: 1-3  Lo que sucede creo, es que, muchos tenemos miedo de abrirnos a él. Esto es un tanto ridículo pues él ya conoce de qué pata cojeamos. (Mt 6: 6) Es por ello que les cuesta adentrarse a esa paz y amor que se da mediante la oración y especialmente cuando hay que escuchar su voz que con claridad quiere llegar a nuestro interior. Los miedos, las angustias y toda basura que llevamos anidados en el corazón, no permiten adorarlo, pues los gritos de desesperación pidiendo sane nuestros dolores y sufrimientos, opacan el Espíritu de Dios que quiere fundir su plenitud, para extirpar nuestras dolencias y regalarnos la tranquilidad deseada.  Démosle una oportunidad al Espíritu de Dios que produzca en nosotros aquellos dones, frutos y carismas espirituales, para que un día alcancemos Shalom. No permitamos que el enemigo venga a quitarnos lo que ya por el bautismo hemos recibido como regalo de Dios y venzámoslo por medio de la oración y entonces nuestras almas vivirán.  “Vivan orando y suplicando. Oren en todo tiempo según les inspire el Espíritu. Velen en común y prosigan sus oraciones sin desanimarse nunca, intercediendo a favor de todos sus hermanos” Ef 6:18  En el amor de Jesús  René Alvarado</itunes:summary>	</item>
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		<title>El orar en Esp&#237;ritu y en verdad</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Oct 2010 16:05:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
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Cuando leemos las Escrituras, encontramos muchas maneras en las que se nos introduce o se nos enseña a orar. Una de ellas es la oración del Padrenuestro. Otra es la que como Iglesia hemos rezado por siglos y la cual nos ha ayudado en muchas maneras como lo es, el Ave María y usualmente lo rezamos en el Santo Rosario. Pero una de las mejores maneras de oración es el de orar en Espíritu y verdad. (Jn 4: 23)

¿Pero qué significa ese adorarlo en espíritu y verdad? Pues significa que estamos vinculados a él, en conciencia, pero no obligados a él. Es decir, que nuestro ser interior estará unido a él, pero sin ser forzados. Y el mismo Señor Jesús nos lo enseñó, dándose a sí mismo y mostrándonos su vinculación con el Padre, no forzadamente, sino que en una manera humilde, no obligado, pero con el libre deseo de hacerlo.

Por otro lado tenemos que estar conscientes que al adentrarnos a la oración interior, estamos aceptando voluntariamente tener ese encuentro personal con Jesús, así como él lo tuvo con su Padre. Veamos por ejemplo el Evangelio de San Lucas 22: 39-42: “Después Jesús salió y se fue, como era su costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron también sus discípulos. Llegados al lugar, les dijo: «Oren para que no caigan en tentación». Después se alejó de ellos como a la distancia de un tiro de piedra, y doblando las rodillas oraba con estas palabras: «Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». Entonces se le apareció un ángel del cielo para animarlo. Entró en agonía y oraba con mayor insistencia. Su sudor se convirtió en gotas de sangre que caían hasta el suelo.”

Qué hermoso encuentro de Jesús con Abbá papito. Se debe llegar a tal punto que podamos dialogar con él, de tal manera, que en nuestro interior podamos descubrir el deseo fecundo del Padre para nuestras vidas. Y claro eso significa sacrificio y entrega total, aceptando lo que él disponga y no lo que nosotros queramos de él. Además, Jesús en su oración profunda, nunca escuchó del Padre decir: “Mira Hijo, te voy a decir lo que debes de decirle a los que te van a crucificar…” Dios no trata con nadie de esa manera. La misma experiencia de la Pasión sería la que daría la pauta y el testimonio de lo que Dios ha querido siempre para su pueblo, la salvación de sus almas.

En nuestra oración buscamos no como Dios me puede agradar a mí, ni buscamos lo que Dios le quiere decir a alguien más por mi conducto, sino: como yo puedo agradar a Dios. Además recordemos que a Dios no lo debemos de buscar solamente en la algarabía (bullicio desordenado) o, en medio de la euforia, más bien, debemos buscarlo en el silencio de nuestras almas, ya que es ahí en donde verdaderamente podremos escuchar su Palabra. “La oración de fe no consiste solamente en decir «Señor, Señor», sino en disponer el corazón para hacer la voluntad del Padre” (Mt 7: 21)

Eso es precisamente lo que hizo Jesús, doblando rodillas y rostro postrado en tierra. Recordemos que Jesús fue hombre carnal (Sarx), que experimentaba como nosotros dolor ya sea físico o corporal. ¿No es cierto que cuando nos hacen daño, sufrimos? Más sin embargo, únicamente aquellos que han estado a punto de ser asesinados, quizá con una pistola apuntada en su rostro o su corazón, después de haber sido torturado, podrá comprender el momento tan crítico que el Señor atravesó en ese huerto. Solamente la fe proyectada en su humanidad, logró que el mismo Espíritu del Padre le diera las fuerzas necesarias para sobre llevar a aquel instante de angustia.

Jesús, supo siempre desde su niñez, a lo que se había comprometido. Isaías en el capítulo 6 y verso 8 nos habla al respecto: “Y oí la voz del Señor que decía: « ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?» Y respondí: «Aquí me tienes, mándame a mí”. Él sabía exactamente el propósito de ese instante al que llamamos Kénosis, es decir ese desprendimiento de su divinidad e igualdad con Dios Padre. Aun así sabiendo su misión, experimentó el sentirse abandonado no solamente por los que aunque caminaron con él, nunca supieron el verdadero valor, ni mucho menos el significado del nacer de nuevo en el Espíritu, sino que también en cierta manera percibió a plenitud el desprendimiento del Espíritu, para experimentar la carne que forma nuestra humanidad.

En ese proceso, Jesús oró con mucho más ímpetu, aunque la carne lo dominaba por instantes, él confió que el Espíritu del Padre respaldaría su accionar.

“La carne es débil, pero el Espíritu es fortaleza”. Creo que esa misma es nuestra lucha. Nuestra carne es débil y por lo tanto nos dejamos conducir por la misma y nos olvidamos que en medio de nuestros problemas o situaciones dolorosas, el Espíritu del Padre es quien está ahí, siempre dispuesto a atendernos en los momentos más críticos de nuestras vidas. Es por ello que muchos se alejan, porque no saben apreciar la gracia de Dios en medio de sus desiertos o huerto de sus pasiones. Es que cuesta doblar rodillas y postrar nuestro rostro en tierra, humillados ante su bendita presencia para decir: “Padre, que en medio de lo que estoy sufriendo, tu nombre sea glorificado”.

Hay que soltarnos al Espíritu de bondad, desistiendo de nosotros mismos para que el Señor, ilumine nuestro ser, siendo él, el que nos introduzca a la verdad total y, sobre todo, para que en medio de nuestra oración, sepamos a plenitud el destino de nuestra misión.

Jesús nos enseña a orar

“El Hijo de Dios hecho Hijo de la Virgen aprendió a orar conforme a su corazón de hombre”. NC 2599

Jesús oró en todo momento. Antes de un milagro (Mt 15: 35-36); Durante su martirio en la Cruz del Calvario (Mc 15: 33-34). El Señor nunca dejó la comunicación con el Padre. Inclusive en los momentos en que pareciera que no mucho le interesaba los dolores de los demás, él siempre estuvo orando (Jn 11: 21-22; 38: 44)

El Señor siempre oró confiado en que el Padre lo escuchaba siendo toda su oración llena de entrega y humildad, dejando que fuera Dios mismo, quien obrara desde antes que se lo pidiese (Jn 11: 41-43). Sería interesante saber cuántos de nosotros somos humildes y entregados al diálogo con Dios. Claro alguien dirá pro ahí que son humildes por el hecho de no tener dinero. Todos los que conocemos del amor del Padre sabemos que la falta de dinero no nos hace serlo, por el contrario hay tantos pobres de dinero que son más orgullosos y soberbios que algunos acomodados en sus riquezas. Más bien, debemos de recordar lo que nos dice el Evangelio de San Mateo en el 5: 3 “Felices los que tienen el espíritu del pobre, porque de ellos es el Reino de los Cielos”.

A pesar de su humanidad, Jesús nunca se dejó llevar por las circunstancias que le rodeaban, ni por los problemas, cansancios ni dolores (Mc 4: 35-40) Él siempre sostuvo la comunicación con el Padre hasta el máximo, dando su propia vida por obedecerle. De la misma manera nuestra vida de oración debe de consistir en entrega y sacrificio, en obediencia y en amor[2] .

Jesús, nos enseña que debemos de confiar plenamente en el Padre, que nunca vengamos a él, sin creer que lo que necesitamos, ya nos lo ha concedido (Mt 6: 6)

Además el Señor también nos enseña que debemos tratar de alejarnos del bullicio del mundo. Que constantemente busquemos los lugares más silenciosos. Él, aprovechó a plenitud esos momentos a solas con el Padre, compartiendo su oración humana, en medio de sus debilidades y angustias, (Lc 22: 41-42) pidiendo constantemente por cada uno de sus seguidores y por las necesidades de su pueblo (Jn 17: 9-11). Una vez más insistimos, no para que Dios nos diga lo que a otros les pasa, más bien, es para que por medio de nuestra oración, las necesidades de los demás, sean atendidas por Dios.

Jesús nos pide que dediquemos tiempo para nuestra oración personal. Que por un momento nos apartemos de lo que nos rodea y que sin desanimarnos doblemos nuestras rodillas para hablar con el Padre que escucha y que atiende a nuestras súplicas (Mc 14: 37-38)

Uno de los aspectos más importantes de la oración de Jesús es que nos guía a la presencia del Padre a través de la oración de contemplación, es decir que nos lleva a un acercamiento más directo con Dios, hasta el punto tal, que lograremos visualizarlo en el mismo Señor Jesucristo. (Jn 14: 7-14; Col 1:15)

Si verdaderamente deseamos llegar a éste instante, debemos reconocer que a Dios se le busca en los buenos y en los malos momentos. Hay quienes lo buscan solamente cuando se encuentran enfermos o porque sus hijos tienen problemas, etc., olvidándose de él cuando se encuentran bien.

Es por ello que se hace muy difícil para muchos de nosotros lograr comprender del por qué estamos en tal situación (de enfermedad o dolor), y por más que pedimos al Padre que nos sane, es como que él no nos escucha. Pero debemos de aprender a perseverar en esos momentos de angustias, penas o enfermedades, sin preocuparnos del por qué Dios no nos atiende, más bien dándole gloria por los momentos difíciles que atravesamos. Veamos nuevamente a Jesús en el huerto, tres veces oró la misma oración: “Padre, si quieres, aparta de mí esta copa”. Aun así no recibió respuesta audible del Padre; sin embargo, reconoció en su interior que el Padre estaba ahí, junto a él, y eso lo animó a levantarse y con fortaleza espiritual dijo: “…pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Un ejemplo bien hermoso que tenemos es el de Santa Rosa de Lima, quien oraba de la siguiente manera: “¡Padre, aumenta mis dolores, pero con la misma medida, auméntame tu amor! “ Su bella oración nos enseña que tenemos que ir más allá del tiempo o el momento en el que nos encontramos; y tomados de las manos del Espíritu Santo, es precisamente en ese instante en el que verdaderamente nos acercamos más y más al Señor.

No se trata simplemente de lanzar una oración de flecha: “¡Ayúdame Dios mío!”, o que al comenzar nuestra oración, nos de sueño y nos quedemos dormidos, diz que descansando en el Espíritu. Si nos dormimos en los momentos en los que todo nos sale bien, ¿qué pasará cuando nuestra oración sea llevada por la necesidad de adorar y ensalzar su bello nombre?

Santa Teresa la Grande, oraba en todo momento para vencer las tentaciones de la carne. Un día está en su oración cuando le dieron ganas de ir al baño a hacer del dos. Entró pues al sanitario y sentadita empezó a adorar al Padre diciendo: “Mi alma te alaba mi Dios y mi Señor…” Cuando en eso entra el Diablo y le dice: “Pero mira nada más, cómo tu orando, en gran alabanza a Dios en medio de estos olores; este no es el lugar indicado para tu adoración.” Entonces Teresa le responde: “Mira Diablo, todo lo que sale de mi pecho, va para Dios y todo lo que sale de mi estomago, va para ti.” En ese momento el Diablo se retiro.

Jesús oró con gran intensidad en el Huerto hasta sudar sangre dijimos y aun así la Escritura no nos dice que Dios le respondió, pero el Espíritu le acompañó. El Señor siempre supo que ese Ruah del Padre ya moraba sobre él, y que sería aquel soplo quien le daría la fortaleza para continuar su Pasión.

Es curioso escudriñar los instantes en los que Jesús orando se comunicaba con el Padre. Cuántas veces pidió por él mismo y cuantas por el pueblo. En nuestro balance, ¿Cuántas veces le pedimos a Dios por nuestros problemas y cuántas veces pedimos por las necesidades del mundo? ¿Cuántas veces estamos como la llorona? Siempre en quejabanza y no en verdadera alabanza.

Cuando Jesús fue llevado al matadero, fue maltratado y abusado físicamente y más sin embargo nos damos cuenta a través de las Escrituras que nunca se quejó, excepto una en la que preguntó a aquel soldado del por qué le había pegado. (Jn 18: 22-23) Es que él sabía perfectamente que en medio de aquel dolor, de todo sufrimiento, el poder y la gloria de Dios se manifestaría por medio de su Espíritu de amor. Eso le animó a levantarse después de caer tres veces y de soportar aquellos clavos que poco a poco penetraban sus manos y sus pies. Aun así, ya clavado, nunca dejo de misionar, siempre fiel y obediente salvando a un mal hechor de todos sus pecados, bebiendo de aquel vino agridulce, que significaba las amarguras que cargaba en sí de la humanidad y finalmente, el proceso de experimentar hasta su último aliento aquella Kénosis y sentirse abandonado por él mismo: “…y a esa hora Jesús gritó con voz potente: «Eloí, Eloí, lammá sabactani», que quiere decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»”

Ese es el drama de la oración. Pensar por un momento que Jesús se sintió abandonado y lograr por encima de eso la victoria sobre el pecado. ¿Cuál es el drama de nuestra oración? ¿De qué pata nos estamos quejando? Analicemos seriamente nuestras vidas y pongamos sobre una balanza el peso de la oración y el peso de nuestra quejabanza. ¿Qué pesa más? ¿El Espíritu de amor o nuestras propias necesidades?

Por supuesto que no solamente en la tristeza se encuentra al Señor. También lo encontramos en medio de la alegría. Cuando los hermanos vienen a mí en búsqueda de oración, y vienen con cara de chucho a medio morir, les advierto que para que Dios responda a su petición deben de venir alegres pues en precisamente el venir así como dios sabe que en medio de toda oscuridad, su nombre será enaltecido, pero si venimos hasta con la lengua de fuera, entonces la respuesta de Dios dilatará hasta que mostremos que creemos sin ver.

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		<title>El pecado en contra del Esp&#237;ritu Santo</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Sep 2010 03:00:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Es bueno saber que Dios siempre ha querido nuestro bienestar, pero nosotros con nuestras terquedades, nos soltamos de sus manos para tomar caminos diferentes y contrarios a la voluntad latente del Padre, para la salvación de nuestras almas. El problema ha sido, creo, el hecho que siempre andamos buscando aquello que nos recompense externamente y [...]]]></description>
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	<itunes:author>René Alvarado</itunes:author><itunes:subtitle>Es bueno saber que Dios siempre ha querido nuestro bienestar, pero nosotros con nuestras terquedades, nos soltamos de sus manos para tomar caminos diferentes y contrarios a la voluntad latente del Padre, para la salvación de nuestras almas. El pr</itunes:subtitle><itunes:summary>Es bueno saber que Dios siempre ha querido nuestro bienestar, pero nosotros con nuestras terquedades, nos soltamos de sus manos para tomar caminos diferentes y contrarios a la voluntad latente del Padre, para la salvación de nuestras almas. El problema ha sido, creo, el hecho que siempre andamos buscando aquello que nos recompense externamente y más sin embargo, nos cuesta comprender que lo importante no es la ropa que nos ponemos, porque de nada sirve un lindo vestido o el mejor pantalón, si nunca nos bañamos. Como dice aquel viejo refrán: “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”.   Hay ciertas cosas a las que debemos de poner atención para que realmente podamos sembrar una buena semilla para producir los frutos deseados. Primero, tenemos que entender que es Dios el que nos da sus dones, no somos nosotros los que por arte de magia los sacamos de la manga. Segundo, debemos de darnos cuenta que es su Espíritu el que nos conduce por medio de esos dones y tercero, comprender que un día tendremos que retornar esos dones, al momento de entregar la vida. (Lc 26: 46. Sal 31:6)  Por otro lado, bien sabemos que al dejarnos conducir por ese Espíritu de amor con fidelidad, significa que nuestra voluntad está volcada a contribuir con el amor eterno con el que el Padre nos ama. Pero eso siempre ha sido nuestro talón de Aquiles; aun así seamos renovados en el Espíritu Santo o solamente seamos de los que venimos a calentar bancas, debemos de mantenernos fiel a la fidelidad con la misma benignidad que el Señor la tiene con nosotros.  Jesús mismo le fue fiel a su padre y a su misión. Ya anteriormente dijimos como él, dejándose conducir por el Espíritu de amor, emprendió su misión en medio de un mundo que parecía complaciente ante las calamidades ocurridas específicamente hablando de Palestina, en donde Jesús se desenvolvió. Pero no por ello él dejó por un lado su misión, siendo fiel hasta la muerte. Es que tenemos que escudriñar las Escrituras y darnos cuenta que Jesús siendo el Verbo, alcanzó la condición de hombre carnal (en griego sarx = carne que se pudre). Filipenses en capítulo 2 versos del 6 al 8, nos habla al respecto: “Él compartía la naturaleza divina, 6 y no consideraba indebida la igualdad con Dios, 6 sin embargo se redujo a nada (del griego ekénosen = vaciarse), tomando la condición de siervo, 7 y se hizo semejante a los hombres (a esto le llamamos Kénosis es decir estar anonadado). Y encontrándose en la condición humana, se rebajó a sí mismo8 haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” 8 Es decir, él en su condición humana, se aferró siempre a su fidelidad con Dios, aunque esto le presentara momentos duros en los que carnalmente hubiere perdido el control y por ende, darse la vuelta y proseguir su camino en sentido contrario a su misión.  En su catequesis “Jesús, verdadero Dios, verdadero hombre”, el Papa Juan Pablo II nos habla que: “Jesucristo verdadero Dios y verdadero Hombre: es el misterio central de nuestra fe y es también la verdad-clave de nuestras catequesis cristológicas,” además agrega: “Jesús tiene pues un cuerpo sometido al cansancio, al sufrimiento, un cuerpo mortal. Un cuerpo que al final sufre las torturas del martirio mediante la flagelación, la coronación de espinas y, por último, la crucifixión”   En nuestro caso se puede decir que somos un tanto al revezado. Empezamos por la carne y terminamos por el Espíritu y luego volvemos a la carne. Las consecuencias del vivir la kénosis, en nuestra propia vida se tornan difíciles pues no nos gusta experimentar dolor o sufrimiento y ello nos lleva a actuar contrario a lo que es nuestra misión.   Cuando nos desviamos de nuestra misión, nos encontramos con un mundo lleno de “mejórales” para calmar nuestros dolores y ansiedades y por ende caemos en pecados que dañan no solamente a nuestro propio espíritu, sino que también dañan a los que nos rodean. Es que si no queremos experimentar ningún tipo de desierto, ni mucho menos queremos experimentar la soledad del Getsemaní, entonces nunca llegaremos a la cruz y, si logramos llegar a pesar de todo, lo haremos como uno de los dos malhechores crucificados al lado del Señor.  Lo curioso es que siempre somos como Pedro que viendo el semblante entristecido del Señor, le dice: “Señor, estoy dispuesto a ir contigo a la prisión y a la muerte”. Al escucharlo, Jesús le responde en una manera tierna, viéndolo directamente a los ojos: “Hay Pedrito, no sabes lo que estás diciendo. Esta misma noche, antes que cante el gallo me habrás negado tres veces”. Sería interesante averiguar cuántas veces nos ha cantado ya el gallo.  Recordemos que el mundo está lleno de mucha falsa felicidad y que nosotros somos parte de ese mundo, pero que no pertenecemos a él. Esto causa algo de problemas pues, en nuestra ansia de ser felices, de alguna manera nos vemos envueltos en actividades que ofenden no sólo a Dios, sino que a nuestro propio ser y a la vez, ofenden a nuestro semejantes y sobre todo y lo más crítico de todo, es que, ofendemos al Espíritu que Dios ha soplado sobre nuestras vidas el día de nuestro bautismo y si no corregimos la falta, entonces aunque vivamos una vida llena de euforia espiritual, quién sabe si entraremos a la tierra prometida.   Esto afecta nuestra intimidad con Dios y, en alguna manera nos va alejando de su amor que es al final de cuentas lo que es importante en nuestras vidas. Recordemos que el pecado que en apariencia es bueno mientras lo cometemos siempre nos cobra un precio y que el mismo tomándonos de la mano, nos lleva por los senderos de la muerte siendo esa la realidad que para muchos al darse cuenta para donde van, es demasiado tarde para corregir. Es como aquel hombre que iba con esposas en sus manos, acompañado por dos oficiales de la policía. En el camino lo encuentran unos viejos amigos que le preguntan: “¿Para dónde vas? A lo que responde: “¡No voy, me llevan!  Eso sí que es triste, “no voy, me llevan”. Para muchos que se dicen renovados en el Espíritu, su hipocresía los conduce hacía la muerte eterna. Van como programados por el pecado, encadenados, sin futuro, porque no viven el presente de acuerdo a la misión que les fue encomendada por el Padre. Es por eso que ante cualquier calamidad caen rotundamente y luego se preguntan: “¿Por qué a mí? Si yo aplaudo en el grupo y me golpeo el pecho ante el Santísimo”  Claro, en el grupo aplaudimos con enjundia, pero en la casa, en el trabajo o en la misma calle, actuamos con bajeza, golpeando y maldiciendo y sobre todo, blasfemando en contra del Espíritu Santo. Para muchos es fácil venir a derramar lágrimas ante una asamblea de oración y hay hermanos predicadores que poseen el carisma de la oración profunda que hace llorar a la gente y más sin embargo, lo mismo les da orar al Dios vivo en las asambleas que ir inmediatamente después a un centro espiritista para hablar con los muertos.  “En verdad les digo: se les perdonará todo a los hombres, ya sean pecados o blasfemias contra Dios, por muchos que sean. En cambio el que calumnie al Espíritu Santo, no tendrá jamás perdón, pues se queda con un pecado que nunca lo dejará” Mc 3: 28  Pensemos por un instante en todo cuanto hicimos antes de ser renovados en el Espíritu Santo y todo cuanto hemos hecho desde ese instante. Pongámoslo todo en la balanza y descubramos que es lo que ha tenido más peso: la vida anterior o la que vivimos hoy día. Solamente cuando ponemos nuestra vida en la balanza, es como sabremos cuanto hemos ofendido a Dios.  ¿Cuántas veces Dios ha querido que nos dejemos conducir por su Espíritu de amor? “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus polluelos debajo de sus alas, y tú no has querido!” Lc 13: 34. Y más sin embargo como los israelitas, resistimos al Espíritu, es como si alguien viniera y nos dijera que si le damos un billete de $5.00, él nos lo cambiará por uno de $100.00; ¿qué pasa? Si no confiamos en aquel personaje, nunca le daremos nuestro billete porque es de $5.00 y nos ha costado el sudor de la frente tenerlo. Nos resistimos a dárselo porque el dinero nos conduce y no pensamos que en realidad podríamos hacernos riquillos con cien en la mano que con los cinco que no quisimos dar. Lo mismo sucede cuando viene el Espíritu de amor a cambiar nuestras vidas cochambrosas, por una vida pura, sino confiamos en él, siempre seguiremos enlodados por el pecado.  Por otro lado debemos de reconocer que ese Espíritu que el Padre bueno nos ha dado el día de nuestro bautismo, es transformado en una llama ardiente que purifica el interior y que quiere arder para la eternidad y, ¿qué hacemos nosotros? Pues convertirnos en bomberos voluntarios, es decir, vamos todo el tiempo con la manguera lista, siempre dispuestos para apagar ese fuego. Es como aquel cántico que dice: “Manda el fuego Señor, manda el fuego y bautízame con tu poder” y cuando él lo envía y comienza a quemarnos, decimos: “Manda la lluvia…” Es que el Espíritu quema porque está chamuscando todo aquello que existió en nuestro pasado, para que el día menos pensado, ya limpios ya de todo pecado, seamos levantados en gloria para la vida eterna.  El Apóstol Pablo, hacía este ruego a los tesalonicenses: “¡No apaguen el (fuego del) Espíritu! Ellos fueron una comunidad que vivía una renovación espiritual y más sin embargo, aunque aplaudían y lloriqueaban hasta salírseles las candelas de colores, se trataban mal entre los hermanos, criticándose unos a otros, jalándose las greñas y discutiendo si el líder actual era el correcto o no, siempre manguereando el fuego derramado por Dios . Es por ello que Pablo interviene y les recuerda que el Espíritu de Dios es muy contrario a todas esas actitudes oscuras y ajenas a las realidades de amor y mansedumbre que el Señor pidió de sus seguidores.  Cada instante en el que pecamos, es como si le diéramos la espalda a Dios mismo. Es como si después de haber dado todo lo que teníamos por nuestros hijos, llegado el momento, ellos no respondieran a nuestros sacrificios de amor y emprendiendo sus propios caminos se alejaran de nosotros, sin poner atención a todas aquellas palabras de sabiduría y de tantos concejos que les dimos, para caminar rectos en la vida. Claro esto a parte de los besos y abrazos que siempre recibieron de nosotros. Es triste ver que aun así les dimos todo el calor de nuestro corazón, ellos simplemente lo apagan con sus actitudes rebeldes y caprichosas, alejándose a cada momento de nuestras vidas. ¿No sufrimos y entristecemos por ello? Ahora pensemos por un momento, ¿no es lo mismo que hacemos nosotros con el Padre que ha dado su propia vida en Jesús por el mismo amor que nos tiene?   “No entristezcan al Espíritu santo de Dios; éste es el sello con el que ustedes fueron marcados y por el que serán reconocidos en el día de la salvación” Efe 4: 30 (Is 63: 45). Es lo que Pablo ruega constantemente, porque eso es lo que hacemos cuando pecamos y nos resistimos al Espíritu. Cuando vivimos llenos de odios y rencores, llenos de iras y arrebatos, de enojos, gritos y ofensas contra el prójimo. Porque todo cuanto hicimos por aquellos indefensos, lo hicimos con Dios. (Mt 25: 45)  No podemos seguir blasfemando contra el Espíritu Santo, no debemos seguir pecando en su contra pues cuanto más lo hagamos, más nos alejamos del amor inmaculado de Dios en nuestras vidas. Nuestras vidas tienen que tener dirección. Un profesional de tiro con arco, está en constante práctica, siempre tratando de darle al centro de la marca; de la misma manera nuestra debe de ser la práctica que apunte no a una marca en la vida, sino que nuestro apunte debe de ser dirigido hacia Shalom, la vida eterna.  ¿A qué le apuntamos?   Pablo concluye con lo siguiente: “Más bien sean buenos y comprensivos unos con otros, perdonándose mutuamente como Dios los perdonó en Cristo.” Efe 4:32  </itunes:summary>	</item>
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		<title>El Esp&#237;ritu de Dios est&#225; sobre m&#237;: &#191;Qu&#233; significa esto?</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Sep 2010 23:17:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
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		<category><![CDATA[bautismo]]></category>
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	<itunes:author>René Alvarado</itunes:author><itunes:subtitle>En el evangelio de San Lucas, capítulo 4 versos 14 al 19 nos dice: “Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu. Llegó a Nazaret, donde se había criado, y el sábado fue a la sinagoga, como era su costumbre. Se puso de pie para </itunes:subtitle><itunes:summary>En el evangelio de San Lucas, capítulo 4 versos 14 al 19 nos dice: “Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu. Llegó a Nazaret, donde se había criado, y el sábado fue a la sinagoga, como era su costumbre. Se puso de pie para hacer la lectura, y le pasaron el libro del profeta Isaías. Jesús desenrolló el libro y encontró el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí. Él me ha ungido para llevar buenas noticias a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver, para poner en libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor”.

En este pasaje nos damos cuenta de la unción espiritual que Jesús obtuvo el día de su bautismo. Hay varias cosas que vamos a analizar en este párrafo, pero antes que nada debemos de escudriñar un poco más el mismo hecho del bautismo. Ya hemos discutido en varias ocasiones el sentido general del mismo en Jesús, pero en esta ocasión debemos de analizarlo desde el punto de vista de nuestro propio bautismo.

Dijimos que cuando a nosotros nos llevan a la pila bautismal, son nuestros padres y padrinos los responsables de que nuestras vidas estén encarriladas a una vida recta en el mismo amor de Dios. ¿Pero qué ha pasado? Nuestras vidas tomaron rumbos diferentes, en los que algunos fuimos desviados por las circunstancias que nos rodeaban. Algunos, llevados por el dolor o la tristeza, cayeron en las garras de la tentación del odio y del rencor, de las ansias de venganza y por lo tanto sintiéndose abandonados, cayeron en depresión y apatía espiritual.

Jesús mismo en su humanidad, experimentó una sensación de entusiasmo al escuchar aquellas palabras que bajaban del cielo: “Tú eres mi Hijo, hoy te he dado a la vida”. Lc 3: 22 Pero al igual que nuestros familiares, después de la fiesta, viene la cruda. Jesús fue llevado por ese Espíritu recibido, al desierto de su vida. Fue ese instante de 40 días y 40 noches en las que se le revelaría el destino en el que sería atravesado, el cual él mismo había escogido. Recordemos que el Señor antes de su bautismo, fue preparado para su sacrificio por su misma Madre. Ella le dio el conocimiento de todo aquello que lo llevaría a dar la vida por la humanidad. Lc 2: 40. Lc 2: 52

El desierto de Jesús, representa en nosotros, todo aquello que va sucediendo en nuestras propias vidas. Cuánto dolor no hemos experimentado, sintiéndonos sedientos de una mejor vida, hambrientos de amor. A cuántos nos hizo falta un abraso o un beso; quizá nunca escuchamos aquella frase anhelada en el corazón: “Te amo”. Posiblemente lo que experimentamos fue violencia, abandono, y por lo mismo hoy día sufrimos aun las consecuencias de aquel desierto por el que fuimos conducidos después de haber sido bautizados.

Veamos a nuestro alrededor y nos daremos cuenta que aun llevamos con nosotros, aunque muy escondido dentro de nuestro corazón, aquellas desconfianzas, aquellos miedos de sentirnos nuevamente abandonados en la soledad. Es por ello que algunas mujeres sufren violencias de parte de sus compañeros de vida, porque tienen miedo de estar solas, de que nadie las alimente o les de techo, poniendo las mismas cantaletas de, “qué pasará con mis hijos sin su padre”, como escusas para no salir adelante como verdadera hija de Dios.

Cuántos hombres usan el alcohol como excusa para no recordar su pasado, en el que quizá fueron violados, maltratados o abandonados por aquel padre que supuestamente debía de haber estado allí para cuidar de ellos.

Las tentaciones por las que Jesús fue pasado en su desierto, son las mismas que nos persiguen hoy día en los nuestros. Hay que recordar que al igual que nosotros, Jesús tuvo puesta la vestidura de la misma humanidad, experimentando las mismas necesidades que nosotros. En el Gaudium et Spes 22 párrafo 3, nos dice: &amp;quot;El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado&amp;quot;.

El Papa Juan Pablo II afirmaba en su catequesis “Jesús verdadero Dios, verdadero hombre” en la sección “semejante en todo a nosotros, menos en el pecado”, en el numeral 3 nos explica la humanidad del Señor: “Él experimentaba verdaderamente los sentimientos humanos: la alegría, la tristeza, la indignación, la admiración, el amor. Leemos, por ejemplo (nos dice el Santo Padre), que Jesús “se sintió inundado de gozo en el Espíritu Santo” (Lc 10: 21); que lloró sobre Jerusalén: “Al ver la ciudad, lloró sobre ella, diciendo: ¡Si al menos en este día conocieras lo que hace a la paz tuya!” (Lc 9; 41-42); lloró también después de la muerte de su amigo Lázaro: “Viéndola llorar Jesús (a María), y que lloraban también los judíos que venían con ella, se conmovió hondamente y se turbó, y dijo ¿Dónde le habéis puesto? Dijéronle Señor, ven y ve. Lloró Jesús...”” (Jn 11: 33-35).

Siendo Jesús el hombre verdadero, aun sabiendo su destino, se dejó conducir a ese desierto y fortalecido por la presencia de ese Espíritu de amor, logró vencer aquellas tentaciones que el enemigo sutilmente le proponía. Pero después de vencer aquellas tentaciones, Jesús no dijo: “Que chulo, ahora ya todo va a ser de color de hormiga”. Qué bueno hubiese sido para el Señor que ya nada más le atormentara. No fue así. Con el mismo valor con el que venció en el desierto, toma la decisión de agarrar al toro por los cuernos y se presenta en la ciudad en donde creció. Es allí en donde da principio a su ministerio, anunciando al mundo entero a lo que ha venido.

¿Fue eso fácil para Jesús? Mmm. Alguno podremos decir que sí porque era Dios mismo, pero otros dirán que no porque saben lo que esto significa en carne propia. Miremos el valor del Señor al entrar en aquella Sinagoga y atreverse a tomar el rollo de Isaías y leer en el capítulo 61 y verso 1 y terminar diciendo: “Hoy se cumplen estas palabras proféticas y a ustedes les llegan noticias de ello” Lc 4: 21 La gente dice la Escritura que se le quedaban viendo admirados de la forma en la que hablaba y mientras unos lo alababan, otros criticaban. Al final nos relata el texto, que lo sacaron de la Sinagoga y llevándolo a un cerro (como prediciendo el lugar en donde sería crucificado), lo querían apedrear, pero que él, pasando en medio de ellos se fue.

Bien, ahora expliquemos la lectura que leímos al principio. Hay tres aspectos importantes en los que Jesús basaría su ministerio. Primero dice el verso 18: “El me ha ungido para llevar buenas noticias a los pobres” En las clases pasadas hemos estado hablando sobre los principios de la enseñanza social católica, teniendo como primer principio, la “dignidad de la persona”. Jesús vino en búsqueda de aquellos que siendo marginados por la sociedad, son abusados y pisoteados, devolviéndole la dignidad, para que en medio de su pobreza, ellos pudieran conocer que Dios los amaba y no solamente de palabra, de la boca para afuera, sino que, dándose así mismo, partiéndose en la Cruz del Calvario, demostrándoles que sí, que verdaderamente hay esperanza en su amor.

No solamente a los pobres por no tener dinero, pero también a aquellos que sufren por ser mujer o por ser niño, por aquellos que por su decisión de ser diferentes a los otros, son abusados, maltratados o abandonados. Cuando Jesús caminaba en medio de aquellas poblaciones, se daba cuenta de las necesidades de las gentes. A cuántos no sanó; miremos como ejemplo a aquel hombre que llevaba ya treinta y ocho años junto a la piscina de Betesda. Me imagino que a este hombre lo llevaban sus familiares y lo dejaban allí tirado y abandonado. ¿Por qué no se quedaban para ayudarle a meterse cuando el ángel movía las aguas? Porque quizá habían cosas “más importantes” que hacer que perder el tiempo en espera de un “ángel” para darle solución al problema que les aquejaba. Quizá le decían: “Tu invalidez no es nuestra, por lo tanto es tu problema”. Jesús se dio cuenta de ello porque sabía a lo que había venido y sin meterlo en el agua, lo sanó, devolviéndole su dignidad.

En el segundo punto nos dice la Escritura: “…para anunciar la libertad a los cautivos”. Cuántos de nosotros no vivíamos encadenados a aquel vicio, a aquella violencia doméstica; cautivos a esos celos incontrolados que han llevado a muchos a la violencia, culminando con el asesinato; a aquella alimentación desordenada, sufriendo de bulimia u obesidad; aquellos que viven apresados en el homosexualismo y el lesbianismo; por aquellas mujeres encadenadas a la prostitución y al aborto; por aquellos niños que sufren las cadenas de padres alcohólicos y drogadictos, convirtiéndose ellos mismos en la misma estampa de sus padres. Jesús vino por todos ellos y por nosotros también.

El Señor no se aparta de ellos, siempre está allí, no para criticar del porque son o no son, más bien, para ir más profundo en su interior y devolver a cada uno, la verdadera libertad a la que todos hemos sido llamados a experimentar. Veamos como ejemplo al otro paralítico, aquel que bajaron por el techo. Los que lo acarrearon lo trajeron por una razón solamente, ¿no es cierto? ¿Qué era esa razón? Pues el de que lo levantara de su camilla. Pero Jesús que conoce la cantidad de nuestras cadenas, trata primero con las que tienen el candado principal, antes de liberarnos de nuestra enfermedad física: “Amigo, tus pecados quedan perdonados”. Lc 5: 20 y al final le dice: “Yo te lo ordeno: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. Y al instante el hombre se levantó a la vista de todos, tomó la camilla en que estaba tendido y se fue a su casa dando gloria a Dios”. Lc 5: 24-25

Jesús inundado con el poder de aquel Espíritu recibido en el bautismo, tiene tanto el poder para vencer las tentaciones, como para darnos libertad a los que vivimos cautivos de la vida.

En el tercer punto: “…y a los ciegos que pronto van a ver, para poner en libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor”. Él vino para ser testigo del amor de Dios. No como testigo jurídico que es llamado para atestiguar como acusador o como defensor, más bien, en el hecho real de su desprendimiento del Padre, de quien proviene para brindarnos lo que hay en Dios para nosotros. “El Hijo de Dios se hizo hombre para que el hombre, todo hombre, se haga hijo de Dios”. Cuando la Palabra habla sobre “…los ciegos verán”, no nos habla sobre los que siendo faltos de vista física, fueron sanados por él. No esto significa que vino para darle visión a aquellos que encontrándose ciegos espiritualmente, no lograban ver la luz del amor de Dios en sus vidas. Por eso aquella canción nos dice: “Enciende una luz en la oscuridad y déjala brillar. No la puedes apagar ante tal necesidad…” Esa es luz que Jesús viene a prender en lo más íntimo de nuestro ser. Cuántas veces no hemos experimentado oscuridad en nuestras vidas y cuando todo está oscuro no vemos para donde vamos y menos podemos visualizar el punto exacto en donde está el amor del Padre. Para eso precisamente vino Jesús. Él se despojó de su igualdad con Dios[3] para experimentar en su Bautismo la realidad del hombre que se consume en la ceguera a la cual le lleva el mundo. Vino para ser testigo de la verdad, es decir del verdadero amor que transforma vidas.

Jesús vino con ese propósito, pero una vez más es bueno decirlo, esta parte de su ministerio lo hizo, solamente después de ser bautizado y probado en el desierto. Hoy día sabemos eso porque lo leemos en las Escrituras, pero nos cuesta comprender el hecho porque solamente lo leemos o lo escuchamos como una simple poesía y es por lo mismo que no ponemos en acción esa gracia de Dios derramada en nuestras vidas como fuente de agua que da vida.

Todo esto suena bonito. ¿Qué le trajo esto a Jesús? Nada más que críticas, acusaciones, persecuciones, su Pasión y por último la Cruz. Es precisamente ahí en esa Cruz en la que él demostró en su plenitud, el ser, el verdadero testigo de la verdad. Su misma humanidad lo hizo experimentar dolor y sufrimiento e inclusive, supo comprender en el instante de la Cruz, aquel momento en el que se sintió en la más grande de las soledades, sí, en aquel desierto en donde venció la tentación. “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?... Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró” Mc 15: 33-37 Mientras que en el evangelio según San Juan leemos: “Jesús probó el vino (amargo) y dijo: «Todo está cumplido.» Después inclinó la cabeza y entregó el espíritu”. Jn 19: 30

Primero se experimenta lo amargo de la vida y luego después de haber cumplido lo que Dios nos ha encomendado, es entonces que nuestro espíritu vuelve nuevamente a él, es decir, a Shalom.

A eso precisamente estamos llamados cada uno de nosotros. Primero que nada a darnos cuenta que no se trata solamente de apuntar con el dedo a nuestros padres y padrinos por no habernos llevado de la mano por los caminos correctos. Tenemos que entender que se trata de vivir en carne propia como Jesús, la experiencia de nuestro bautismo, dejando que el Espíritu de Dios que ya vive en nosotros como el templo de Dios que somos, nos conduzca hacía el mismo amor que un día recibimos en medio de nuestros propios desiertos y madurando en ese mismo amor, confiemos plenamente que después de ser perseguidos y maltratados, un día llegaremos (muy pronto), a nuestro destino que es la cruz y que de allí nuestro brinco será para la vida eterna.

Esto no es nada fácil. Lógicamente debemos de estar compenetrados que el proceso es largo y lento, entendiendo que nada de eso se compara con la corona que un día recibiremos allá en la gloria eterna, los que permanecimos, perseveramos y vencimos las tentaciones en medio de aquel desierto de la vida.

Jesús hoy día está sentado a la derecha del Padre en espera que nosotros lleguemos como el hijo pródigo. ¿Estaremos listos? Para ello ya sabemos lo que hay que hacer… Simplemente amar y dejarnos amar.

René Alvarado

Pan de Vida, Inc.</itunes:summary>	</item>
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		<title>La misi&#243;n del Cristiano</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Aug 2010 00:07:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[misión]]></category>
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		<description><![CDATA[Antes de empezar, tenemos que entender el significado de “misión” y de las ramificaciones que de ello desprende, de lo contrario no podremos comprender a plenitud el llamado que Dios hace a nuestras vidas. Literalmente misión viene del latín “missio y - ōnis (enviar y deber)” y significa: “Poder, facultad que se da a alguien [...]]]></description>
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	<itunes:author>René Alvarado</itunes:author><itunes:subtitle>Antes de empezar, tenemos que entender el significado de “misión” y de las ramificaciones que de ello desprende, de lo contrario no podremos comprender a plenitud el llamado que Dios hace a nuestras vidas.

Literalmente misión viene del latí</itunes:subtitle><itunes:summary>Antes de empezar, tenemos que entender el significado de “misión” y de las ramificaciones que de ello desprende, de lo contrario no podremos comprender a plenitud el llamado que Dios hace a nuestras vidas.

Literalmente misión viene del latín “missio y - ōnis (enviar y deber)” y significa: “Poder, facultad que se da a alguien de ir a desempeñar algún cometido.” (Real academia Española). En otras palabras podemos decir que “misión” es: alcanzar un ideal y trasmitirlo con una verdadera devoción, creyendo a profundidad que lo que compartimos al ser enviados, es la misma realidad que vivimos a diario.

Esto lógicamente no es nada fácil, ya qué, nos encontramos con una gran variedad de oposiciones al mensaje que queremos transmitir y en ciertas ocasiones esto se convierte en dolor, angustia, sufrimiento y en muchos casos la misma muerte. (Apostolado del seglar # 4 párrafo 6)

Podemos ver un claro ejemplo en Martin Luther King Jr., siendo un misionero del amor y la unidad, su sueño fue el de compartir lo que él vivía y su misión se convirtió en la misma experiencia de dolor, persecución, encarcelamiento y luego de muerte, por el hecho que creer en que la sociedad podía dar un cambio rotundo a la unidad del hombre sin las barreras del color de la piel e inclusive de la fe que se profesaba.

El mismo Señor Jesucristo fue un vivo ejemplo del verdadero misionero; él entendió el plan de Dios y atendiendo a ese llamado, pudo despojarse de su igualdad con Dios para hacerse semejante a los hombres y poder de esa manera comprender el mismo dolor y sufrimiento que al hombre aqueja, dándose a sí mismo en el amor y la caridad. (Apostolado del seglar # 8 párrafo 1)

Ciertamente todos los creyentes lo sabemos muy bien, que, Cristo no vivió una vida cómoda (Lc 9: 58), como muchos de nosotros hoy día y más sin embargo, eso no le impidió cumplir con ese mandato de ir y compartir con ejemplo la acción de ese Verbo entre nosotros, sufriendo las criticas, sufriendo su Pasión, Muerte y como recompensa la vida eterna en su Resurrección. (Dignitatis Humanae #14 párrafo 3)

Hoy día tenemos que darnos cuenta que la tarea del cristiano no es la de simplemente quedarnos cómodos en nuestras comunidades, dejando que el mundo venga a nosotros, si no que ir nosotros al mundo, a trasmitir ese mensaje de poder, aceptando el reto del Evangelio de “Id por todas las naciones y predicar la Buena Nueva” Mt 28:19ss.

Es que se nos hace tan fácil simplemente venir a lo que ya existe, en donde otros ya sufrieron persecuciones y derrame de lágrimas, en donde se ve una mesa bonita y lista para que nos sentemos solamente a comer, sin darnos cuenta que hay gente haya afuera que también desea compartir con nosotros de las migajas que caen de todas aquellas delicias que cómodamente compartimos. (Apostolado del seglar # 8 párrafo 3)

Es por ello que nuestra bendita Iglesia ha sido por siempre una Iglesia misionera en medio de todas las cosas y trapitos que nos quieran sacar a la luz, nunca podrán negar que hemos sido la Iglesia que más mártires hemos dado al mundo. Gente que puso en acción ese llamado a evangelizar y no a vivir en el calentamiento de manos, entre aplausos vagos y gritos de victoria cuando se vive en derrota, sintiéndose que son indignos de salir de casa y dejarlo todo, para que el hambriento tenga alimento y el desnudo su ropa. (Apostolado del seglar # 10 párrafo 2)

Claro que esto depende de nuestra unión con Cristo, pues él es la cabeza que nos dirige y que nos comparte con viva experiencia la fecundidad del verdadero misionero, pues sin esa unidad, nunca podremos realizar con exactitud ese llamado a ser parte integral del Evangelio, y a su vez también llamados a ser los nuevos mártires de la fe. (Apostolado del seglar # 4)

En el amor de Cristo

René Alvarado</itunes:summary>	</item>
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		<title>SB 1070</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Jul 2010 17:15:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Siempre hemos sido perseguidos Etiquetas de Technorati: sb 1070,perseguidos,rene alvarado,dignidad Queridos hermanos de mi corazón: Que el amor y la paz de Cristo Jesús nuestro único y verdadero Señor y Salvador esté siempre con ustedes y que nuestra Madre María, los cubra con su manto santo, todos los días de sus vidas. En estos días [...]]]></description>
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	<itunes:author>René Alvarado</itunes:author><itunes:subtitle>Siempre hemos sido perseguidos  </itunes:subtitle><itunes:summary>Siempre hemos sido perseguidos  Etiquetas de Technorati: sb 1070,perseguidos,rene alvarado,dignidad    Queridos hermanos de mi corazón: Que el amor y la paz de Cristo Jesús nuestro único y verdadero Señor y Salvador esté siempre con ustedes y que nuestra Madre María, los cubra con su manto santo, todos los días de sus vidas.  En estos días hemos escuchado sobre la terrible ley anti inmigrante y ciertamente racista “SB 1070”, la cual perseguirá a toda persona que por su sola apariencia, se denuncie así misma indocumentada.  Los que apoyan dicha ley, exponen que la misma llena un vacío dejado por el gobierno federal al no proteger nuestras fronteras y por lo tanto deben de tomar la “justicia” por sus propias manos. Esto me recuerda el tsunami que arrasó con varias islas en el 2001, los oleajes se vinieron sobre ricos vacacionistas y sobre los pobres pobladores, sin discriminación por quien era o no era. Lo mismo sucede con esta ley, arrasa con todos sin importar si son o no son indocumentados, consiguiendo con ello la desesperación de la población que aunque tenga sus documentos en orden, se sienten perseguidos por el simple hecho del color de su piel. Por otro lado están los que se oponen a ella. Estos dicen que es discriminatoria y que va en contra de los principios de este país a aceptar a todo inmigrante.  Pienso que esa es la triste historia de la humanidad, siempre andamos echándole la culpa a otros de nuestros fracasos y equivocaciones. Miremos por ejemplo allá en el mismo Paraíso: Al verse Adán descubierto, culpó a la mujer que le habían dado y esta a su vez a la serpiente y creo que la serpiente empezó a buscar a un caracol o lagartija para echarle la culpa.   En el desierto, los israelitas culparon a Moisés por haberlos sacado de su “comodidad”, en donde aunque fueran esclavos, decían: “comíamos carne”. En el Nuevo Testamento vemos a aquellos apóstoles que reprendieron a un hombre por echar demonios en el nombre de Jesús, acusándolo de no “pertenecer” a nosotros (Mc 9: 38).  Durante la segunda guerra mundial, Hitler y sus secuaces, acecinaron a millones de judíos entre los que se contaban bebitos, niños, mujeres y ancianos, a los cuales se les acusaba de ser los causantes del deterioro del país. En México a principios del siglo pasado, se persiguió, se maltrató y se asesinó a gente que proclamaba su fe. Aun en muchos países orientales, se persigue a creyentes cristianos que profesan su fe aun a escondidas y cuando los encuentran, los torturan y los matan.  Aquí mismo en los Estados Unidos, la discriminación siempre ha existido, desde los inicios de esta gran nación. Cuando vinieron los primeros colonos, trataron a los nativos como gente de segunda clase, expulsándolos de sus territorios, dándoles muerte a miles de ellos. Hay que recordar también cuando vinieron los primeros inmigrantes irlandeses, fueron perseguidos, evitándoles el derecho a la vivienda, al trabajo y a hacerse parte de la sociedad. Sin olvidar por supuesto a los afroamericanos que vinieron vendidos como esclavos, sacados de sus países y traídos a este continente como animales amontonados en barcos en los que la inmundicia creadora de bacteria mataba tanto a hombres, mujeres y niños.  Esto es lo que el hombre hace cuando sin respeto se aleja del amor de Dios en sus vidas. Cuando en su corazón existe nada más que codicias y cuando en su corazón existe el odio y la falta de entendimiento por las circunstancias que le rodean. Siempre se señala, siempre apuntamos con el dedo índice, sin darnos cuenta que tres de nuestros dedos apuntan a nosotros.  En nuestros propios hogares perseguimos y maltratamos; en ellos damos muerte a nuestros cónyuges, a nuestros hijos y a todos cuanto se opongan a nuestra ley, y claro no hablamos de una muerte física que lógicamente existe y es latente, pero más bien, matamos lentamente el espíritu de aquellos a los que juramos un día proteger.   Es triste ver que a través de los siglos el hombre no cambia, que siempre es la misma rutina y lo mismo sucede aquí en este país. Hoy escuchamos sobre la SB 1070 en Arizona, sin olvidarnos por supuesto la “187” en California y así podemos mencionar muchas otras que persiguen y que matan la dignidad del ser humano como creatura de Dios.  ¿Qué podemos hacer? Pues simple y sencillamente, unirnos para combatir estas atrocidades, pero no con marchas presentando banderas latinoamericanas y pancartas en español, más bien, haciéndonos ciudadanos y votando por gente que realmente nos represente, llamando a nuestros congresistas, escribiendo a nuestros representantes y sobre todo y creo lo más importante, educándonos, enseñándoles a nuestros hijos la importancia de invertir en nuestra educación e insistiéndoles a involucrarse en toda actividad socio-político para el bienestar de toda una nación en común.   Recordemos que no luchamos simplemente por un documento para nuestra comunidad, luchamos para que la dignidad del hombre y de la mujer y por qué no decirlo de los niños, sea restablecida y que juntos, todas las familias, sin importar raza o color, podamos un día vivir en completa armonía para el bien de todos.  No vivamos simplemente quejándonos de lo que nos sucede. Al contrario, debemos de ponernos en acción para ir a la montaña y no dejar que esta se desplome sobre nuestras cabezas. Ya es hora que despertemos de una sola vez y que actuemos sí, pero con inteligencia, para que la justicia se haga realidad, empezando desde nuestro propio hogar, hasta los confines de la sociedad.  Que el amor de Cristo nunca te desampare.  René Alvarado</itunes:summary>	</item>
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		<title>El Esp&#237;ritu de Dios se mov&#237;a sobre las aguas G&#233;n 1: 1-2</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Jul 2010 15:17:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
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En el libro del Génesis encontramos algo muy interesante: “En el principio, cuando Dios creó los cielos y la tierra, todo </itunes:subtitle><itunes:summary> 

René Alvarado renealvarado@elpoderdedios.org

En el libro del Génesis encontramos algo muy interesante: “En el principio, cuando Dios creó los cielos y la tierra, todo era confusión y no había nada en la tierra. Las tinieblas cubrían los abismos mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas.” ¿Por qué empezamos el texto de la Biblia con Gén 1 y verso 1? Porque ese es el tema de toda la Biblia. En él descubrimos que Dios es primero que nada Espíritu y creador y ante todo que él siempre ha sido, es y será un Dios que está en constante movimiento.

En este principio nos damos cuenta que la tierra y el universo se encuentra de caos (de la palabra hebrea: Tohu vabohu) y en necesidad de orden. Este orden se realiza en el momento en el que Dios, que está en constante movimiento, empieza a realizar su obra, ordenando todo y cuanto hay sobre el universo.

Para esto Dios se usa de su Espíritu (Ruah en hebreo para decir viento o espíritu, el viento de Dios), Es solamente por medio de ese Espíritu en el que el precepto viene a ser realidad en el universo entero. Si no hay Espíritu, no puede haber orden y a través de toda la historia de la humanidad, Dios ha manifestado su deseo de orden.

En el Génesis vemos las siguientes afirmaciones teológicas: 1- Dios único, 2- todo poderoso 3- soberano, 4- rey total de toda creación.

En la teología Bíblica se usa la palabra Shalom (palabra hebrea que significa paz o armonía, siendo su raíz lingüística le-shalem, que significa completar, retribuir, pagar, compensar), que es el lugar en donde todo funciona en armonía, tal y como Dios los creó. El edén es lugar en donde Dios reina y en donde puso al hombre como su pertenencia, para alabar a Dios (abad=mayordomo), para que sea partícipe del mantenimiento de Shalom. Este es el principio bíblico humano, que nos dice que Dios es creador, siendo su creación por separación y Shalom.

Dios nos creo para que fuéramos partícipes de la creación, es decir que en el momento en el que Dios sopló su aliento de vida (Espíritu de amor), no solamente se nos dio vida en un universo perfecto, sino que a su vez nos hizo colaboradores de ese mismo proceso y encima nos convertimos en los manejadores de la creación.

Pero que ha sucedido; ¿Por qué no vivimos en ese Shalom?; ¿Qué ha destruido la creación de Dios? Podemos dar muchas respuestas y estas muy lógicas, pero la más común es la de hacer responsable al Diablo por el desorden y caos que el hombre vive desde el instante en el que se separó del Espíritu de Dios al hacerle caso a la serpiente y comer de aquel fruto prohibido. Aun hoy día vivimos las consecuencias de esa separación.

Pero debemos de entender que la serpiente nunca mintió ni fue mala pues el texto no nos dice que lo fue. Lo que hizo fue el ser astuta para hacer caer al hombre en el pecado. Cuando el ser humano escucha a la serpiente, es cuando realmente empezó esa separación y por ende el retorno a Tohu vabohu. El problema central de la caída no fue el escuchar a la serpiente, más bien, el querer ser como Dios y su propia rebeldía lo llevó a separarse de ese Shalom, siendo los efectos 1. Se rompe la relación con Dios, 2. Se rompe la relación humanas y 3. Se rompe la relación con la naturaleza. A todo esto le llamamos idolatría. A esto la Iglesia le da el nombre de “caída” o “pecado original”. En cierta manera, esto limita esa separación a algo netamente moral, pero si profundizamos en ello, nos damos cuenta que esto no es suficiente pues el hecho no solamente me afectó como individuo, sino que afectó mi relación con otras personas.

Estamos viviendo en un mundo con un Shalom roto que no funciona a plenitud y esto conlleva a otro problema más serio: da comienzo al principio de la maldición y como consecuencia el castigo de Dios. El resultado final de esa separación o ruptura es el exilio es decir, Dios saca al hombre del Jardín a un destino que aunque incierto, conduce al hombre de nuevo a la restauración de ese Shalom del cual fue sacado. (Gén 3: 14-19)

Podemos darnos cuenta que existen tres aspectos de esa ruptura: a. rebeldía, b. pecado y c. impureza

La rebeldía es la que se antepone a la voluntad de Dios, al querer restaurar nuevamente nuestras vidas por otros medios y que por consecuencias de obedecer al mundo, nos separa de su amor.

El pecado que es el acto principal de todo aspecto de separación de Dios. Es lo que nos lleva a la oscuridad y tinieblas de la vida misma, aunque, más valiera decir que es lo que nos conlleva a la muerte eterna.

La impureza, es la suciedad que llevamos por dentro y la misma se manifiesta en nuestro cuerpo exterior. Es por eso que el mismo Dios, nos invita a que nos acerquemos a él a beber de su manantial de agua viva, para purificar por medio de su Espíritu nuestro interior y de esa manera restaurar aquello que hemos enlodado. (En la clase 8 estaremos viendo estos tres puntos)

Dios ha querido siempre manifestar su bendición y aunque el hombre trate por todos los medios posibles de separarse de él, él siempre está ahí por nosotros, sin abandonarnos y atendiendo nuestras suplicas y ruegos por la restauración de nuestras vidas. Dios “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2: 4), al conocimiento de Cristo (Jn 14: 6)

Dios siempre se ha revelado de muchas formas al hombre por amor y no por casualidad, revelándonos cuanto él nos ama y por medio de esas revelaciones, él responde a las preguntas universales del por qué de las cosas negativas de la vida. Él dispuso revelarse al mundo por medio de Jesús para hacernos participes de su naturaleza divina. Por ello él trasmite su misma naturaleza divina. ¿Cuál es su naturaleza divina? Pues nada más que su Espíritu de amor. Es por ello que a través de la Biblia, su Espíritu está en constante acción, desde el Génesis, por medio de la comunicación que tuvo con Adán y Eva, prometiendo su salvación.

La etapa del origen del diálogo de Dios con la humanidad no se rompe, el mismo se renueva con Noé después del diluvio “No volveré a destruir a la humanidad” Gén 9: 11, y lo continúa con el Apocalipsis “Y voy a llegar pronto”. Ap 22: 7. Aún en nuestros días podemos ver esa misma comunicación realizada por medio de aquellos hombres y mujeres como el Obispo Romero en El Salvador, Mahatma Gandhi en la India, Cesar Chávez y Martin Luter King Jr., en Estados Unidos, quienes dieron su vida tratando de comunicar a la humanidad lo mucho que Dios ha querido la restauración del Shalom.

Al compenetrarnos de esa naturaleza divina, podemos descubrir varios aspectos de la bendición que está contrae a nuestras vidas: a. promesa, b. pacto y c. liberación (del latín: misio Dei= Misión de Dios) La misión de Dios es restaurar Shalom.

La próxima clase veremos en detalle estos aspectos.</itunes:summary>	</item>
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		<title>Aunque todo parece mal&#8230;</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Jun 2010 04:22:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
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		<category><![CDATA[amor de Dios]]></category>
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	<itunes:author>René Alvarado</itunes:author><itunes:subtitle>Queridos hermanos de mi corazón: Que el amor y la paz de Cristo Jesús nuestro único y verdadero Señor y Salvador esté siempre con ustedes y que nuestra Madre María, los cubra con su manto santo, todos los días de sus vidas.

Hoy veía las no</itunes:subtitle><itunes:summary>Queridos hermanos de mi corazón: Que el amor y la paz de Cristo Jesús nuestro único y verdadero Señor y Salvador esté siempre con ustedes y que nuestra Madre María, los cubra con su manto santo, todos los días de sus vidas.

Hoy veía las noticias por la televisión y conforme pasaban, me daba cuenta una vez más que ya todo parece perdido, que este mundo está tan mal que la venida del Señor está próxima. Claro esto es solamente un pensamiento humano, deseoso de que el Señor esté ya aquí en medio del pueblo de creyentes que confiaron hasta el final en sus promesas de amor y misericordia.

Nosotros los humanos hemos dado cabida a la destrucción de todo lo precioso que Dios nos dio como herencia para vivir, los bosques, los ríos, los mares y toda naturaleza en general. Él nos lo dio para que disfrutáramos de todos los aspectos que ella tenía para nosotros y en cambio hemos tomado ese regalo de Dios para convertirnos en seres peores que animales y digo peores no menos preciando a la creación de Dios, pero en el sentido de que esos animales sin razonamiento reconocen a plenitud su estancia en esta tierra, mientras que nosotros aun con razonamiento, la hemos convertido en un mundo de basura y todo para satisfacer nuestros egos y deseos de poder, aplastando a todo cuanto se nos ponen en el camino.

Parece que no hay una posible solución a todo esto. En los periódicos leemos todo tipo de desgracia que ciertamente nos pone a reflexionar sobre si hay posibilidad que el hombre mismo pueda salvarse de lo que le viene encima. El evangelio según San Mateo en el capítulo 13 y versos 24 al 30 nos cuenta la parábola del sembrador que sembró buena semilla y el enemigo vino y le sembró semilla mala. Dice la Escritura: “Cuando crecieron las plantas y empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña” Esto es exactamente lo que ha sucedido en el mundo, Dios ha sembrado en el hombre la capacidad para amarle, para amar a su prójimo y para amarse a sí mismo; pero qué ha pasado, que el hombre mismo se ha dejado sembrar en su corazón, odios rencores, envidias, celos, iras, vanaglorias y ha dejado que esto vaya opacando la semilla buena en nuestro corazones.

Esto tiene implicaciones directas con lo que hacemos con el mundo. Todo aquello perfecto que Dios nos dio lo hemos tirado por un tubo y en su lugar hemos convertido las maravillas del Creador en un mundo lleno de basura.

Ahora que todo esto no se queda solamente en eso, más bien, como no todos tenemos “poder” económico para destruir el medio ambiente, entonces arremetemos en contra de nuestras propias familias, destruyendo con nuestras acciones todo aquello maravilloso que Dios nos dio con tanto amor. Nuestras familias sufren cuando las golpeamos físicamente, moralmente y espiritualmente. Traemos con nosotros esa semilla que hemos dejado que el enemigo plante en nuestros corazones y con cualquier cosita, opacamos el amor que Dios padre sembró desde antes que naciéramos.

Claro que las circunstancias en las que nos encontramos no nos permiten ver con claridad ese amor pues estamos rodeados de tanta maldad que eso mismo se hace parte de nuestras propias vidas y tanto crece el odio y el rencor que aun que el amor esté allí, nunca lo veremos a no ser que un día dejemos que el cuidador nos dé una limpiadita.

Hemos puesto muchas excusas para lograr nuestros propósitos de ser mejores y de vivir a plenitud la gracia de Dios. Es que pensamos que somos tan pequeños que no es posible para nosotros dar un cambio a nuestras vidas, que la sociedad misma no nos da la oportunidad de un cambio, que estamos siendo controlados por los poderosos y que atados como un perro rabioso a una cadena, no podemos dejar de echar espuma y rabia por la vida.

Todo se nos pinta de un color oscuro y nos dicen que no hay razón ya para vivir y eso es verdaderamente lo que está haciendo esa semilla plantada en el corazón del hombre por el enemigo. Él nos dice: “no se puede, no lo vas a lograr, no tienes fuerzas para seguir adelante, tu marido realmente no te ama, él nunca va a cambiar, tu mujer te engaña y por lo mismo págale con la misa medida, tus hijos son malos y drogadictos, no merecen que los ayudes, tus padres con malvados, mira te violaron, te golpearon y te abandonaron, emborráchate y drógate pues no vale la pena seguir viviendo… etc.” Y nosotros caemos redonditos en toda esa inmundicia y preferimos la muerte y, antes de morir arrasamos con todos lo que se nos pongan en enfrente y no solamente con otro ser humano, sino que también con la misma naturaleza.

Así ha crecido la cizaña en nuestros corazones; ha crecido de generación en generación y solamente aquel que esté dispuesto a un cambio rotundo entonces vera con claridad el campo de su vida y se dará cuenta que si se puede ser mejor en su propia persona, en medio de su familia y con el mundo en el que vive.

Después de ver las noticias, pasaron un programa en el que presentaron a una mujer que nació ciega, sorda, muda y sin olfato; a esta mujer, su madre la abandonó siendo una bebita pues no quería la responsabilidad o quizá no contaba con el apoyo de su marido para sostenerla. Un día una mujer española vino a África, visitó el orfanatorio en donde se encontraba esta niña y se enamoró de ella y la adoptó como su propia hija. Ella la amó y la cuidó aun en contra de todo lo que su sociedad le decía y permaneció firme en el amor que ella de daba constantemente a esa niña. Un día la niña se convirtió en mujer y ahora es estudiante de universidad. Cuando vi este programa y vi lo que está mujer había logrado con al amor de su madre, que siendo discapacitada de ojos, de oídos, de habla, y hasta de nariz, no se detuvo y logró salir adelante y me puse a pensar: “Yo que tengo todos mis sentidos en orden, que puedo ver, no miro más allá de mis propias narices, que puedo oír y solo escucho cosas negativas, que puedo hablar y solo hablo quejabanzas y que puedo oler y solo huelo los malos olores de la vida” Verdaderamente esa mujer me hizo ver que, cuando dejamos que la semilla del amor crezca en el corazón, entonces podemos sembrar en medio de toda la oscuridad del mundo el verdadero amor que mueve, sana y, por ende lo que cosechamos es la vida misma.

Por lo tanto ánimo que si Dios está contigo, quien en contra tuya. Nadie te puede apartar del amor de Dios, solamente tu si dejas que el enemigo siempre cizañe tu corazón. Aprende a amar y a perdonar y por lógica empieza por amarte a ti mismo. Deja el odio y los rencores, los celos y las iras y en cambio déjate inundar de la paciencia, de la armonía y de la ternura porque al final de todo lo único que te quedará es tu alma y ella hermano de mi corazón le pertenece a Dios.

Que la paz y la bendición de Dios te acompañen por siempre.

Dios te bendiga abundantemente

En el amor de Jesús

René Alvarado</itunes:summary>	</item>
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		<title>Cristo resucit&#243;</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Apr 2010 16:01:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Queridos hermanos de mi corazón. Que la paz y el amor de Cristo Jesús y el de nuestra madre María los acompañe siempre. Cantemos llenos de júbilo, ¡Cristo nuestro Señor ha resucitado! Esa es la alegría que cada uno de nosotros de vemos de estar experimentando en este momento en el que sabemos que todas [...]]]></description>
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	<itunes:author>René Alvarado</itunes:author><itunes:subtitle>Queridos hermanos de mi corazón. Que la paz y el amor de Cristo Jesús y el de nuestra madre María los acompañe siempre.

Cantemos llenos de júbilo, ¡Cristo nuestro Señor ha resucitado!

Esa es la alegría que cada uno de nosotros de vemos </itunes:subtitle><itunes:summary>Queridos hermanos de mi corazón. Que la paz y el amor de Cristo Jesús y el de nuestra madre María los acompañe siempre.

Cantemos llenos de júbilo, ¡Cristo nuestro Señor ha resucitado!

Esa es la alegría que cada uno de nosotros de vemos de estar experimentando en este momento en el que sabemos que todas nuestras cargas han quedado en el pasado, clavadas en la Cruz del Calvario y empezamos una nueva vida llena de esperanza para nuestras vidas.

Yo sé bien que alguien me dirá por ahí que eso de que nuestras cargas se han quedado en el pasado, no es cierto pues, sus vidas siguen igual, sin ilusión, sin esperanza que todo lo ven oscuro sin la famosa luz al final del túnel. El problema siempre ha sido que muchos de nosotros hemos vivido la Cuaresma sin sentido, más bien creo, que la vivimos hasta amargados y esa misma se acarrea aun en la misma resurrección.

No debemos de permitir al enemigo que tome control de nuestras vidas. Debemos de creer con todo el corazón que en la resurrección de Cristo, nuestras propias vidas han resucitado con él, y como dice San Pablo: “¿No saben que todos nosotros, al ser bautizados en Cristo Jesús, hemos sido sumergidos en su muerte? Por este bautismo en su muerte fuimos sepultados con Cristo, y así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la Gloria del Padre, así también nosotros empezamos una vida nueva.” Rom 6: 3

Entonces debemos de aprender a percibir la vida de una manera totalmente diferente y no dejarnos influenciar por lo que acontece en nuestras vidas. Las cosas de la vida son pasajeras, nada es eterno; no nos esforcemos por alcanzar todo aquello que por más que queramos nunca nos lo llevaremos con nosotros.

“Si han sido resucitados con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Preocúpense por las cosas de arriba, no por las de la tierra. Pues han muerto, y su vida está ahora escondida con Cristo en Dios. Cuando se manifieste el que es nuestra vida, también ustedes se verán con él en la gloria.” Col 3: 1-4

La vida terrenal no es nada más que un segundo en el tiempo de Dios y por ende hay que vivirla al compás de la voluntad del Señor, quien de día y de noche trabaja por darnos la felicidad y de llenar ese vacío que mantenemos en el corazón.

Creo que lo que ha pasado es que hemos perdido la fe, es decir ya no creemos que Dios en su plan perfecto de amor nos ha salvado de la muerte a que todo ser viviente le sobre viene y, no hablemos de la muerte física como tal, pues bien claro es que todos vamos a estirar el tenis un día. Más bien, hablemos de la muerte que es aun más profunda, la espiritual a la que muchos estamos expuestos por las circunstancias de la vida. Dios ha querido desde el principio de la humanidad, salvarnos de esa muerte y por milenios el hombre no ha querido pues para él (el hombre), el dejarse guiar por la mano de Dios es ir en contra de los deseos carnales. Ya bien lo decía Jesús a sus apóstoles allá en el Huerto de Getsemaní: “…el espíritu es animoso, pero la carne es débil.” Mc 14: 38

En eso se han convertido nuestras vidas, en puros deseos he intenciones carnales y con ello, nos exponemos a morir espiritualmente y cuando nos vemos en aprietos, es entonces que el culpable de nuestras decisiones erróneas es Dios. Esa es nuestra naturaleza y aunque Dios nos creo con espíritu, desde los principios le hemos dado rienda suelta a la carne.

No podemos darnos el lujo de perder la fe, pues en el momento en el que lo hagamos, entonces lo que continúa es la esperanza y si está se muere, ¿qué más nos queda? ¡Nada!

No desperdiciemos nuestras vidas en cosas que no tienen sentido, no nos aferremos a las cosas materiales, ni a la vida (sea está la mujer, el marido o la amante), no nos enfoquemos en los problemas que tenemos, más bien enfoquémonos en las soluciones para esos problemas. Recordemos que tanto la vida como el globo terráqueo continúan su marcha y por más que lo queramos detener nunca lo lograremos, más bien, nos saldrán canas y arrugas, la piel debajo de los brazos se desprenderá y aun así los días no se detendrán.

Por eso es que debemos de vivir siempre felices, pues la felicidad aniquila a la tristeza y le da sentido a nuestro dolor y sufrimiento. Y claro podemos decir que eso se dice fácil, pero lo difícil es realizarlo pues somos humanos con sus debilidades es cierto, pero aunque no lo creamos contamos con las fuerzas de Dios si así lo deseamos.

Muchos se enfocan en el dolor como algo que daña o mata y la misma experiencia de ese dolor les hace alejarse y apartarse de lo que son a los ojos de Dios. Recordemos, somos creación de Dios; él nos creo con sus benditas manos y nos dio su aliento divino entonces hay algo de él en nosotros: hay vida y mientras haya vida, siempre existirá una esperanza. Pero para llegar a esa esperanza, hay que vivir el momento en fe, creyendo que él estará siempre ahí con nosotros y aunque el mismo dolor o sufrimiento nos encamine a la muerte corporal, bien es sabido que de esa muerte viene la vida espiritual eterna. “…y ahora no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Lo que vivo en mi carne, lo vivo con la fe: ahí tengo al Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí.” Gal 2: 20

¡Gloria a Dios! Que manifestación tan grande tuvo Jesús al dar su vida en la Cruz del Calvario por la salvación de nuestros pecados, la sanación de nuestras heridas y sobre todo, como Dios en su grandeza arranca de las garras de la muerte a su Hijo Jesucristo para con ello darnos vida eterna.

Eso es lo maravilloso del Buen Padre, que aunque el hombre se ha apartado de él, él nunca se apartó del hombre y hoy está en espera de que sus hijos se arrimen a él como la gallina junta a sus polluelos debajo de sus alas (Mt 23: 37. Lc 13: 34)

Seamos felices en medio de todo aquello que nos aturde. Jesús que vivió el momento, no se dejó intimidar por las circunstancias que le rodeaban, al contrario tomo ventaja de ellas para glorificar su nombre y al final en su resurrección ser elevado al Cielo al lado del Padre que espera con los brazos abiertos a que cada uno de nosotros vengamos a él y nos dejemos conducir por él.

Hoy te invito a que no pierdas tu fe, a que siempre mantengas viva tu esperanza y que cuando sientas que la vela de tu vida se hace pequeña, has de saber que su luz nunca dejará de brillar si está prendida con la luz de Cristo.

Gal 5,4

Gal 2,20

1Tes 4,17

1Pe 1,7

1Jn 3,2

René Alvarado

Pan de Vida, Inc.</itunes:summary>	</item>
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		<title>Cuaresma parte 2</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Mar 2010 17:53:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
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	<itunes:author>René Alvarado</itunes:author><itunes:subtitle>Queridos hermanos de mi corazón. Que la paz y el amor de Cristo Jesús y el de nuestra madre María los acompañe siempre.  En las lecturas que hemos escuchado en la Santa Liturgia, se nos ha hablado sobre lo mucho que Dios quiere salvarno</itunes:subtitle><itunes:summary>Queridos hermanos de mi corazón. Que la paz y el amor de Cristo Jesús y el de nuestra madre María los acompañe siempre.  En las lecturas que hemos escuchado en la Santa Liturgia, se nos ha hablado sobre lo mucho que Dios quiere salvarnos de todos nuestros pecados, siempre y cuando nosotros estemos arrepentidos y deseosos de empezar una vida nueva en el Señor.  Veamos por ejemplo en la lectura de Ezequiel 37, en donde Dios nos habla directo al corazón y nos muestra cómo es que nuestras vidas alejadas de él se convierten en un simple valle de huesos y estos secos. “La mano de Yavé se posó sobre mí. Yavé me hizo salir por medio de su espíritu. Me depositó en medio de un valle, que estaba lleno de huesos humanos.” Ez 37: 1 Veamos como el profeta dejándose conducir por la mano de Dios, supo darse cuenta del estado de la vida del hombre cuando se separa del amor de Dios. En ese tiempo el pueblo judío, retornaba a su tierra después de haber vivido en el exilio por varios años y a su retorno, empezaban una nueva vida en la que por momentos se olvidaban de todo aquello que Dios les había hablado con promesa durante su cautiverio.  Eso es precisamente lo que vivimos hoy día. Hoy nos olvidamos de cuanto Dios ha dicho a nuestros corazones y, eso nos ha enviado a vivir un exilio en nuestra vida espiritual. Aunque se nos habla y se nos dice lo mucho que Dios nos ama y como quiere apartarnos de la muerte del pecado, aun así nosotros insistimos en alejarnos de él.  Nuestras vidas se han convertido en esos valles llenos de huesos, porque así tenemos el alma, seca, al no querer beber de aquel manantial de agua viva. ¿Por qué el hombre tiene la tendencia de apartarse del verdadero amor? Creo con toda seguridad que es porque su corazón está lleno de todo aquello que el mundo le ha puesto y la razón de ello es, porque ha vivido por tanto tiempo en el exilio, es decir alejado de la gracia de aquel que le ha brindado vida.  Por eso es que Dios al llevar a Ezequiel por ese valle le pregunta: “¿Hijo de hombre, podrán revivir estos huesos?,” a lo que en su humanidad, el profeta bien pudiese haber respondido con lógica: “Claro, si tú tienes todo el poder.” Pero no fue así, pues eso sería manipular los deseos de Dios en nuestras vidas. Por supuesto que Dios tiene poder y con solamente decir una palabra se pone por hecho su obrar. Dios siempre está deseoso en que nosotros confiemos en él, de acuerdo a su plan perfecto y en el tiempo que él tenga predispuesto para levantarnos de aquel lugar en donde nos encontramos tirados.   Ezequiel respondió: “Yavé, tú lo sabes.” No porque no tuviera fe en que se realizaría, más bien, su respuesta fue para que el poder total de Dios se hiciera en medio de aquel pueblo que no comprendía lo mucho que Dios le amaba. En nuestras vidas debemos comprender ese mismo punto y darnos cuenta que su voluntad no se realiza en nuestro tiempo y a nuestro comando. Esto hermanos de mi corazón, nunca va a trabajar así. Dios tiene un plan para nosotros permitiendo que en nuestras vidas atravesemos por desiertos, por incertidumbre, por instantes en los que nos sentimos solos y que nadie nos comprenda, no porque él sea malo o porque no le interesemos, más bien, para que su gloria sea realizada en cada una de nuestras vidas. Es por ello que siempre tenemos que tener en cuenta que en los peores momentos de nuestras vidas, nuestro buen Dios está a nuestro lado.  Cuando dejamos que la voluntad de Dios se realice, entonces nos damos cuenta el maravilloso sentido que tiene ese momento en el que atravesamos. Dios en su amor, quiere que tengamos vida, pero para llegar a esa misma, hay que vivir un proceso al cual no muchos de nosotros estamos deseosos de pasar. Cuando uno come una fruta, usualmente y dependiendo por supuesto de la que nos comemos, nos queda la semilla. Esta semilla, en nuestras manos no tiene vida, ni muerte, pero cuando la depositamos en la tierra, la misma muere y al cabo de un tiempo empieza a brotar de ella una nueva vida, la cual producirá nuevamente frutos. Es decir, eso mismo sucede con nosotros. Somos simplemente una semilla que en manos de Dios debemos morir a todo aquello que no nos deja vivir en paz, dejando atrás todo nuestro pasado, cuando fuimos consumidos por los deseos de la carne, quedando simplemente un una semilla que debe de ser enterrada, para que vuelva a dar vida.   Dios le dice al profeta que clame a los cuatro vientos y que en su clamor pida que el Espíritu se derrame para que aquellos huesos que han surgido del proceso de restauración, tengan vida. “¡Profetiza, hijo de hombre, llama al Espíritu! Dirás al Espíritu: Esto dice Yavé: ¡Espíritu, ven desde los cuatro vientos, sopla sobre estos muertos para que vivan! Profeticé según la orden que había recibido y el espíritu entró en ellos; recuperaron la vida se levantaron sobre sus pies: era una multitud grande, inmensa.”  Dios quiere darnos vida, pero la vida viene cuando morimos al pecado, cuando dejamos que él nos restablezca de esa muerte, dando sobriedad y estructura a una nueva creatura formada con la promesa de una vida eterna. “Voy a abrir las tumbas de ustedes, oh pueblo mío, haré que se levanten de sus tumbas y los traeré de vuelta a la tierra de Israel. Entonces, cuando haya abierto sus tumbas y los haya hecho levantarse, sabrán que yo soy Yavé. Pondré en ustedes mi Espíritu y vivirán; los estableceré en su tierra y sabrán que yo, Yavé, lo dije y lo hice, palabra de Yavé.”  Bendito sea Dios por todo el amor y sobre todo por la paciencia que nos tiene. Aun así nos alejemos de él, aun así el pecado se convierta en nuestra condenación, aun así seamos renuentes y no queramos escuchar su voz, él siempre está allí esperándonos, tocando a la puerta de nuestro corazón para que lo dejemos entrar y en nuestro interior nuestras tumbas sean abiertas y podamos dejar que su Espíritu de amor nos restablezca para una vida eterna.  ¿Qué es lo que nos impide ser restablecidos? Miremos a nuestro alrededor y veamos el valle en el que nos encontramos hoy día. Si nuestro valle está lleno de huesos secos, es quizá porque no hemos permitido que Dios venga a nuestra vida y nos levante con una nueva actitud hacia lo que experimentamos en el presente. Hay que recordar que si bien es cierto en la vida hemos sufrido y algunos de nosotros por más que hemos pedido por nuestras necesidades, no vemos respuesta de Dios, él está ahí sosteniendo y esperando el momento en el que más que supliquemos por la solución de lo que vivimos, le demos gloria porque en medio de todo ese sufrimiento su mano se manifestará con poder en el tiempo en el que él tenga predestinado.  Hoy digamos con todo el corazón: “Confiaré en ti en mis momentos de debilidad, pues tú, Yahvé de los ejércitos eres mi protector y en medio de todas mis angustias tu me guardarás.” No seamos de los que solamente en los momentos de alegría y euforia lanzamos canticos de alabanza al Señor. Hay que alabarle es cierto, pero la alabanza debe de darse desde lo más profundo de nuestro dolor porque al final de cuentas a Dios le encantan las alabanzas y no las quejabanzas (Sal 42: 12). Es que Dios conoce lo que nos aflige desde antes que se lo pidamos (Mt 6: 8). ¿Por qué entonces la desconfianza? Cuando creamos que todo se ha acabado y nos sintamos derrotados y nos sintamos claudicar, debemos de recordar que ahí está aquel que quiere brindarnos vida.  Te invito pues a que no te desanimes, que sigas adelante, que confíes en Dios en su amor y aunque sea muy densa tu oscuridad, o se te haga difícil continuar, debes abrir tu corazón y confiar en él y deja que sea él quien en su amor te acompañe y te muestre el camino que te llevará a la vida eterna.  René Alvarado  Pan de Vida, Inc.</itunes:summary>	</item>
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		<title>Cuaresma parte 1</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Feb 2010 22:53:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cuaresma]]></category>
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Empezamos nuevamente el ciclo de Cuaresma en nuestro calendario litúrgico y con él, todos nuestros sentimientos de arrepe</itunes:subtitle><itunes:summary>Queridos hermanos de mi corazón. Que la paz y el amor de Cristo Jesús y el de nuestra madre María los acompañe siempre.

Empezamos nuevamente el ciclo de Cuaresma en nuestro calendario litúrgico y con él, todos nuestros sentimientos de arrepentimiento y purificación para nuestras vidas.

Con el miércoles de ceniza nos dimos cuenta como las grandes masas de gente se amontonaban para recibir la misma sobre sus frentes. Unos venían con plena fe y devoción, mientras que otros la recibían solamente como un tipo de marca para apartarlos de la mala suerte y sin convicción y conocimiento del verdadero significado de la ceniza sobre nuestra cabeza.

La realidad es que la ceniza siempre se utilizó como signo de de arrepentimiento y humillación ante la presencia maravillosa de Dios, pero con el tiempo se convirtió en un amuleto que intercambiaba revolcarse en la misma por un favor de Dios en sus vidas.

Cuando las cosas les iban bien, la ceniza no se hacía parte de sus vidas, pero cuando la soga les apretaba el cuello, estaban siempre atentos a tirarse sobre ella para que todo mejorara. En el Libro de Isaías en el capítulo 58 del verso 1 en adelante, Dios habla y declara como era que aquel pueblo se vivía quejando constantemente del por qué de la vida, sin confiar plenamente en él, quien tiene poder para resolver nuestros conflictos. Ellos siempre trataban de ayunar y de ponerse sacos y revolcarse en ceniza en disqué sacrificio para agradar a Yahvé, pero que sus acciones demostraban lo contrario. (Is 58: 1-4)

Pienso que eso mismo estamos haciendo hoy día, las mismas rutinas que el pueblo de Israel hacía cientos de años atrás. Es que nuestra mentalidad humana que por cierto es tan limitada, no nos deja comprender que a Dios no le podemos dar trato de negociante, que nunca podremos manipularlo a nuestro antojo sin importar cuán religiosos seamos o cuanta ceniza nos pongamos o nos revolquemos en la misma.

No hermanos de mi corazón, a Dios nunca lo podremos engañar con nuestros recursos puritanos, cuando no existe sinceridad en nuestros corazones, cuando no respetamos a nuestro prójimo, cuando no respetamos la vida y acosamos a los más débiles, torturándoles hasta la misma muerte y claro no hablamos solamente de la muerte física, sino que también de la misma muerte interior que causamos con nuestras acciones.

Ya bien lo decía Isaías en el mismo capítulo ahora en el verso 4: “Porque en los días de ayuno ustedes se dedican a sus negocios y obligan a trabajar a sus obreros. Ustedes ayunan entre peleas y contiendas, y golpean con maldad. No es con esta clase de ayunos que lograrán que se escuchen sus voces allá arriba.” ¿Cómo es que pretendemos vivir un tiempo litúrgico de arrepentimiento, cuando solamente lo vivimos como una simple fecha más dentro del calendario? Si nuestras vidas no cambian verdaderamente, si nuestras vidas no dan un vuelco complete de 360°, nunca podremos vivir a plenitud el verdadero significado de la Cuaresma.

En nuestros propios hogares perseguimos y somos perseguidos por actos de violencia doméstica que van aniquilando las vidas de toda la familia, que es la base de la sociedad. Es por ello que el mundo está como está, por el sencillo hecho que simplemente no vemos o mejor dicho no queremos ver el dolor que causamos a todos aquellos que comparte nuestro existir.

Cuando nos comportamos de esa manera en el hogar, nuestras familias se desintegran y como el cáncer se riega por el cuerpo, de la misma manera nuestras actitudes se riegan por el Cuerpo místico de Cristo. Aun así pretendemos venir cada año el Miércoles de ceniza a marcarnos con una cruz que no tiene valor ni sentido, cuando nuestro interior está podrido con todas aquellas cosas que botan por un lado la bondad de Dios misericordioso, así como se botan los desperdicios en el basurero.

No olvidemos que Yahvé es un Dios de poder y no hablamos de un poder humano como el nuestro, que manipula, que abusa y hiere, cuando lo utilizamos para dañar a otros. ¡No hablamos de ese tipo de poder! Hablamos del poder que aunque puede transformar vidas, no lo puede ejecutar sobre aquellos que no lo quieran. Como nos dice Jeremías 32: 17: “Ah, Señor Yahvé, tú has hecho los cielos y la tierra con tu inmenso poder y con la fuerza de tu brazo. ¡Para ti nada es imposible!” Nosotros le podemos agregar la excepción siguiente: “¡Excepto dejar de amarnos!”

Dios busca con su amor que nuestras vidas cambien y trata por todos los medios de que nosotros veamos cuán grande es su amor sobre nuestras vidas, pero, no lo vemos así; todo el tiempo vivimos en quejabanzas y perdemos el tiempo en religiosidades sin sentido cuando rechazamos su verdadero amor en lo más profundo de nuestro interior.

Se hacen promesas de ayunos tontos sin sentido, previniéndonos de comer dulces, de no comer carnes rojas los viernes, de no ver televisión, de no ver a la amante durante dos semanas o cualquier otro tipo de “sacrificios” que no conducen al verdadero amor. Lo que Dios quiere que sacrifiquemos es nuestras vidas, que la ceniza sobre nuestras frentes sea la clara realidad de un arrepentimiento puro, que se demuestre con acciones, perdonando a los que nos han dañado y sobre todo pidiendo perdón a todos aquellos que nosotros mismos hemos ofendido.

No vengamos a untarnos de ceniza, no vengamos a mostrar un rostro desfigurado porque estamos ayunando, no vengamos ante su presencia con hipocresías, demostrando ante el mundo que somos todos unos santos (los enmascarados de plata), cuando sabemos que Dios está viendo nuestro interior. Eso es lo maravilloso de Yahvé, él lo conoce todo, cuando estamos despiertos, cuando estamos durmiendo, cuando obramos bien y cuando obramos mal y aunque pensamos que nadie nos ve, Dios nos ve.

Dios ha estado con nosotros todo nuestro existir, desde que fuimos engendrados en el vientre de nuestras madres, él ha estado ahí presente, y, ha querido que nosotros lo experimentemos a nuestro lado, pero por las mismas circunstancias de la vida, su presencia se ha apartado y en su lugar le hemos puesto nuestros rencores y odios, nuestras penas y aflicciones, nuestras enfermedades y debilidades y pensamos que con el simple hecho de ayunar comerciando con él a cambio de una mejor vida, es como saldremos de todo aquello que nos aqueja. Como nos dice Isaías 58: 5: “¿Acaso se trata nada más que de doblar la cabeza como un junco o de acostarse sobre sacos y ceniza? ¿A eso llamas ayuno y día agradable a Yahvé?”

¡Qué tremendo! ¿Cómo es que Dios aun así nosotros lo alejemos de nuestras vidas, él siempre regresa y trata por todos los medios de juntarnos como la gallina junta a sus polluelos bajo sus alas? (Mt 23: 37)

Su misma Palabra nos dice por medio del Evangelio de San Juan en el 3: 16: “¡Así ama Dios al mundo! Le dio al Hijo Único, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.” Es que hemos sido llamados a esa vida eterna por el poder de su amor. Démonos cuenta que el simple vivir como rutina, se hace monótono, nos hace vulnerables ante situaciones adversas, mismas que nos hacen buscar externamente lo que Dios mismo ha tratado de dar desde que tenemos vida.

Por otro lado debemos de entender que la misma vida nos lleva por los que llamamos desiertos, los que atravesamos sedientos y que en medio de caminar por los mismos, se nos hiero por los golpes de la vida. Hay tentaciones que nos asechan día con día en medio del sol radiante que quema nuestro espíritu y no nos deja seguir. Sentimos hambre y sed de justicia, especialmente cuando somos golpeados y humillados, cuando somos perseguidos y algunas veces ejecutados sin causa alguna más que el simple hecho de ser quienes somos.

Buscamos siempre una salida a ese desierto de la vida; todo el tiempo buscamos caminos o senderos que nos lleven a ese oasis, y por más que busquemos, al final de cuentas los mismos nos llevan a morir sin esperanza, desgastados por el largo caminar, y, en ocasiones, en medio del mismo desierto, sucumbimos ante la muerte que nos asecha constantemente, cuando no confiamos en aquel que experimentó en Carne propia lo que el hombre atraviesa por sus mismas debilidades.

Es fácil encontrar salidas o pretextos a lo que nos acontece. Veamos como ejemplo a las mujeres que son humilladas por maridos que sin escrúpulos, llevados por la máscara de un machismo desorientado que encubre sus propias debilidades, golpean y rebajan a basura a sus esposas y a sus hijos y aun así estas mujeres cuando se les recomienda que sería mejor dejar a esos maridos, siempre dicen que no los dejan por sus hijos, porque qué van ellos a hacer sin su padre. Prefieren seguir sufriendo y se acercan a Dios para consuelo, sin hacer nada de su parte para solucionar su situación y cuando Dios no les responde, buscan al brujo o al hechicero para que les haga un trabajo a sus maridos. ¡Qué ridículo!

Nos damos cuenta ahora como es que la ceniza por sí misma no puede hacer nada, sin que nosotros nos pongamos en acción. Tenemos que fundir ambas cosas. Como nos dice aquel refrán popular: “A Dios pidiendo, pero con el marro dando.”

Jesús que vivió su propio desierto, logró vencer las tentaciones que el enemigo le ponía en frente, porque él confió en Dios en todo momento. No se dejo amedrentar en medio de su propio sufrimiento o del hambre que sentía pues siempre creyó en que su Padre nunca le dejaría morir hasta llegar su hora.

Cristo siempre respondió confiando y al final nos dice la Escritura: “Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles a servirle,” Mt 4: 11, Ven, Jesús tuvo acción, y eso lo llevo a sobre llevar todo lo que le aquejaba en esos momentos. A lo mismo estamos llamados cada uno de nosotros, a confiar plenamente en aquel que nos fortalece (Fil 4: 13).

Hoy nos invita la Iglesia a confiar plenamente en Dios, a creer plenamente en su infinito amor y sobre todo a que más que una marca de cruz de ceniza sobre nuestras frentes, nos dejemos transformar por el poder del amor incomparable de Dios en nuestras vidas y, sobre todo, a que nos arrepintamos de toda acción negativa en la que hemos vivido, dejando que sea su amor el que sane nuestras almas heridas por el desierto que atravesamos en nuestras vidas.

Recordemos que el enemigo siempre está al acecho, como león rugiente, siempre buscando a quién devorar. (1 Ped 5: 8) Él quiere que todos nos alejemos del amor de Dios y que nos perdamos en el fango del pecado, al caer abatidos por las tentaciones que encontramos en nuestros desiertos.

Pablo nos dice que todo aquello que vivimos, ya sean aflicciones o problemas, en nada se comparan con la gloria que tenemos prometida en el Cielo. (Ro m 8: 18) Por lo tanto veamos este principio de cuaresma como lo que realmente es, confiando plenamente en que Dios está definitivamente a nuestro lado sin importar lo que atravesamos o lo que vivimos siempre y cuando estemos dispuestos a dejarnos tocar por su eterno amor veremos su gloria manifestarse en medio de nuestro existir.

Solamente atreviéndonos a vivir despojados de todo sentimiento de derrota, despojados de la mugre de nuestro corazón, ya sean estos odios o rencores, sean iras o celos, es como verdaderamente viviremos a plenitud el perdón de nuestros pecados, porque perdonando es como somos perdonados. Pero si en nuestro interior seguimos acumulando oscuridades, esas mismas nos llevaran por desiertos que nos encaminan con sus tentaciones a la perdición.

Debemos de vivir con ejemplo las experiencias de la vida, poniendo en práctica lo mucho que él en su bondad nos ha manifestado, no simplemente con una marca de ceniza sobre nuestra frente, más bien, con el toque de su amor en nuestros corazones y, de esa manera, podremos llenar esos vacíos que llevamos por dentro.

Ya no esperemos más; es el tiempo de la decisión que cambiará nuestro vivir, hoy digámosle a Dios: “Sí Señor, hoy quiero que tu amor perdone mi ser, para entonces yo poder perdonar al que me ofendió y de la misma manera, pedir perdón al que he ofendido, pues ya no quiero caminar en medio de un desierto sin consuelo y sin sentido” ¡Amén!

René Alvarado

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		<title>El tiempo se nos va</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Feb 2010 03:38:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
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Vemos como en la televisión, en el cine o en las revistas, nos dicen por ejemplo, que ya no vivamos en el pasado, que tenemos que tirar aquel carrito viejito que nuestros padres manejaron y con el tiempo nos los dejaron, que eso ya nos es de nuestro tiempo, que hoy día debemos de manejar vehículos que consumen poca gasolina y guiados por energía verde a los que se les llama: “Híbridos,” aunque los pedales se nos traben o que los frenos nos fallen, llevándonos a la muerte. Nos dicen también que para qué nos preocupamos en aprender a cocinar si eso ya es algo que solamente los abuelos hacían. Hoy tenemos comidas rápidas, las cuales simplemente metemos en los hornos de micro-ondas, sin importarnos lo contaminadas que estas están con químicos que hacen que se mantenga “frescas,” haciéndonos más enfermos físicamente día con día. Es por ello que vemos más niños obesos, con enfermedades como la diabetes, las presiones altas y en algunos casos con derrame cerebral como consecuencias de esas comidas que las grandes empresas de alimentos han preparado con veneno para nuestras familias.  ¿En dónde se quedaron aquellas noches en las que se cenaban las deliciosas comidas que nuestras madres preparaban con aquellos alimentos frescos del día? ¿En dónde se quedaron aquellos automóviles que nuestros padres y abuelos podían arreglar y cambiar de aceite sin tener que llevarlos con expertos en computadoras?  Esos días hermanos de mi corazón ya no existen y con ellos se han ido también todos aquellos aspectos morales que sostenían a la familia y a la misma sociedad. Creo que hemos sido nosotros mismos los que dejándonos manejar por las codicias humanas, las que nos han hecho perder el sentido común y nos hemos desviado por senderos que aunque parecieran buenos, nunca serán perfectos mientras ellos nos encaminen a la inmoralidad.  Por supuesto que alguien que lee estas líneas podrá decir que entonces por qué estoy escribiendo este blog, usando un medio de comunicación en el que en su mayoría se usa para la perdición. Claro que no todo lo que vivimos en los grandes avances científicos de hoy en día, son malos. Es más me atrevería a afirmar que no lo son, el problema es que nosotros como humanidad los hemos desviado de las riquezas que ellos nos pudieran traer como sociedad y por qué no decirlo como humanidad.  El otro día escuchaba que en una ciudad en el este de los Estados Unidos, los sacerdotes de una parroquia, estaban pensando abrir una ventana en la parte trasera del templo, para con ello facilitar las confesiones a los feligreses que por “falta de tiempo” no pueden asistir a confesarse dentro del mismo y en otra piensan abrir una para que los feligreses que no tienen “tiempo” de asistir a misa, puedan depositar sus ofrendas. Eso es penoso.   Vamos tan rápido en la vida que nos olvidamos de vivir. Como dice aquel viejo refrán: “Trabajamos para vivir o vivimos para trabajar.” Porque nos hemos convertido nuestras vidas en los esclavos del tiempo y del trabajo en todas sus magnitudes. Veamos como existen personas que tienen que trabajar dos o tres turnos pues de lo contrario no pueden sobre vivir con todas sus comodidades, con sus televisiones plasma, sus Ipods, sus teléfonos celulares con tonos soeces, sus autos híbridos, etc.   Un día platicaba con un hermano que me compartía sobre la separación con su esposa con la que había compartido veinte años de vida matrimonial. Él me decía: “Hermano René, cuando me casé, lo hice muy enamorado y deseaba estar con mi esposa a cada segundo de mi vida. Pero cuando me di cuenta de las responsabilidades que un hogar contrae, empecé a trabajar duro para que a mi familia nunca le faltará lo que a mi hizo falta.” “¿Y lo lograste?” Le pregunte. “Hay hermano René,” me respondió y continuo. “Trabaje duro por muchos años, sin darme cuenta que mis hijos crecían, que nunca estuve para sus cumpleaños o eventos especiales en su escuela o sus deportes, que cuando llegaba del trabajo ya estaban dormidos y cuando me iba por la mañana, ellos seguían sin verme…” Hizo una pausa y con un nudo en la garganta continúo. “A mi esposa, a la que amaba con todo mi corazón y a la que le había prometido estar en todo momento con ella, la abandoné en el instante que daba a luz a mis hijos por el maldito trabajo…” Se detuvo un instante y en ese momento aproveche para preguntarle: “¿Por qué dices el maldito trabajo?” “Porque siempre pensé que trabajaba duro para mi familia y verdaderamente nunca conocí a mi familia. Mi esposa al verse sola sin atención pues como trabajaba de día y de noche, no tenía tiempo para ella y vino alguien más a darle la atención que no le preste y me la robó…” “Lo siento mucho,” le dije. “¿Y que de tus hijos?” le pregunte. “Ellos…” Derramó una lagrima de dolor y me dijo: “…se fueron con su madre pues aunque yo los hubiera reclamado, ellos no me conocían”  Esos son los días que vivimos. Días que se nos acortan por el ritmo en el que vivimos. Ya no necesitamos esperar el año 2012 del calendario Maya para el final de los tiempos, estos ya los estamos viviendo a cada momento en el que nos dejamos manipular por lo que la sociedad nos indica, dejándonos manipular como el titiritero manipula a sus marionetas.  Creo que nos hemos alejado tanto del Creador al pensar que la vida la podemos llevar como mejor nos parezca, sin que nadie nos diga ni cero a la izquierda. En otras palabras nos hemos olvidado de de vivir, porque nos hemos alejado del dador de la vida.  La misma libertad que se nos dio, la convertimos en libertinaje y sin sentido hemos transformado lo que se nos dio como don precioso en un mundo sub-real que nos lleva a la perdición en medio de la miseria humana, convirtiéndonos en seres robotizados y programados por el mundo para caminar como mensos ciegos, al borde de la perdición, sin importarnos qué hay un del porque vivir, que existe la verdadera felicidad cuando nos damos cuenta que se puede respirar el aire de la vida misma y que como el famoso Pinocho, podemos romper con los hilos que nos manipulan y que confiando en el Creador, podremos alcanzar la plenitud de la vida.  Pensemos que tenemos alguien más por quien vivir, pero que no podemos dar una vida simplemente material, que aquellos por los que nos desvivimos esperan de nosotros a nosotros mismos y no cuanta comodidad y lujo material podamos tener a nuestro alrededor. Demos una abraso, demos un beso y digamos al oído de nuestra pareja, quien quiera que esta sea, un “te amo,” desde lo más profundo de nuestro corazón. A nuestros hijos si aun los tenemos con nosotros, decirles que se les ama sin importar las notas de la escuela y corregirlos con amor en los momentos en los que se equivocan.  Seamos felices con paz en el corazón aun así nos tronemos los dedos para pagar las deudas; aun así nuestro auto sea la bicicleta que nos lleva a la chamba y nuestros zapatos estén cumpliendo 5 años cubriendo nuestros pies, recordando que al quejarnos que ya ellos tienen hoyo en la suela, hay gente que no tiene pies.  Vivamos la verdadera libertad perdonando desde lo profundo del corazón a todos aquellos que nos hayan ofendido y por qué no decirlo, pidiendo perdón a todos aquellos a los que nosotros ofendimos. Porque en ello hermanos de mi corazón es como construimos ladrillo a ladrillo nuestra morada allá en la vida eterna.  Sé feliz y deja que tu corazón se inunde de ese amor incomparable del todo poderoso en tu vida, porque nadie te brindará el verdadero amor como el amor eterno de Dios. (Jeremías 31: 3)  Bendiciones  René Alvarado  Etiquetas de Technorati: Tiempo,amor,Dios,mundo</itunes:summary>	</item>
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		<title>La expresión del amor&#8230;</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Feb 2010 23:08:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
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		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[catolicos]]></category>
		<category><![CDATA[San Pablo]]></category>

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		<description><![CDATA[El Apostol Pablo nos explica el significado del amor de de Dios en su primera epístola a los Corintios]]></description>
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		<title>Alcoholismo</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Jan 2010 20:36:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En este episodio nos enfocamos sobre lo que es el alcoholismo, sus consecuencias y medios por los cuales podemos encontrar ayuda.]]></description>
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	<itunes:author>René Alvarado</itunes:author><itunes:subtitle>En este episodio nos enfocamos sobre lo que es el alcoholismo, sus consecuencias y medios por los cuales podemos encontrar ayuda.</itunes:subtitle><itunes:summary>alcoholismo</itunes:summary><itunes:duration>69:30</itunes:duration><itunes:explicit>No</itunes:explicit>	</item>
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		<title>Creaci&#243;n inteligente o evoluci&#243;n de Darwin</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jan 2010 17:53:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hace algunos días atrás, veía un documental en la televisión que hablaba sobre lo que se le conoce como “Diseño inteligente”. En este programa, se discutía sobre cómo era que nuestro planeta, su contenido y el universo entero fueron creados por algún ser inteligente, pues, no cabía duda que la vida de todos los seres [...]]]></description>
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	<itunes:author>René Alvarado</itunes:author><itunes:subtitle>Hace algunos días atrás, veía un documental en la televisión que hablaba sobre lo que se le conoce como “Diseño inteligente”. En este programa, se discutía sobre cómo era que nuestro planeta, su contenido y el universo entero fueron creado</itunes:subtitle><itunes:summary>Hace algunos días atrás, veía un documental en la televisión que hablaba sobre lo que se le conoce como “Diseño inteligente”. En este programa, se discutía sobre cómo era que nuestro planeta, su contenido y el universo entero fueron creados por algún ser inteligente, pues, no cabía duda que la vida de todos los seres ya sean estos vivientes o no, eran muy complejos como para haber sido simplemente una mutación o evolución de un ser a otro, según el lugar en donde se encuentren en lo que se conoce como el “Darwinismo”.

Cuando se habla de Darwinismo, se sabe que es la hipótesis sobre la existencia evolutiva y aun siendo solamente una simple hipótesis, los científicos alrededor del mundo la toman como un hecho real.  

Esto por supuesto nos aparta de todo aquello que como humanidad hemos vivido por toda la existencia. Por milenios, hemos dependido de ese ser sobre natural que nos ha guiado en medio de todo aquello que no podíamos comprender. El hombre siempre por su curiosidad natural empezó a descubrir desde los principios de los tiempos, todo lo que había a su alrededor y cuando no comprendía algo o en términos científicos, no encontraban una respuesta lógica entonces se le acreditaba a una deidad, sea este el dios del sol o de la luna.

Esos eran los tiempos simples del hombre. No había que preocuparse por lo que no se podía entender. Todo dependía de ese ser al que se le debía devoción y sacrificios para apaciguar su terror sobre la tierra. Pero al transcurso de los tiempos, el hombre al hacerse más “civilizado”, dispuso de más tiempo para descubrir que la luna no era de queso y entonces se preguntó del por qué no lo era y fue en aquel momento que la vida del hombre se complico.

Siempre buscamos un del por qué de la vida y buscamos tanto que en la misma búsqueda nos quedamos más perdidos que cuando empezamos.

¿Por qué no regresamos a nuestros tiempos en los que la vida era simple? ¿Por qué hoy día no queremos depender de Dios y nos dejamos conducir por lo que el mundo con su taparrabos y la ciencia nos indican, separándonos de la verdadera existencia de ese Ser Superior?

Es que desde el siglo V y el VI se empieza una gran revolución en Europa en la que el hombre empieza a retar a la Iglesia sobre la procedencia del universo. Ella (la ciencia) descubría que el sol no giraba alrededor de la tierra y que la misma tierra no era el centro del universo. Qué aberración tan grande. ¿Cómo es que se atrevía la ciencia a decir que eso era una realidad y no lo que nos habían venido diciendo nuestros abuelos y sobre todo la Iglesia?

Luego a mediados de los 1800, vino un hombre llamado Charles Darwin a decirnos que se fue de viaje por unas islas en el sur de América llamadas Galapos y que en ellas descubrió que realmente la vida en los seres, todos los seres están sometidas a un proceso de cambio en el que van evolucionando de acuerdo al medio ambiente que les rodea. ¡Qué idea tan fenomenal! Eso significaba que al fin el hombre tomaba control de la creación. Que Dios no creo inteligentemente el universo y mucho menos la tierra con todas sus criaturas; que realmente el universo fue creado por una gran explosión a la que llamarón: “el big bang” y que por billones de años esa explosión se expandido a través del vasto espacio del que nadie sabe con certitud cómo es que estaba ahí y fue entonces que el universo fue evolucionando y por lo tanto se empezó a descartar la idea de que un ser superior lo hubiese creado.

Hoy día nos han quitado a ese ser superior en las escuelas y en los centros de gobiernos es un “pecado” hablar de la existencia de Dios. Escuchaba el otro día sobre la nueva moneda de un dólar americano, a la que le quitaron “En Dios confiamos” pues Dios no “existe” en medio de una sociedad que se pierde en su propio excremento. Se han llegado hasta las cortes superiores casos en los que los “grandes científicos” pelean por quitar de nuestras mentes y sobre todo de nuestros corazones lo que ellos llaman una pérdida de tiempo el buscar de Dios cuando a él no lo podemos ver, en cambio nos dicen, la ciencia es algo palpable, a la que podemos agregar o quitar de acuerdo a lo que se va descubriendo en ella.

Es que para la ciencia su santo es: Santo Tomás pues “hasta no ver no creer”, mientras que para el resto de los creyentes es al revés: “Creer sin ver, para obtener” y se busca las maneras de “descubrir” el momento exacto en el que la vida empezó sin creer que alguien lo haya creado.

Los antropólogos buscan ese “eslabón” que les confirme que el hombre se “desenrolló” del mono y que nuestra vida humana, empezó arriba de los árboles. Pero por más que busquen, nunca, lean bien, NUNCA encontrarán lo que no existe.

Si bien es cierto que el hombre ha ido evolucionando con el tiempo, de acuerdo a sus capacidades y su medio ambiente, también es cierto que al ser él mismo, creado por Dios, nunca fue ideal de Dios crearnos sin cabidas de pensamiento propio, dándole la capacidad al hombre de descubrir por él mismo sus dones y carismas con los que afrontaría sus diarias realidades y sin quitar su intelecto racional desde que fue puesto sobre la tierra, por ende su transformación de seres primitivos a seres que sus propias experiencias los llenaron de muchas aptitudes para sobre vivir.

Es triste pensar que esa misma capacidad de pensar por sí mismo, ha llevado al hombre a alejarse de Dios, a quitarle el crédito a ese Ser que con su gran poder y majestad se tomó el tiempo e inteligentemente creo el universo, la tierra y todo lo que existe sobre ella y aunque dentro de todo el universo existen otras galaxias y quien quita exista vida en alguno de sus planetas, debemos de reconocer que las condiciones que tenemos aquí en la tierra son únicas para soportar vida como la conocemos y que no fue pura casualidad o cosas del destino o consecuencias de una gran explosión que estemos en el lugar correcto, es que alguien nos puso aquí; alguien tuvo que haber creado para poder existir. Le pregunto a los grandes científicos que nos den una clara explicación sobre esa gran masa que estuvo sin explotar por miles de millones de años: ¿Qué era? ¿Qué tan grande era para crear lo que hoy conocemos? ¿De dónde vino y cómo fue creada y por quién? Porque alguien tuvo que haberla creado. No pudo solamente haber estado allí como una gran bola de roca, sin motivo y sin vida.

Hoy día la Iglesia nos enseña que ella va de la mano con la ciencia y que los descubrimientos que el hombre ha hecho, van reflejando los acontecimientos de los tiempos en los que vivimos y que ella (la ciencia) complementa lo que la Iglesia a dicho por siglos: “En el principio, cuando Dios creó los cielos y la tierra, todo era confusión y no había nada en la tierra”. Gen 1: 1-2. Allí está el “big bang” de la ciencia y, claro comprendemos hoy día que la tierra y el universo no fueron creados en 6 días, pero entendemos que fue diseñada y creada por ese ser Superior a quien nos cuesta entender porque no le podemos encontrar lógica a lo que no podemos ver.

Por supuesto que vamos evolucionando, de lo contrario qué sentido tendría la vida y lo seguiremos haciendo hasta el momento en el que termine nuestro existir, pues todo tiene su tiempo. Hoy debemos de regresar a nuestras raíces y no hablo de nuestras culturas o costumbres, más bien, hablo sobre del regreso a las bases de nuestros orígenes, que retornemos a nuestro Creador Inteligente y que en vez de quitarnos a Dios de nuestras vidas, lo hagamos parte de la misma evolución pues la vida sin fe no tiene sentido, porque ella es la que alimenta lo que llevamos por dentro, ella es lo que nos permite seguir adelante con nuestro diario vivir, soportándonos, en la que nos apoyamos en los momentos más difíciles en los cuales sentimos que nada se puede hacer. ¿Cuántos, que en los peores momentos de sus vidas, encuentran consuelo a través de una simple oración? ¿Cuánta gente, después de que la ciencia les dijo que su enfermedad era terminal y que no había nada que la medicina pudiera hacer, por una oración sus vidas se recuperaron?

Eso es lo que nos falta hoy. El hombre debe darse cuenta que la vida no tiene sentido, por más que le busquemos y por más que le queramos tapar el sol con el dedo, démonos cuenta que el sol es mucho más grande que nuestro dedo y que por todo el tiempo que le demos respuestas racionales a lo que no podemos entender, siempre viviremos de des armonía, con codicias, envidias y rencores porque simplemente la ciencia no nos da y nunca nos brindará lo que únicamente Dios nos puede brindar y eso es su bendito amor que puede vencer en cualquier momento, a tiempo y destiempo.

Es solamente por medio de su amor y la fe que profesamos en él, como verdaderamente nos encontraremos con respuestas lógicas a todo aquello que no le encontramos sentido. Inclusive la misma ciencia en su rama de Psicología, nos dice que muchas de nuestras enfermedades emocionales se deben a nuestras faltas de sanidad interior, que cuando no queremos perdonar o pedir perdón, nuestro sistema físico, empieza a deteriorarse hasta el momento en el que ya no se puede hacer nada y ni siquiera las pastillas antidepresivas que la ciencia ha creado en reemplazo de Dios, pueden dar solución a lo que nos aqueja, cuando lo que necesitamos es simplemente reconocer que si no amamos, nos perdemos en el abismo de la muerte física o/y espiritual.

Hasta que el hombre no descubra que todo proviene de un ser inteligente y creativo y que nos rindamos a él, es entonces como comprenderemos de dónde venimos y hacia dónde vamos. Lo chistoso de todo es que, todo aquello que parece ilógico, tiene mucha lógica en la creación inteligente de Dios, ya qué él es en nuestro pensamiento humano un ser sin coherencia y sin sentido especialmente para aquellos que buscan un sentido material a lo que es espiritual y si no lo veo entonces no existe.

Siento mucho deshacer sus teorías racionales, pues Dios existe en lo que vemos a nuestro alrededor, en los niños hambrientos, en los ancianos abandonados, en los presos, en los desamparados, en los perseguidos y discriminados y aun así nos atrevemos a decir que no existe. Para los científicos, eso es como darle validez a lo que vienen diciendo: “¿En dónde está su Dios cuando hay mucha miseria en el mundo? Que nos digan ellos cómo la ciencia les da de comer o vestir sin pedir nada a cambio, sin dejar que el rico se haga más rico a costillas de los pobres, o qué solo el rico es de Dios porque lo tiene todo. Es ahí en donde choca la ciencia con el diseño inteligente. Cuando su creación fue dada para que nosotros mismo en nuestra “evolución” fuéramos descubriendo que todos somos creados de la misma fuente y que por lo tanto debemos reconocer que debemos de buscarnos y apoyarnos unos a otros pues si de Dios venimos, entonces debemos de amarnos como él nos ama, con inteligencia y sabiduría, demostrando que si Dios nos dio inteligencia y libertad de pensamiento, entonces hay que poner la ciencia al servicio de los más necesitados.

Sí, dejémonos educar sobre los nuevos descubrimientos y los más profundos avances científicos, pero por el amor de Dios, dejemos que él nos acompañe y que juntos como nos dice la Iglesia alcancemos los más grandes avances para el bienestar de la humanidad, hasta su venida maravillosa.

René Alvarado</itunes:summary>	</item>
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		<title>Los Retos del bautismo</title>
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		<pubDate>Sun, 10 Jan 2010 21:19:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Al ser bautizados se nos hace el reto de ir a compartir la Buena Nueva con amor, perdonando al que nos hizo daño y pidiendo perdón al que dañamos]]></description>
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		<title>El bautismo del Se&#241;or</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Jan 2010 02:05:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
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Que si hay que bautizar de niños o si el verdadero bautismo se debe de practicar cuando se es adulto, etc. La realidad del caso es que nos olvidamos del verdadero significado y valor del sacramento que nos lleva a manifestar el amor total y real del Padre hacia cada uno de sus hijos.  En el momento del bautismo nos convertimos en hijos adoptivos del Señor y eso nos permite de cierta manera vivir a plenitud de la gracia del Padre en nuestras vidas. No podemos decir que si me bautizo de grande entonces ya soy salvo ni tampoco podemos decir que si bautizamos a nuestros infantes, entonces automáticamente ya son parte del Reino.   Es ridículo tratar de analizar el bautismo desde un punto de vista religioso y sobre todo del punto de vista netamente humano. En el primero nos llenamos de tanto rito, que en muchas ocasiones termina en un acto más que religioso, en un acto totalmente social.  En el segundo, llevamos a cabo el bautismo, de acuerdo a cómo comprendemos la Biblia y muchas veces la entendemos desde el punto de vista de lo que nos conviene, saliéndonos realmente del verdadero significado del sacramento que estamos celebrando. Pongamos por ejemplo a algunas iglesias que son dirigidas por personas que entienden la Palabra de Dios de una manera que ni se acerca a la verdadera realidad de Dios, ni siquiera desde un punto de vista teológico. Hay quienes que bautizan solamente a los adultos, mientras otros solamente bautizan a los mismos adultos en el nombre de Jesús solamente, olvidándose del mandato del mismo Señor Jesucristo: “Id y bautizadlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” Mt 28:19  Volviendo al primer punto, nosotros los católicos bautizamos a nuestros hijos, porque creemos con todo el corazón que al momento de su bautismo, nuestros hijos son perdonados del pecado original. Sobre ello somos criticados, pues nos dicen que un niño no tiene sentido de lo bueno o lo malo que por lo tanto no pueden ser perdonados de ningún pecado. Puede que ese pensamiento convenza al incrédulo que solamente busca pretextos para no bautizar.   Debemos por lo tanto recordar una cosa bien importante, que somos nosotros los padres y padrinos quienes vamos a educar a nuestros hijos en el proceso que los llevará a su conversión total; claro, sabemos que el bautismo es importante, pero más importante es la educación que ellos recibirán de sus padres y padrinos, quienes al bautizar a sus hijos, adquieren una gran responsabilidad, actuando y trabajando sobre una vida mejor, dando a demostrar que ellos viven a plenitud su propio bautismo.   ¿Del por qué se bautiza a nuestros niños? Es una pregunta lógica que no se debería de preguntar desde el punto de vista del niño, al contrario se debería de hacer a los padres que llevan a bautizar a sus hijos. En cierta ocasión, una pareja que no estaba casada por la Iglesia y ni siquiera por el civil, se acercó a la parroquia y preguntó cuando serían los próximos bautismos. En la rectoría le dijeron que se bautizaba cada fin de semana y que ellos deberían de tomar unas clases dos semanas antes del bautismo de su niño. ¿Por qué? Preguntaron los papas. Pues es necesario tomar las clases, para saber el significado del sacramento y además tienen que estar presentes los padrinos. La pareja se sintió ofendida y dijeron que en su pueblo, solo se acercaban al párroco y él los bautizaba sin tantos cuentos. Al final la pareja accedió a venir a las clases y por compromiso lo hicieron. Para eso prepararon todo lo que iba a ser la fiesta: piñata, birria, pollo, sopa de arroz, invitados y sobre todo cerveza, mucha cerveza pues no podía haber bautizo, sin celebración. Total que el día tan esperado llego. Tanto los padres como los padrinos asistieron al rito y como eran muchos los niños que serian bautizados en esa ocasión, la celebración duro varias horas. Los papas empezaron desesperarse y comenzaron a hablar mal del sacerdote que llevaba a cabo la ceremonia. Total al final salieron más rápido que un toro en pleno, en una justa taurina.   En el camino el niño se les durmió y al llegar a la casa, decidieron dejarlo en coche para no despertarlo y paso siguiente, se dieron a convivir con los invitados a la gran fiesta por el bautismo de su hijito.   Las horas pasaron, quebraron la piñata, comieron la birria, el arroz, el pollo y bebieron cerveza, mucha cerveza. Al final del día, alguien pregunto por el niño, y en ese momento recordaron que lo habían dejado en automóvil. Cuando llegaron, encontraron al niño muerto. Habían dejado las ventanas cerradas y entre cerveza y cerveza, se olvidaron de quien era el motivo de la celebración.  Desgraciadamente ese es el resultado del Sacramento de bautismo, que hemos convertido en “sacramento social”, olvidándonos que al bautizar a nuestros niños, les damos la bienvenida a ser parte integral de la Iglesia, como verdaderos hijos de Dios.   Recordemos que el dignificado más importante es el del perdón de nuestros pecados. San Juan Bautista predicaba como una voz en el desierto, haciendo un llamado a la conversión de nuestras almas, de nuestras actitudes y de nuestros pensamientos o maneras de comportarnos con respecto a los demás.  El bautismo es un sacramento que nos lleva a vivir una vida que es de agrado al Señor. No podemos decir tan siquiera: “Abbá papito”, si no comprendemos lo que el bautismo es para nuestras vidas. Es por ello que al bautizar a nuestros hijos, los entregamos al Señor como hijos suyos. Esto nos debe animar a cada uno de nosotros a ser mejores padres y mejores padrinos.   El llevarlos a bautizar no significa que la próxima ves que los llevemos, al templo, es cuando hay que cumplir con el segundo sacramento y luego con el tercero y luego si ellos quieren, con el cuarto  Al buscar padrinos, busquemos que sean realmente padrinos y no compadres. El padrino es que dedica su tiempo a sostener la vida espiritual de sus ahijados. El compadre solamente busca agradar a su compadre y en ciertos casos a su comadre, pues ésta “muy buenota” la comadre (espero me entiendan)  Recordemos que el bautismo es un sacramento primordial en nuestras vidas y debemos de llevarlo como el pináculo de nuestras vidas. Llevemos a nuestros hijos a bautizar, no por cumplimiento porque esa palabra esta formada de dos partes: una “cumplí” y la otra “miento” es decir que solamente cumplimos con el requisito y mentimos al decir que educaremos a nuestros bautizados en la responsabilidad de ser cristianos.  Mira el ejemplo de Jesús. Él se hizo bautizar no como cumplimento, sino como responsabilidad de Hijo de Dios. Eso lo llevo a vivir una vida de entrega al llevar el Evangelio que salva a la humanidad. Tanto así, que dio su vida por el compromiso que adquirió al ser bautizado.  Como bautizados tenemos la responsabilidad de llevar el Evangelio a la humanidad entera, recordando sus palabras que deben de resonar en lo más íntimo de nuestro corazón. “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia” Mt. 28-20  Ahora mi pregunta para ti es la siguiente: “¿Cuál ha sido tu compromiso como bautizado? ¿Estas viviendo verdaderamente a plenitud tu bautismo? ¿Estas realmente educando a tus hijos en los caminos del Señor? ¿Eres padrino honesto o eres compadre que en ves de llevar a tu ahijado al Señor, lo guías a la perdición, con tus ejemplos?  Se bautiza a los niños por fe de sus padres y responsabilidad de sus padrinos. Si lo haces por rutina o porque hay que hacerlo y no porque se tiene fe y plena confianza del Creador, mejor no lo hagas, pues en ves de hacer un bien haces un mal. El bautismo se vive toda la vida y tú como padre o padrino, tienes la responsabilidad con tu ejemplo, de que eso sea así con tus bautizados.  Es ridículo pensar que llevo a mi hijo a ser bautizado, y yo ni siquiera estoy casado. Qué ejemplo estamos dando.   Un día le pregunte a un amigo, del porque no bautizaba a su hijo. A lo que me respondió: “Porque no tengo dinero para la fiesta” Que respuesta más tonta. Y eso es lo que nos evita a la mayoría de nosotros el bautizar a nuestros hijos. Pensamos más en la fiesta que en el sacramento. Lo mismo nos dice cuando no están casados y ese ejemplo les damos a nuestros hijos.    René Alvarado  Pan de Vida, Inc.</itunes:summary>	</item>
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		<title>Enero 4 2010 &#8220;Los Reyes Magos&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Jan 2010 23:01:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Este es el primer programa del año 2010 y nos da la reflexión sobre los Reyes Magos]]></description>
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	<itunes:author>René Alvarado</itunes:author><itunes:subtitle>Este es el primer programa del año 2010 y nos da la reflexión sobre los Reyes Magos</itunes:subtitle><itunes:summary>enero 4</itunes:summary><itunes:duration>28:41</itunes:duration><itunes:explicit>No</itunes:explicit>	</item>
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		<title>Navidad</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Dec 2009 20:32:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Este episodio nos lleva a reflexionar sobre el verdadero significado de Navidad en nuestras vidas, cuando estamos alejados de nuestro hogar.]]></description>
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		<title>El Nacimiento</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Dec 2009 04:13:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Adviento]]></category>
		<category><![CDATA[Naividad.]]></category>
		<category><![CDATA[Navidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando uno tiene un recién nacido en sus manos, es para la mayoría de las personas, una causa de gran alegría. En esos momentos, no le vemos arruga alguna, o ni lo vemos feo o si es blanco o morenito, lo que nos importa es que ha nacido nuestro hijo, nuestro sobrino, nuestro hermano o [...]]]></description>
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	<itunes:author>René Alvarado</itunes:author><itunes:subtitle>Cuando uno tiene un recién nacido en sus manos, es para la mayoría de las personas, una causa de gran alegría. En esos momentos, no le vemos arruga alguna, o ni lo vemos feo o si es blanco o morenito, lo que nos importa es que ha nacido nuestro hi</itunes:subtitle><itunes:summary>Cuando uno tiene un recién nacido en sus manos, es para la mayoría de las personas, una causa de gran alegría. En esos momentos, no le vemos arruga alguna, o ni lo vemos feo o si es blanco o morenito, lo que nos importa es que ha nacido nuestro hijo, nuestro sobrino, nuestro hermano o nuestro nieto.



Que lindo es saber que un hijo nos ha nacido. Hasta se nos olvidan los intensos dolores por los que la madre atravesó, en el momento de dar a luz a esa criatura de Dios.

Como padre de familia que soy, he experimentado dos veces ese mismo sentimiento. Me tocó ver el nacimiento de mis dos hijos y los que lo han experimentado, saben la emoción que se siente en ese momento. Es que ver nacer a los hijos es algo maravilloso y puedo decir sin exageración que es algo fantástico.

Aunque luego de esa alegría del momento, uno como padre, empieza a experimentar otra etapa en su vida, la de levantarse a la media noche, porque el nene, tiene cólicos, o que tiene el pañal mojado o que tiene hambre o que simplemente llora, pues quiere el calor de sus padres.

Así es la vida, nacemos, crecemos, nos casamos por amor (algunos porque metieron la pata) y nos reproducimos. Cuando somos primerizos, no sabemos como educar a nuestros hijos (aunque ahora se da un manual para el bebé) y hasta nos frustramos cuando las cosas no caminan como es debido. Hay ocasiones en las que por más que luchemos, nuestros hijos crecen como árboles torcidos, que por más que tratamos, nunca se logran enderezar.

Muchas veces nosotros mismos como padres, hemos hecho que esos hijos se tuerzan, por nuestro comportamiento y cuando las cosas caminan mal, buscamos como hacer culpables a otros de las desgracias por las que ellos atraviesan.

Aun así ser padre es una responsabilidad muy grande y sobre todo difícil de hacer y eso que vivimos en una era en la que todo esta a nuestro alcance, para dar mejor educación a los hijos, con mejores oportunidades (aunque en nuestros países, estos parece incoherente), que nos llevan a ser mejores padres y mejores hijos.

Si con todas esas comodidades, no logramos hacer de nuestros hijos lo mejor que podemos, ya te imaginarás el tiempo tan duro que José y María pasaron. Ellos si que vivieron un verdadero martirio al llevar María consigo el Hijo de Dios. Desde el anuncio (Lc 1:26-38), durante su embarazo (Lc 2:1-7) y durante toda su vida, esperando el día en el que su Hijo Jesucristo daría su vida por cada uno de nosotros.

En este tiempo estamos preparando fiestas y algarabíllas por la Navidad y muchas veces no sabemos que es la Navidad. Solamente nos preocupamos de los adornos en nuestras casas, las luces en nuestros árboles y sobre todo lo que más nos preocupa es el de dar regalos y caemos en depresión por que sabemos que no tenemos dinero para dar a los demás. Es por ello que caemos en deudas que nos atrasan en nuestro diario vivir y esas deudas son la causa de que muchos matrimonios se separen y todo por el hecho de no comprender que la Navidad no es lo material, más es todo lo contrario, es espiritual.

Dios hecho carne, despojándose de su divinidad, para hacerse como hombre y dando su vida por cada uno de nosotros, por ¿dinero? ¡No! Por amor, por un verdadero amor. Eso es lo que celebramos esta Navidad, el nacimiento de aquel ser especial, que nos mostró el verdadero camino, verdad y vida y que en su misericordia, tuvo compasión de toda la humanidad y especialmente por ti que lees.

Su nacimiento es esperanza para nuestras vidas. A veces esperamos su nacimiento como una simple rutina, con posadas, con novenas, y fiestas paganas que no tienen nada que ver con el verdadero significado. Las fiestas se convierten en antros de alcohol, drogas y abusos sexuales, en jóvenes que se quitan la vida y mujeres que abortan y caen en depresión. ¿Y de Jesús? ¿Quién habla de Jesús?

Que en esta Navidad prendas la Luz en tu corazón y no en el árbol; que lo que esperamos no sea un regalo material, sino más bien, que esperes en el corazón la encarnación del Verbo hecho Hijo de hombre, para transformar tu vida y la vida de los que te rodean.

Ya no sigas chupando; no más drogas; no más prostitución; no más pensamientos de aborto o suicidio; ¡no más! Cristo esta por nacer y quiere hacerlo para transformar tu vida. No pierdas esta maravillosa oportunidad que Dios quiere darte en esta temporada y que el día de hoy sea para prepararte con ayuno y oración y no con el mejor regalo que te dejará pobre para todo el año entrante.

¡Feliz Navidad y prospero año nuevo! Te deseamos a ti y a tu familia, de parte de nuestro ministerio Pan de Vida, Inc.</itunes:summary>	</item>
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		<title>No se lo impidan</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Nov 2009 23:51:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>René Alvarado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Queridos hermanos de mi corazón, que la paz de Cristo Jesús nuestro Señor esté siempre con todos ustedes y sus seres queridos. Juan le dijo: &#8220;Maestro, hemos visto a uno que hacía uso de tu nombre para expulsar demonios, y hemos tratado de impedírselo porque no anda con nosotros&#8221; Jesús contestó: &#8220;No se lo prohíban, [...]]]></description>
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	<itunes:author>René Alvarado</itunes:author><itunes:subtitle>Queridos hermanos de mi corazón, que la paz de Cristo Jesús nuestro Señor esté siempre con todos ustedes y sus seres queridos.

Juan le dijo: &amp;quot;Maestro, hemos visto a u</itunes:subtitle><itunes:summary>Queridos hermanos de mi corazón, que la paz de Cristo Jesús nuestro Señor esté siempre con todos ustedes y sus seres queridos.

Juan le dijo: &amp;quot;Maestro, hemos visto a uno que hacía uso de tu nombre para expulsar demonios, y hemos tratado de impedírselo porque no anda con nosotros&amp;quot; Jesús contestó: &amp;quot;No se lo prohíban, ya que nadie puede hacer un milagro en mi nombre y luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está con nosotros. Y cualquiera que les dé de beber un vaso de agua porque son de Cristo, yo les aseguro que no quedará sin recompensa&amp;quot; &amp;quot;El que haga caer a uno de estos pequeños que creen en mí, sería mejor para él que le ataran al cuello una gran piedra de moler y lo echaran al mar. Si tu mano te está haciendo caer, córtatela; pues es mejor para ti entrar con una sola mano en la vida, que ir con las dos a la gehena, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te está haciendo caer, córtatelo; pues es mejor para ti entrar cojo en la vida que ser arrojado con los dos pies a la gehena (Géenna, barranco localizado en Ben-Hinon al sur de Jerusalén, el cual se conocía como lugar de mala muerte, en donde se quemaban hogueras para la adoración de ídolos y por lo tanto pasó a ser un lugar de comparación del infierno). Y si tu ojo prepara tu caída, sácatelo; pues es mejor para ti entrar con un solo ojo en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos al infierno, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga. Pues el mismo fuego los conservará&amp;quot;




Muchas veces hemos hablado sobre la manera en la que, algunos hermanos, dejan la Iglesia fundada por Cristo Jesús, en búsqueda de lo que ellos consideran la “verdad”. En ocasiones, nos encontramos con hermanos que han dejado nuestra fe cristiana católica, ya que en ella nunca fueron atendidos, por el sacerdote, el encargado del catecismo, el encargado del grupo, o porque cuando le hablaron al gato de la parroquia, este no le dijo “miau”, por lo que se sintió terriblemente mal y por ende decidió asistir a otra Iglesia, en la cual el gato lo saludaría mejor que el de los católicos.

En nuestras vidas como cristianos, hemos visto tantas contrariedades; y podríamos afirmar que es cierto, que por lo regular cuesta que nos atiendan y que en ciertos momentos nos hayamos sentido ofendidos y hasta humillados por los que se consideran nuestros guías espirituales, pero eso no indica la rebelión en contra de nuestra fe.

A veces (por no decir todo el tiempo), criticamos a los hermanos separados por sus actitudes, sus actividades y por la manera en la cual se dirigen a nosotros los católicos, pero debemos pensar que aun que ellos no sean de nuestro mismo pensamiento y ni siquiera sigan nuestros procesos de fe, eso no quita que por medio de ellos, algunos de nuestros familiares, vecinos o amistades, hayan sido transformados por sus predicaciones. 

Seamos honestos, ¿cuántos de los que leemos, conocemos a alguien que era drogadicto, borracho y estaba a punto de perderlo todo? Y estoy seguro que él o ella han de haber escuchado el mensaje católico, que tú le presentabas, pero más sin embargo ellos fueron transformados por medio de una oración de hermanos separados y sus vidas cambiaron rotundamente.

El problema no es que ellos prediquen o sanen enfermos o echen demonios. ¡No! El problema es enraizado en la profundidad de nuestra propia Iglesia católica que no hace verdaderamente lo que debe de hacer y no quiero equivocarme en esto, pero si es cierto que aquí en los Angeles, contamos con eventos y retiros todos los días del año, también es cierto que la Iglesia en general, no evangeliza de acuerdo al plan perfecto del Señor. Bueno y ¿cuál es el plan perfecto del Señor? Pues su amor que quiere salvarnos y si nosotros mismos no buscamos nuestra propia salvación en su amor eterno y profundo, menos podremos trasmitir ese amor de poder a los demás. 

Con el paso del tiempo los católicos nos hemos vuelto medios flojos y dormidos al no responder con rectitud, con compromiso y sobre todo, con enjundia al llamado de Dios a nuestros corazones, a evangelizar por todas las naciones del mundo, como su mandato lo pide. Y es entonces cuando nuestros hermanos separados aprovechan la oportunidad para atraerlos hacia ellos. Ahora que los métodos que usan no son muy ortodoxos que se diga, pues algunas veces aprovechándose del católico soñoliento, que no busca, sino que solamente espera, los engañan con falsas promesas, como prometiendo una sanidad, de acuerdo a cuanto den de ofrenda.

Quizá no hemos hecho lo suficiente como verdaderos cristianos y darle a Dios lo que realmente se merece el Señor. ¿De qué nos sirve tanto evento, si no amamos, si solamente queremos sentir bonito y no necesariamente comprometernos a su servicio? Es por ello que la Iglesia fundada por Cristo, está como está, porque los llamados católicos no buscan un compromiso abierto y total y esperan a que otros acarreen con el cargo del verdadero Evangelio. Solamente estamos en espera de milagros y no verdaderamente del amor de Dios en nuestras vidas.

Para evangelizar somos flojos, pero para criticar a aquellos que dedican su tiempo y energía a llevar el mensaje, para eso si somos buenos. Inclusive dentro de nosotros mismos, estamos llenos de envidias, faltas de amor, con rencores y odios, y con enojos nos atrevemos a decir a viva voz “¡Que viva María!” cuando ni siquiera respetamos lo que nuestra Madre hizo, al aceptar el compromiso, sí, ese compromiso que bien la hubiese podido llevar a la misma muerte a pedradas. Estamos en nuestras reuniones y estamos viendo como podemos hacer caer al hermano o la hermana; dentro de la parroquia queremos ver como nos deshacemos el sacerdote que no nos atiende, o buscamos ocupar un puesto que sobre salga, no porque amemos, sino más bien, por amor al orgullo, a la vanidad y sobre todo a la avaricia.

Lo mismo sucede con sacerdotes que no se dedican a hacer del Evangelio su norma de vida, destruyendo a cualquiera que no tenga sus mismos sentimientos y en ocasiones, llevando a esta gente hasta la misma muerte. Vemos, como sacerdotes que en lugar de llevar la vida del Señor, condenan a muerte e inclusive, son ellos mismos los que con arrogancia se asesinan unos a otros, por el hecho de que uno habla con la verdad y los ha descubierto en movidas chuecas. 

Si, hermanos de mi corazón. Esa es una de las muchas razones por la cuales hoy en día las iglesias protestantes y las sectas, se multiplican diariamente por los cientos y miles. Todas con ideologías humanas y muchas de ellas con intereses escondidos, buscando el enriquecimiento de sus afamados pastores, quienes no buscan más que el provecho que sacan de la gente que siendo un día católica, rechazó el verdadero Evangelio por su ineptitud de profundizar en el amor de Dios.

Y más sin embargo, en esas iglesias muchos son los que dejan a un lado sus vicios, dejando atrás sus enfermedades, sus depresiones, sus problemas conyugales, etc. En esos lugares, han encontrado, lo que nosotros como verdadera Iglesia no les hemos brindado. No mostramos que amamos a Cristo, porque no amamos al prójimo. No somos buenos pastores del verdadero rebaño, porque no tenemos el corazón de Jesús; somos solamente piedra en el zapato, que no hace y no deja hacer.

Ahora es el tiempo que tenemos para recuperar lo que hemos perdido. No nos dejemos llevar por las condiciones oscuras, más bien prendamos la luz de Jesús que tenemos apagadas en nuestro corazón, para dar luz a todo aquel que se encuentra perdido. No seamos de aquellas personas que dejan que la bombilla de su cuarto se queme y en vez de cambiarla, esperan a que alguien más lo haga por ellos; No seamos de los que al nomás ver la suciedad de la Iglesia, se separan en búsqueda de algo que no les haga sentir tan sucios como lo que están. Más bien, busquemos nosotros mismos, cómo lavar nuestra propia ropa, para que, iluminados por la oración y el discernimiento, podamos lavar la de los demás.

Nadie es perfecto, ningún pastor protestante lo es, ningún sacerdote lo es, nadie lo es, y si nadie lo es, entonces mejor busquemos nuestra perfección en el amor del Señor. Como nos dice Jeremías 17: 5 “Maldito el hombre que confía en el hombre; maldito el hombre que no confía en Dios”</itunes:summary>	</item>
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