Curso se cristología

Introducción

Primero que nada, debemos entender que la “Cristología” encierra una abundancia de temas teológicos que estudian desde su anunciación, hasta su muerte y, desde su resurrección hasta nuestros días. Aquí nos centraremos en la raíz teológica de su encarnación. También debemos de entender que la cristología no es una formulación de propuestas reveladas, sino que, es la respuesta cristiana a lo que Jesús es para nuestras vidas. Esto por supuesto, centrado en el aspecto de nuestra propia madurez espiritual.

Por otro lado, hay que entender que Cristología (del gr. khristós, ungido, y logos, estudio), es el estudio de Cristo en su todo, es decir en su ser divino y en su ser humano y esto, en relación a nuestra vida tanto humana como espiritual. Por lo mismo, nuestro estudio se enfoca en la búsqueda de Dios encarnado en el mundo para la salvación de la humanidad. Todos los creyentes, profesamos una sola fe en Cristo. Esta fe, la vivimos y la vamos madurando en medio de nuestras propias tribulaciones a través de los desiertos y obscuridades que vivimos al profesar nuestra convicción en Jesús. Lo hermoso del estudio de la Cristología, es descubrir en ella, la abundancia del amor que Cristo mismo derramó en la Cruz del Calvario por todos los hombres, para la salvación de los pecados. Por ello, es importante su estudio, para entender ese proceso de salvación al cual estamos llamados.

Al estudiar a Cristo, debemos de hacer énfasis en el hecho de la vida misma del Señor, tomando en cuenta su relación mutua con el Padre, pero, también con la humanidad; porque si separamos ambas, entonces estaríamos quebrantando la totalidad de su ser divino y humano.

En Cristología se estudia esa unidad, esa íntima relación existente de la Santísima Trinidad. En ella vemos la experiencia de Dios en relación con el hombre y como Dios mismo se establece entre nosotros desde siempre y para siempre. Por lo tanto debemos de comprender que la Cristología en sí misma es de suma importancia para todo creyente ya que, comprendiendo el plan perfecto de Dios para nuestra salvación, es como vamos a entender que Dios quiere que retornemos a él, es decir a Shalom (Paraíso).

Este plan de acción salvífica, se ha dado a la humanidad, desde el mismo instante en el que el hombre se separó del amor de Dios en el Paraíso. Dios siempre ha querido nuestra salvación y es por ello que, en un proceso metódico, él nos ha trasmitido ese deseo incansable a través de alianzas o pactos que pretenden que el corazón del hombre acepte retornar nuevamente a Shalom. Pero el hombre que no cree en su corazón y que deja que su fe este basada en hechos palpables y no experiencias vividas, trata por siempre de dar un significado puramente lógico a lo que es en esencia espiritual. De hecho, si hablamos de experiencias vividas, nos daremos cuenta que la humanidad ha vivido esas mismas experiencias de muchas maneras. Si nos basamos en los relatos bíblicos del AT, nos daremos cuenta cómo es que el pueblo elegido por Dios (Israel), vivió una y otra vez la gloria de Dios y por otro lado, una y otra vez, vivió la separación de esa misma gloria. Como ejemplo podemos citar la salida de Egipto (Ex 3 19-20) y el camino sobre el desierto (Ex 16: 1-3). Ese pueblo representa lo que nosotros mismos vivimos en nuestra propia experiencia. Cuando estamos bien, alabamos a Dios, pero cuando las cosas van mal: “¿En dónde estás Dios?”.

Es por ello que al leer en el NT, en la carta a los Hebreos: “Muchas veces y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas. En estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien instituyó heredero de todo, por quien también hizo el universo.” Heb 1: 1-2. El autor de esta carta nos sugiere que ese proceso de salvación ha seguido al hombre desde siempre, pero que en nuestra ignorancia, nuestra arrogancia y nuestro deseo de querer ser más que él, eso, nos aparta de ese plan, pero que en medio de todo, él nunca se olvida de nosotros y por consiguiente, Dios mismo, “se redujo a nada, tomando la condición de servidor, y se hizo semejante a los hombres. Y encontrándose en la condición humana, se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte en una cruz…” Fil 2: 7-8

Cristología de Pablo:

Pablo describe la Cristología como un todo de Dios en Jesús, reconocido y aceptado por medio de la fe. En otras palabras, para conocer de Dios, tenemos que creer que él mismo se encarnó en la humanidad, llevando el proceso desde su incepción (Gál 4: 4), hasta su muerte y resurrección (Rom 8: 11). Para Pablo, Jesús fue totalmente hombre, no solamente en apariencia, sino que, como nosotros, nace, crece y muere y, su muerte propiamente dicho, con propósito.

Aunque el Apóstol hace referencia a la humanidad de Cristo, La Enciclopedia Católica en línea, nos dice que Pablo hace dos diferencias importantes entre Jesús y el hombre: “Primero, en su ausencia total de pecado (2 Cor 5: 21; Gal 2: 17). Segundo, en el hecho de que Nuestro Señor es el segundo Adán, que representa a todo el género humano (Rom 5: 12-21; I Cor 15: 45-49).” Esto mismo nos lo confirma el Vaticano Segundo en la Constitución Gaudium Et Spes 22, 2 y, del cual nos habla el Papa Juan Pablo II en su catequesis: “Jesús verdadero Dios, verdadero hombre”. Esta catequesis la estudiaremos más adelante.

Por otra parte, podemos ver como Pablo compara a Jesús como imagen de Dios mismo (Fil 2: 6; Col 1: 15). Para el Apóstol, Jesús no era simplemente una imagen en apariencia, sin sentido como lo afirmaba Marción, un docetista del primer siglo, al contrario, Jesús era el primogénito de toda criatura, por quien y para quien fueron hechas todas las cosas (Col 1: 16). En otras palabras Pablo afirmaba que Jesús estaba sobre todo y sobre todos, declarando que: “Dios es bendito, por los siglos de los siglos” (Rom 9: 5).

El docetismo:

El primer error de la naturaleza y la persona de Cristo generalmente se conocen como “docetismo”. Este nombre proviene de una palabra griega (dokeô) que significa “parecer“. El docetismo asumió diversas formas, entre ellas lo que se conoce como “gnosticismo”, pero su idea básica era que Cristo sólo parecía tener un cuerpo, que era un fantasma y no un hombre en lo más mínimo. El Verbo se hizo carne sólo en apariencia. Esta herejía surgió en tiempos apostólicos promovido particularmente entre otros, por Marción considerado por la Iglesia como un hereje del primer siglo y persistió hasta muy cerca del fin del siglo II.

Esto era lo que atacaba Pablo en los primeros años de la Iglesia y lo que siguió atacando el Magisterio hasta el siglo II, en el que se reafirmó la naturaleza divina y humana de Jesús.

Unión Hipostática:

Para entender esta unión, tenemos que entender primero que significa “hipostasia” (préstamo del griego hypóstasis, sustancia, y este derivado de hyphistánai, soportar o subsistir): Perteneciente o relativo a la hipóstasis. Ésta hipóstasis es la unión de las tres personas de la Santísima Trinidad, como una sustancia singular. Entendiendo esto, entonces podemos decir que la hipostática es la unión de la naturaleza Divina (Cristo), con la naturaleza humana (Jesús). En Jesucristo, se realiza esa unión Trinitaria, encarnada en la humanidad. Ya desde el Sínodo Romano en el 430 y el Concilio de Éfeso en el 431, esta doctrina se establecía para reafirmar el dogma sobre la hipóstasis de Jesús.

En el Nuevo Catecismo (NC) # 432, encontramos al respecto de esa unión entre lo divino y lo humano: “El nombre de Jesús significa que el Nombre mismo de Dios está presente en la Persona de su Hijo (Hc 5: 41; 3 Jn 1: 7) hecho hombre para la Redención universal y definitiva de los pecados. Él es el Nombre divino, el único que trae la salvación (Jn 3: 18; Hc 2: 21) y de ahora en adelante puede ser invocado por todos porque se ha unido a todos los hombres por la Encarnación (Rom 10: 6-13) de tal forma que “no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos” (Hc 4: 12; Hc 9: 14; St 2: 7).”

Un punto muy interesante es el hecho que Jesús, -que es la Encarnación del Padre-, se da a nosotros como la promesa de salvación; es decir que en Cristo, Dios mismo nos da la oportunidad de retornar a Shalom, a esa paz que no da el hombre con su ciencia lógica y tecnología (Jn 14: 27; Fil 4: 7)). Su encarnación en la humanidad se realiza en una forma espiritual ya que, el Espíritu Santo se une a María que es el Tabernáculo Santo (Lc 1: 35), -que es la parte humana- y en esa unión, Dios mismo, pasa de ser un Ser lejano a quién nadie puede ver (Ex 33: 20), a un Ser nacido en medio de la miseria y el desorden de la humanidad. En esencia Jesús es esa viva imagen de Dios (Col 1: 15), que quiere que nadie muera, sino que todos los que crean en él (Jesús), vivan para la vida eterna (Jn 3:16).

Debemos notar también, -como dijimos anteriormente-, que la Encarnación de Cristo se da en la unión de las tres Personas de la Trinidad. Es por ello que Jesús afirmaba antes de su partida, que no nos dejaría solos, que él enviaría desde el Padre al Paráclito (del griego, “parakletos” que significa: consolador o abogado), quien nos llevaría a la Verdad (amor) total de su existencia. (Jn 15: 26; Jn 14: 26; Lc 24: 19).

Hoy día seguimos experimentando esa hipostasia al hacernos parte de la Eucaristía: “Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.” Ordinario de la Misa. En ello también Cristo Consagrado se une a nosotros para darnos fuerza y ánimo para continuar nuestro caminar hacia la vida eterna.

Además podemos ver lo mismo en cada uno de sus sacramentos. Como nos dice el NC en el número 1118: “Los sacramentos son de la Iglesia en el doble sentido de que existen por ella y para ella. Existen por la Iglesia porque ella es el sacramento de la acción de Cristo que actúa en ella gracias a la misión del Espíritu Santo. Y existen “para la Iglesia”, porque ellos son “sacramentos que constituyen la Iglesia” (S. Agustín, civ. 22,17; S. Tomás de Aquino, s.th. 3, 64,2 ad 3), manifiestan y comunican a los hombres, sobre todo en la Eucaristía, el misterio de la Comunión del Dios Amor, uno en tres Personas.”

En el número 1116 nos dice: “Los sacramentos, como “fuerzas que brotan” del Cuerpo de Cristo (Lc 5: 17; 6: 19; 8: 46) siempre vivo y vivificante, y como acciones del Espíritu Santo que actúa en su Cuerpo que es la Iglesia, son “las obras maestras de Dios” en la nueva y eterna Alianza.”

Los sacramentos son por ende parte importante de la Cristología como acompañante para nuestra salvación. Recordemos que Dios se encarna en la humanidad, con el único propósito de que por medio de Cristo lleguemos a la vida eterna.

La Cristología se vive como una experiencia de fe, enfrascada en el amor, lo que nos conduce a la esperanza de un mejor mañana (Ap 21: 4; 7: 17). Por lo tanto, no estudiemos la Encarnación meramente como una ciencia con lógica humana, más bien veamos la misma desde el punto de vista de nuestras propias experiencias humanas, en lo bueno y lo malo que nos sucede, en el caminar que nos conduce de retorno a Shalom.

Reflexión final:

Para terminar está introducción, debemos de entender que la Cristología es la presencia del mismo Dios que se encarna en la humanidad, con el solo propósito de llevarnos a su salvación. Ésta (salvación), se da en medio de la Iglesia que vive experiencias de fe.

Dios siempre ha querido salvar al hombre, pero el hombre persistentemente ha tomado la decisión –por el libre albedrío-, de separarse de su amor. Por eso es importante que nuestros corazones se abran día tras día, para atender su llamado; así como en el Paraíso, Dios llamó a Adán (Gén 3: 8-10) y, éste aunque se descubre desnudo por el pecado, responde, porque sabe que es la voz de Dios.

En las siguientes clases nos estaremos enfocando en cada uno de estos puntos mencionados en esta introducción.

Los temas a tocar:


1. La Encarnación

1. 2. La humanidad de Jesús

3. Jesús en medio de su Iglesia

a) La anunciación

b) Su nacimiento

c) Su presentación

a) Su bautismo

b) Su desierto

c) Su ministerio

d) Su Pasión y muerte

e) Su resurrección

a) Su ascensión

b) El Espíritu Santo

c) La Iglesia misionera

Nos basaremos primordialmente en el documento del Papa Juan Pablo II titulado: “Jesucristo verdadero hombre, verdadero Dios.” También utilizaremos los documentos del Vaticano II, el Nuevo Catecismo y la Biblia.

Tarea: ¿Cómo puedo dejar a Dios que se encarne en mi corazón?

Leer el Nuevo Catecismo # 456-460 y escribir una breve reflexión sobre lo leído.

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